viernes, 31 de octubre de 2008

EL LARGO CAMINO DEL HEROE .ARQUETIPO

El largo camino del Héroe

I. Joseph Campbell, fue orador, historiador de las religiones, filósofo, famoso sobre todo por sus estudios de las religiones y de mitología comparada (Nueva York, 24.3.1904 - Hawaii, 31.10.1987).

Campbell descubrió, haciendo un detallado estudio histórico de varias mitologías y religiones en el mundo, que existen temas comunes en todas. Sus intuiciones fueron en gran parte inspiradas por el famoso psiquiatra C.G. Jung, quien creía que existen arquetipos en el subconsciente colectivo.

Los arquetipos constituyen una especie de memoria biológica común a todos los seres humanos. Los estudios de Campbell resaltaron la importancia de la figura del héroe en todas las culturas humanas de todos los tiempos. También se hizo la hipótesis que el héroe pasa a través de ciclos, el camino del héroe, muy similares en todas lascaballero.jpg culturas (separación – retiro, entendimiento, vuelta a la sociedad y transformación de ésta). Estos ciclos fueron asimismo asimilados a aquellos de los chamanes y de los esquizofrénicos.
La línea general de sus obras más conocidas (El héroe de las mil caras, Las máscaras de Dios) consiste en señalar las significativas coincidencias observadas entre el simbolismo de los sueños y ciertos elementos característicos de los mitos. El autor efectúa una exposición ordenada de dichos elementos, que ilustra mediante profusas referencias a las mitologías de los grupos culturales más diversos. La partida, la iniciación, la apoteosis y el regreso son componentes esenciales de la aventura del héroe y se identifican una y otra vez en leyendas, tradiciones y rituales de todos los pueblos del mundo: en los mitos polinesios o griegos, en las leyendas africanas, en las tradiciones de los aborígenes norteamericanos, en los cuentos de hadas y aun en ciertos símbolos de las grandes religiones actuales.
Campbell indica la posibilidad de que estos sistemas simbólicos representen creaciones naturales de la mente humana -de ahí su difusión- y señala que la situación perturbada de la sociedad occidental en los últimos tiempos bien pudiera deberse al descrédito progresivo en que han caído las mitologías y a la racionalización sufrida por ellas, con lo cual las imágenes simbólicas se refugian en su lugar de origen –el inconsciente– y el individuo aislado ha de enfrentarse a los dilemas que en un tiempo resolvían satisfactoriamente los sistemas mitológicos colectivos.

La obra de Campbell inspira muchos de los grandes mitos del mundo contemporáneo, de manera especial aquellos creados por el cine: muchas películas de la Disney (El Rey León), La Guerra de las Galaxias (Star Wars) tienen relación directa con Campbell; en otras obras, también antecedentes, se reflejan sus descubrimientos: El señor de los anillos, Braveheart, Superman, Batman, Matrix.

Los doce estadios del viaje del héroe

1. Mundo ordinario - El mundo normal del héroe antes de que la historia comience.
2. 1. El llamado de la aventura - Al héroe se le presenta un problema, desafío o aventura.
3. 2. Reticencia del héroe o rechazo del llamado - El héroe rechaza el desafío o aventura, generalmente porque tiene miedo.
4. 3. Encuentro con el mentor o ayuda sobrenatural - El héroe encuentra un mentor que lo hace aceptar el llamado y lo informa y entrena para su aventura.
5. 4. Cruce del primer umbral - El héroe abandona el mundo ordinario para entrar en el mundo especial o mágico.
6. 5. Pruebas, aliados y enemigos o La panza de la ballena - El héroe enfrenta pruebas, encuentra aliados y confronta enemigos, de forma que aprende las reglas del mundo especial.
7. 6. Acercamiento - El héroe tiene éxitos durante las pruebas
8. 7. Prueba difícil o traumática - La crisis más grande de la aventura, de vida o muerte.
9. 8. Recompensa - El héroe ha enfrentado a la muerte, se sobrepone a su miedo y ahora gana una recompensa.
10. 9. El camino de vuelta - El héroe debe volver al mundo ordinario.
11. 10. Resurrección del héroe - Otra prueba donde el héroe enfrenta la muerte, y debe usar todo lo aprendido.
12. 11. Regreso con el elíxir - El héroe regresa a casa con el “elíxir“, y lo usa para ayudar a todos en el mundo ordinario.

II. Las funciones de Propp

Vladimir Jakovlevich Propp (en ruso: Владимир Яковлевич Пропп - San Petersburgo; 29 de abril de 1895 - Leningrado; 22 de agosto de 1970) fue un erudito ruso dedicado al análisis de los componentes básicos de los cuentos populares rusos para identificar sus elementos narrativos irreducibles más simples.

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Su Morfología del cuento (Morfologia skasky) fue publicada en ruso en 1928; aunque influyó a Claude Lévi-Strauss y Roland Barthes, fue prácticamente ignorada en el occidente hasta que fue traducida al inglés en los años 50.

Analizó los cuentos populares hasta que encontró una serie de puntos recurrentes que creaban una estructura constante en todas estas narraciones. Es lo que se conoce como “las funciones de Propp”.

Son una serie de 31 puntos recurrentes en todos los cuentos de hadas populares. Aunque no todos ellos aparecen en todos los cuentos, su función básica a menudo permanece y el orden es prácticamente siempre el mismo.
A saber:

* 01) Alejamiento. Uno de los miembros de la familia se aleja.
* 02) Prohibición. Recae una prohibición sobre el héroe.
* 03) Trasgresión. La prohibición es transgredida.
* 04) Conocimiento. El antagonista entra en contacto con el héroe.
* 05) Información. El antagonista recibe información sobre la víctima.
* 06) Engaño. El antagonista engaña al héroe para apoderarse de él o de sus bienes.
* 07) Complicidad. La víctima es engañada y ayuda así a su agresor a su pesar.
* 08) Fechoría. El antagonista causa algún perjuicio a uno de los miembros de la familia.
* 09) Mediación. La fechoría es hecha pública, se le formula al héroe una petición u orden, se le permite o se le obliga a marchar.
* 10) Aceptación. El héroe decide partir.
* 11) Partida. El héroe se marcha.
* 12) Prueba. El donante somete al héroe a una prueba que le prepara para la recepción de una ayuda mágica.
* 13) Reacción del héroe. El héroe supera o falla la prueba.
* 14) Regalo. El héroe recibe un objeto mágico.
* 15) Viaje. El héroe es conducido a otro reino, donde se halla el objeto de su búsqueda.
* 16) Lucha. El héroe y su antagonista se enfrentan en combate directo.
* 17) Marca. El héroe queda marcado.
* 18) Victoria. El héroe derrota al antagonista.
* 19) Enmienda. La fechoría inicial es reparada.
* 20) Regreso. El héroe vuelve a casa.
* 21) Persecución. El héroe es perseguido.
* 22) Socorro. El héroe es auxiliado.
* 23) Regreso de incógnito. El héroe regresa, a su casa o a otro reino, sin ser reconocido.
* 24) Fingimiento. Un falso héroe reivindica los logros que no le corresponden.
* 25) Tarea difícil. Se propone al héroe una difícil misión.
* 26) Cumplimiento. El héroe lleva a cabo la difícil misión.
* 27) Reconocimiento. El héroe es reconocido
* 28) Desenmascaramiento. El falso queda en evidencia.
* 29) Transfiguración. El héroe recibe una nueva apariencia.
* 30) Castigo. El antagonista es castigado.
* 31) Boda. El héroe se casa y asciende al trono.

LA DOBLE VIDA DE MARTIN HEIDEGGER


La doble vida de Martin Heidegger
Hoy se cumplen 30 años de la muerte del controvertido filósofo alemán. Su búsqueda de un nuevo sistema de valores le llevó al nazismo, lo que no le impidió caer en el adulterio con una discípula judía
JUAN FRANCISCO FERRÉ/

POLÉMICO. Las teorías de Heidegger han estado en el ojo del huracán durante estas tres décadas. / SUR

Treinta años del affaire Heidegger


A Heidegger le gustaba contar una anécdota de la vida de Heráclito que consideraba esencial para comprender el destino de la filosofía en este mundo. Quizá sea esclarecedor trasladar esa anécdota a la controvertida figura del así llamado 'filósofo del ser'. Pongámonos en la posición de los visitantes extranjeros que deciden un día visitar a Heidegger en su famosa cabaña de la Selva Negra y que al llegar a las inmediaciones de la misma lo sorprenden calentándose junto a un horno en zapatillas y gorro de dormir. Dados los antecedentes, no sería impensable que uno de los extranjeros bromeara sobre el horno y, aludiendo al más siniestro episodio de la historia del siglo XX, se atreviera a insinuar que, habiendo sido Heidegger cómplice de Hitler, ese horno era un horno crematorio.

Mientras otro de los visitantes, escandalizado por el humor negro de su colega, simplemente manifestaría que para él la actitud de Heidegger, buscando en el horno algo del calor que parecía faltarle a su vida, revelaba la soledad y el aislamiento que habría podido experimentar en los años de la posguerra. Un tercero hablaría todavía del significado de las llamas en la meditación sobre el ser.

Al acercarse después al filósofo aterido, los visitantes le oirían decir: «Pasen adentro. También aquí habitan los dioses», dándoles a entender que, a pesar de lo que pudieran pensar, la vida cotidiana no es un obstáculo al pensamiento, sino un estímulo.Sin embargo, los visitantes deberían leer también ese enunciado como sutil apología de sí mismo: «Si me juzgan desde fuera, podrían pensar que soy otro del que soy, pero si me entienden bien, cosa que nadie ha hecho hasta ahora, sabrán exactamente lo que quise decir en cada momento».

El filósofo charlatán

El problema es que Heidegger, según su amante y discípula Hannah Arendt, era un mentiroso contumaz. ¿Por qué creer entonces en sus palabras más que en sus obras? El 'caso Heidegger', en este sentido, podría representar, más que un error de afiliación política, un grave problema de desdoblamientos y multiplicaciones de personalidad, enmascaramientos y disfraces varios.

Es difícil decidir, por tanto, qué parte de la palabrería fáustica de Heidegger es menos capciosa: si su insistencia exasperante en la pregunta del ser («¿por qué el ser y no más bien la nada?»), la vindicación de la autenticidad y el rechazo asqueado del mundo («in-mundo») contemporáneo, la necesidad de las raíces, el habitar la tierra y la aceptación del ser-para-la-muerte; o su mitificación y mixtificación del lenguaje, la concepción monógama y casi monomaníaca de la filosofía y el pensar, por no hablar de sus senderos del bosque que se extraviaban en círculos excéntricos y nunca llegaban al "claro" del ser, o su más que cuestionable aproximación al arte y la literatura.

La teología del ser

El designio fundamental de la empresa heideggeriana consistió, en primer lugar, en poner la filosofía pura por encima de la ciencia moderna y de sus acólitos la filosofía de la ciencia y el positivismo, y después, una vez reconocida la primacía histórica de la técnica y, sobre todo, una vez probada en la realidad de la praxis política el carácter temporalmente inviable de sus tesis, colocar por encima de todo lo existente una nueva religión («una meta-teología», según George Steiner).

Se ha señalado a menudo que el discurso religioso constituía una impronta esencial de su vida y su pensamiento: nació católico y quiso ordenarse sacerdote, se aproximó luego al culto protestante, y murió como católico. Desde 'Ser y tiempo' (1927) su filosofía se puede concebir como la reformulación en un lenguaje filosófico de las verdades que la teología cristiana fue incapaz de procurarle. Según Herman Philipse, la condición inconclusa de esta obra podría estar ligada al hecho de que Heidegger esperaba que su escritura le devolviera, por gracia divina, la creencia en las certezas de la fe.

Pero no fue así y, a partir de ese momento, se dedicó a «deconstruir» lingüísticamente sus propios fundamentos y replantearse en términos místicos la cuestión del ser. Sin embargo, no es convincente su hipótesis de que Heidegger odiara el cristianismo hasta el punto de que su compromiso con los nazis y su pretensión de ofrecer una alternativa filosófica a la espiritualidad humana surgieran de un impulso luciferino o rebelde similar al de Lutero.

Es evidente que Heidegger no consiguió nunca apartarse del contacto con lo religioso. De hecho, su pensamiento entroncaría fácilmente con cualquier forma de fundamentalismo, esto es, de sacralización de los «fundamentos» de un pueblo, una tierra, una cultura, una raza o una creencia.

Heil Heidegger

En el ideario nacional-socialista Heidegger reconocería una solución práctica a la ecuación política de la modernidad: cómo gestionar el poder y la técnica en una sociedad de masas dominada por un creciente nihilismo. Descartadas las opciones democrática y comunista, el nazismo resolvía para Heidegger dicha problemática sin traicionar sus convicciones pequeño-burguesas, combinando un control absoluto de la técnica con la resurrección de la mitología y los valores supremos de la tierra y la raza germánicas como fundamento genuino de la cultura occidental. En esto mismo residía, como declara en su 'Introducción a la Metafísica' (1935), la «verdad interna y la grandeza de este movimiento».

Para desesperación de sus seguidores, Víctor Farías probó definitivamente que el cuerpo filosófico de Heidegger se revestía, de la cabeza a los pies, con el uniforme nazi. En la posguerra se vanagloriaba proclamando, con evidente cinismo, «quien piensa a lo grande, se equivoca a lo grande». Su error, por tanto, no fue sólo político o moral: Heidegger sucumbe también como filósofo ante el poder y la fascinación de la «bestia rubia» y la barbarie ideológica hitleriana (con el ridículo añadido de que los nazis nunca le hicieron mucho caso). Indudablemente, su error reveló el alcance verdadero de su pensamiento y su deseo de radicar la filosofía en la radicalidad (en cierto modo inhumana) de los procesos históricos.

Por otro lado, si se analiza correctamente se verá que el pensamiento de Heidegger es acaso el último en poseer una ambición total derivada de la conciencia de la consumación de la metafísica y el fin de la filosofía con el triunfo de la técnica como manifestación mundial de la voluntad de poder. Era lógico, en este sentido, que la voluntad de poder que sustentaba ese pensamiento acabara en una aplicación totalitaria del mismo.

El ser y los malos tiempos

Nuestra época era para Heidegger, además de un paradigma decadente, una de las más oscuras y peligrosas de la historia. La convergencia inevitable de las democracias occidentales hacia las formas totalitarias y tecnocráticas, como explica Giorgio Agamben, su más importante discípulo actual, sería la confirmación negativa de la tesis heideggeriana de que los estados autoritarios están en correspondencia más efectiva con la voluntad de poder emanada de la técnica planetaria que los democráticos.

En todo caso, el pensamiento de Heidegger, como diagnosticaron los neo-filósofos Luc Ferry y Alain Renaut, representa la mayor amenaza intelectual contra el pensamiento democrático y la democracia como sistema de gestión del poder político y la tecnología en la era de la mundialización de la voluntad de poder del capitalismo. Conocer a Heidegger es, por tanto, conocer las debilidades y tentaciones de nuestras sociedades y también a nuestro enemigo interior: un adversario tenaz al que, como en la historia de la filosofía concebida por él como una sucesión de máscaras enmascaradas, conviene desenmascarar para convertirlo en nuestro aliado eficiente.

Hannah y Martin

Derrida confesaba hace unos años que en caso de ser posible habría querido interrogar a Hegel o a Heidegger sobre su vida sexual, obligándoles al mismo tiempo a admitir que no se podía separar su pensamiento filosófico de sus vidas privadas. Sin embargo, Derrida reconocía que el género de dicha interrogación debería tener más dignidad que un porno vulgar.

En el caso de Heidegger se equivocaba: sólo una mirada pornográfica sabría 'desocultar' en condiciones el romance adúltero de la judía Hannah Arendt y el filósofo filonazi Martin Heidegger. Si nos interrogáramos sobre la conducta de ambos en la cama (posiciones, actitudes, hábitos, preferencias, fetichismos, manías, etc.) veríamos tambalearse segundo a segundo, y luego desplomarse, no sólo las verdades primordiales de la ontología fundamentalista de Heidegger, sino los principios humanistas y democráticos con los que Arendt (la musa paradójica de 'Ser y tiempo') erigió su discurso ético y político.

Lo siento por Derrida, pero yo también, como sugiere Steven Shaviro, preferiría ser espectador de los episodios de ese «porno vulgar» escenificado por Hannah y Martin en la «casa del ser» (el improvisado guión la localiza unas veces en la buhardilla de ella en Marburg, otras en la cabaña emboscada de él en Todtnauberg y otras aún en hoteles anónimos), antes que leer ningún otro egregio tratado de cualquiera de los dos. Quizá sea mi retorcido modo de declarar que prefiero la novela, cualquier novela, a la filosofía, cualquier filosofía, cuando se trata de hablar de la condición humana y la vida, cualquier vida. Incluida la del filósofo Martin Heidegger.

LAS MANOS DE HITLER


Heidegger conversaba con su amigo Karl Jaspers , sobre la personalidad y el magnetismo que irradiaba de la personalidad de Hitler y la atracción animal que hacía vibrar a los millones de personas que componían la nación más poderosa del mundo , que estaba en los indices más altos económicos intelectuales y cientificos en el mundo civilizado. ( La verdad interna y la grandeza del movimiento nazi , Heidegger ) .

Jaspers le comentó a Heidegger , que Hitler comunicaba bien pero que estaba flojo en el saber filosófico y quizás en otras materias . " La educación en su conjunto carece de importancia " le respondió Heidegger " simplemente mira sus maravillosas manos " .Jaspers que estaba ganado para la causa nazi no tuvo elección , ya que su esposa era judia.

En 1936 el ministro de cultura alemán Josef Goebbels , pide a su amigo Heidegger que prepare una serie de conferencias sobre la obra de Nietzsche y preparar una nueva edicción de todas las obras del filósofo , edicciones que en la actualidad están a precio de oro.

Para Heidegger que era continuador de la obra de Nietzsche , va mucho más lejos en su obra " Ser y tiempo " y el culto al héroe que tanta influencia tuvo en los centenares de miles de jovenes intelectuales alemanes que siguieron a Hitler hasta la muerte por sus enseñanzas , recordemos a Ernest Junger , uno de los mejores escritores del siglo XX cuya vida es como una novela.Heidegger cierra el circulo por el fervor casi religioso que motiva a los existencialistas de posguerra con Sartre estudiando como chico aplicado a los pies del gurú , alternandose con su mirada de reptil y ceremoniosa admiracion con Marcuse tótem de la izquierda americana y de los Verdes alemanes . Para los existencialistas el héroe es aquel ser humano que como acto más auténtico que podía realizar , era levantarse la tapa de los sesos.

Para Martín Heidegger su héroe era Adolf Hitler y la admiracion hacia Nietzsche la compartía con el el genial músico Richard Strauss ( una vida de héroe y Así habló Zaratrustra ) , Strauss en la XI Olimpiada de Berlín , en donde el dirigible Hindenburg portaba la bandera Olímpica sobre el estadio , dirigió un coro de 3000 cantores interpretando el himno nacional " Deutschland , Deutschland über alles " y el himno del partido nazi " Horst-Wessel-lied " y también hacian los honores Herbert von Karajan y Wilhelm Furwängler.

El novelista Thomás Man a pesar de que le boicotearon algunos de sus actos dudaba en su intimidad sobre lo positivo del movimiento nazi , en su diario confesaba ¿ " Y no podría estar produciendose en Alemania algo profundamente significativo y revolucionario " ? . Lo de los judios no es ninguna calamidad después de todo se ha puesto fin al dominio judio y su " sistema legal " . Diario de Man 150-9 de Abril de 1933 .

HEIDEGGER Y HITLER ,FILOSOFIA Y NACIONALSOCIALISMO


Heidegger & Hitler, filosofía y nacionalsocialismo

Nicolás González Varela
Rebelión




Heidegger apoyando a Hitler. Leipzig, noviembre, 1933 (Illustrierte Zeitung)

Las manos maravillosas del sonámbulo: Emmanuel Lévinas, un filósofo francés, para muchos, uno de los más grandes pensadores del siglo XX, se preguntaba por la posibilidad que el nazismo, como "Mal Elemental", estuviera inscripto en la misma filosofía de Occidente, y en particular, en la ontología tan influyente de Martin Heidegger, "en la misma ontología del Ser que se ocupa del ser del Ser". En 1933, en pleno ascenso al poder del nacionalsocialismo, el filósofo-psicólogo Karl Jaspers en una charla ocasional en su casa, le preguntó a Martin Heidegger cómo se podía considerar apto para gobernar a una nación como Alemania a alguien tan primitivo e inculto como Adolf Hitler, a lo que aquel le respondió: "…no es una cuestión de cultura. ¡Mire qué manos tan maravillosas tiene!". Jaspers se quedó en silencio, perplejo, reconociendo que Heidegger estaba subyugado no sólo por el nacionalsocialismo como ideología, sino por la capacidad carismática del sonámbulo Hitler. A la vez, aplicando su analítica de la existencia, Heidegger le estaba dando una respuesta filosófica profunda al mismo Jaspers: la capacidad del Führer nada tenía que ver con categorías relacionadas con el racionalismo o una falsa idea de cultura cosmopolita (Diario de combate del Movimiento Nacionalsocialista de la Gran Alemania) o que ya en 1932 votó las listas nacionalsocialistas. No es casualidad la referencia misteriosa de Heidegger a las características olímpicas del Führer. El papel de Hitler como líder carismático y el culto a su personalidad heroica proporcionó la fuerza motriz de la dinámica del SS-Staat, desempeñando su imagen varias funciones fundamentales de integración, movilización, y legitimación. La excepcionalidad del estado nazi (o fascista) no puede separarse de la excepcionalidad carismática de la figura de su líder y la retroalimentación en el rizo ideológico. Recordemos que el estado nacionalsocialista en su contenido constitucional –según las palabras del destacado jurista Ernst Huber en 1934– se encarnaba por entero en el "Poder del Führer" que era "absoluto y total… no limitado por salvaguardias y controles… sino libre e independiente, exclusivo e ilimitado". El núcleo del estado nazi era el mito del espíritu rector del Führer Adolf Hitler, de su extraordinaria personalidad, de su estatura cesarista, de su autonomía napoleónica, su predestinación misteriosa y de su carácter de Übermensch <¿Seguro que cabe aquí esta categoría?>. Heidegger simplemente acompaña el mito del Führer, legitimándolo con su filosofía práctica. Pero este apoyo filosófico no se limitaba a intercambios inocentes con colegas universitarios en los pasillos, ni se redujo a mera opinión privada. Heidegger, como muchos miembros del mandarinado intelectual de Weimar, estaba absoluta y lealmente convencido de la versión íntegra del mito-Hitler. Y esta profesión de fe la llevó a la práctica con todas sus consecuencias. Otto Pöggeler, un heideggeriano de ley, reflexionando sobre la filosofía política de Heidegger, expresará su vergüenza y estupor por una foto que muestra al filósofo más influyente de nuestra cultura posmoderna (junto con Nietzsche) en noviembre de 1933 apoyando incondicionalmente la política de Hitler, orgulloso "debajo de un muro de hombres de las SA y de banderas con la cruz swástika". La foto, que ilustra este artículo, la publicó al otro día del encuentro el diario Illustrierte Zeitung : en el acto central en el Alberthalle de Leipzig de izquierda a derecha aparecen el dirigente de las tropas de asalto pardas, las Sturm Abteilung (SA) de la NSLB (asociación de profesores nacionalsocialistas) Schulrat Geyer de Sajonia ; el rector de la Universidad de Leipzig, Dr. Arthur Golf; el rector de la Universidad de Hamburgo, Dr. Eberhard Schmidt; el Dr. y teólogo Friedrich K. Schumann de la Universidad de Halle; el profesor Dr. Emanuel Hirsch de la Universidad de Göttingen (¡teólogo y traductor de Kierkegaard!); otro dirigente de las SA y NSLB Arthur Göpfert de Dresden; por supuesto con su bigote recortado el Rektor Prof. Dr. Heidegger de la Universidad de Freiburg; el Dr. Wilhelm Pinder, historiador de arte de la Universidad de München (quién decía que el arte debía ser Äußerung unserer Rasse, expresión de nuestra raza aria); el rector Dr. Eugen Fischer de la Universidad de Berlín (un eugenista siniestro y amigo íntimo de Heidegger) y el Dr. en medicina Sauerbruch de la Universidad de Berlín. La ocasión era un Rally de intelectuales y científicos nacionalsocialistas por Alemania, bautizado como "Manifestación de la Ciencia Alemana", con el fin de apoyar la decisión del Führer de abandonar la Sociedad de las Naciones. La idea del rally partió del Führer de la Asociación de Profesores Nacionalsocialistas (NSLB) de Sajonia, el Gauobmann Arthur Göpfert, que llegaría a ser una especie de ministro de educación sin cartera. Se suponía que lo más granado y destacado de la Intelligentsia nazi diera su apoyo a las últimas medidas tomadas por el gobierno de Hitler, entre ellas la suspensión de todos los derechos constitucionales, la prohibición de los partidos políticos, la disolución del Reichstag (Parlamento) y las dietas provinciales y, por supuesto, la política exterior agresiva del IIIº Reich. Para Salvar del "error" a millones de compatriotas engañados por el marxismo y el liberalismo corrupto, se crearon los tristemente célebres Lager0 (el 0?) –campos de concentración– ya en 1933. Estos eran justificados públicamente por el morfinómano Göring diciendo que "nada era más necesario que la intervención contra los seductores, los agitadores y sus mismos líderes. Los campos de concentración fueron creados con tal finalidad. A ellos fueron enviados, en primer lugar, millares de funcionarios de los partidos comunista y socialista". Göring además creó otra institución represiva con mucho futuro en abril de 1933: la Geheime Staatspolizei (acrónimo GeStaPo), con reclutas provenientes de las S.S. y las SA, las organizaciones paramilitares nazis. En este clima de terror e intimidación se produjo el incendio del Reichstag, la sede parlamentaria, a tan sólo una semana de las elecciones. Inmediatamente se acusó al KPD, el partido comunista alemán, de intentar un levantamiento armado, por supuesto inexistente. A consecuencia del cual se desata una razzia generalizada en toda Alemania contra simpatizantes, funcionarios y diputados comunistas. Se emite un decreto por el cual queda anulada la representación en los escaños parlamentarios y se detienen "preventivamente" a alrededor de 5.000 personas, incluidos todos los diputados electos en la última elección. Con extraordinaria rapidez se publicó un decreto-ley llamado Zum Schutz von Volk und Staat ("Para la Defensa del Pueblo y el Estado") como "defensa contra los actos de violencia perjudiciales para el Estado de parte de los comunistas", que anulaba la libertad personal, la libertad de expresión, la libertad de prensa, la libertad de reunión y asociación, la libertad domiciliar, el secreto epistolar e incluso el derecho de propiedad. Además se restauraba la pena de muerte para delitos filopolíticos calificados como de "alta traición a la Patria", incendio doloso, sabotaje a intereses estratégicos, atentados contra miembros del gobierno, intento de rebelión y varios etcéteras. Igualmente se suprimieron todos los gobiernos regionales. La Constitución de Weimar quedó así derogada y nunca más volvió a la vida. Todos los historiadores del IIIº Reich consideran que durante el año 1933 el régimen "fabricó" la dictadura en sus elementos más esenciales y en nueve meses a lo largo de 1933 la forma definitiva del S.S. Staat estaba casi lista. Casi ninguna esfera de actividad organizada, política o social se vio libre de la famosa Gleichschaltung, la nivelación-coordinación de arriba a abajo de todas las instituciones puestas bajo el control nazi. Como remarcó un testigo de la época "no había ya vida social; no podías pertenecer siquiera a un club de bolos que no estuviera 'nivelado' por los nazis". Hitler mismo lo reconocía: "En el año que transcurre entre septiembre de 1933 y septiembre de 1934 se ha consolidado definitivamente el poder nacionalsocialista en Alemania… las revoluciones eliminan solamente situaciones de poder. Pero sólo la evolución modifica un estado de cosas". A este trabajo de "evolución", un irónico eufemismo hitleriano, se adherirá con pasión y fanatismo el nuevo Rektor de Freiburg, el filósofo Martin Heidegger.

1933 o el año de la Decisión: para magnificar en su justa medida la decisión y el contexto de la irresponsabilidad filosófica de Heidegger sólo necesitamos rápidamente contabilizar los pasos que llevarían al S.S. Staat a largo del fatídico año 1933. En febrero el presidente del Land prusiano, Hermann Göring, prohíbe todas las manifestaciones públicas y actos políticos del partido comunista, el KPD, un partido totalmente legal en toda Alemania; simultáneamente la Polizei de Berlín ocupa y saquea el edificio del comité central del KPD, el "Karl-Liebknecht Haus", en la BüloPlatz. En marzo de 1933 las fuerzas paramilitares del partido nazi, las SA cuentan ya con cuarenta campos de concentración "semi-legales". El mismo mes se realizan las últimas elecciones "semi-libres" en Alemania. El partido nazi, pese a la ayuda de la campaña de terror total dirigida desde el estado, no logra el objetivo propuesto por Hitler de una mayoría absoluta. Los resultados finales fueron: NSDAP: 43,8%; SPD: 18,3%; KPD: 12,3%; Zentrum: 11,2%; DNVP : 8%. El fracaso relativo en estas elecciones fue el disparador para la verdadera "toma del poder" por el NSDAP. Coincidiendo con los resultados electorales, la bandera nacional de la república de Weimar, negra-roja-oro, se transforma, por decreto presidencial, en negra-roja, con un círculo blanco en el centro con la swástica en negro; se establece que la nueva enseña será la bandera oficial del nuevo Reich. Por decreto se crea el Reichsminister für Volksaufklärung und Propaganda (RMVP), el infame Ministerio de Información Pública y Propaganda del Pueblo Alemán, siendo nombrado para ese cargo el doktor Joseph Goebbels. En marzo además se realiza la inauguración del nuevo Reichstag, en un montaje publicitario planeado por Goebbbels, que fue llamado "el día de Postdam", porque se realizó en la iglesia de la guarnición militar de la ciudad de Postdam, un santuario de la derecha más extremista por ser el lugar en el que von Bismarck inauguró el segundo Reich alemán. En este lugar simbólico de la antigua Prusia monárquica y militar es donde se levantan los imponentes monumentos funerarios del rey Friedrich Wilhem I y su hijo Friedrich der Grosse. Como cierre del acto desfilaron ante el gabinete del nuevo gobierno de Hitler la "nueva" policía prusiana de Göring, las SA, las S.S. y los Stahlhem. Ante el nuevo parlamento Göring, su presidente, abre la sesión declarando una "amnistía" para todos los condenados a delitos con "intención patriótica" o sea los militantes de las organizaciones de extrema derecha. El Reichstag aprueba, con el apoyo del Zentrum católico y el DVNP, la moción del NSDAP llamada "Ley de autorización de plenos poderes", que permitía al gobierno durante los próximos cuatro años el derecho a legislar sin el consentimiento del parlamento y el Reichsrat, el Consejo del Estado; el único voto opositor provino del bloque de diputados del SPD, pues los diputado electos del KPD fueron impedidos de ingresar al recinto y apaleados. El 25 de marzo de 1933 es además una fecha oprobiosa: se crea el primer "KZ", campo de concentración oficial, cerca de Stuttgart, con capacidad para 1.500 detenidos. La mayoría serán criminales políticos. Se aprueba la ley relativa a la llamada eufemísticamente Gleichschaltung de los "Länder" provinciales, base del futuro doppelsstaat de las S.S.; los gobiernos provinciales eran los últimos restos heredados de la Weimar liberal. En el mes de abril se decreta el "Día nacional de boicot a los negocios judíos", supervisado por las SA, bajo el lema: "¡Juda verreckes!" y al mismo tiempo se decreta la segunda ley complementaria relativa a la Gleichschaltung de los poderes políticos provinciales heredados del régimen liberal. Se crea la figura jurídica del Reichsstaatthalter o comisarios estatales del Reich, con poderes excepcionales estilo pretor romano; también se decreta la "Ley de reorganización de la burocracia del Estado Alemán"; con ambas medidas complementan la ley del 31 de marzo y avanzan en la profundización de la duplicación de las viejas estructuras estatales republicanas. En abril también por decreto oficial se crea, primero en Prusia bajo el gobierno Göring como ya dijimos, la Geheime-Staats-Polizei o GeStaPo, nombrándose director a Diehls. Diehls se haría famoso con aquella frase de "cuando escucho la palabra 'Cultura' saco mi revolver". En mayo de 1933 el objetivo del gobierno de Hitler es atacar el movimiento obrero y sus organizaciones históricas. Por decreto se establece como "Día nacional del Trabajo" el primero de mayo y fiesta oficial del Estado alemán (asueto obligatorio), prohibiéndose todo acto paralelo; Hitler participa en un acto multitudinario en Berlín; en un acto similar en la ciudad de Freiburg, es cuando el filósofo Heidegger se afilia públicamente al NSDAP: su carnet de partido será el Nº 3.125.894. Al otro día del festejo del primero de mayo se decreta la disolución de todos los sindicatos libres; al mismo tiempo se crea una organización estatal única, bajo la égida del partido nazi: el DeutschArbeitsFront o D.A.F., Frente del Trabajo Alemán; la afiliación es obligatoria y castigada con duras penas. El 10 de mayo es otra fecha ignominiosa: El Ministerio de Información Pública y Propaganda de Goebbels, organiza oficialmente, junto a la organización de estudiantes de la SA, la NsDstB, una gran quema pública de libros y publicaciones de "espíritu anti-alemán", undeutsche und jüdisches Literatur, en la plaza de la Ópera en Berlín; dentro de esa categoría se califican a autores judíos, marxistas, pacifistas o de estética corrompida; en la Universidad de Freiburg (bajo el rectorado de Heidegger) se realiza una hoguera similar bajo la supervisión de las SA y S.S. en la plaza de la biblioteca de la misma universidad. El 17 de mayo Hitler reclama públicamente un desarme general e igualdad de derechos para Alemania en el orden internacional y un par de días después son asesinados en el KZ-Dachau, a cargo de las S.S., dos destacados y conocidos diputados comunistas: Dressel y Schleffer. En junio los conservadores dan una ayuda al régimen: en una medida sin parangón en Europa autodisuelven sus propios partidos políticos, el más importante el DVNP; inmediatamente se decreta la prohibición oficial de la socialdemocracia por "traición a la Patria"; también se decreta una ley prohibiendo la creación de nuevos partidos políticos bajo pena de "alta traición". Gran acto de masas en el monumento dedicado a la batalla de Tannenberg, un triunfo del ejército alemán comandado por von Hindenburg sobre el ejercito ruso en agosto de 1914; en este acto Hitler re-afirma la leyenda del "invencible ejército alemán" y el mito del Dolchstoss, la puñalada en la espalda dada por rojos y demócratas, de donde habría surgido la república de Weimar. Durante el mes de julio se realiza en Nürenberg el V° Congreso del NSDAP, autodenominado el "Congreso de la Victoria", inaugurado espectacularmente por Hitler. Finalmente y completando la Gleichschaltung se decreta la "Ley sobre las Asociaciones Culturales del Reich", estableciendo la unificación total y control estatal del arte y la literatura por medio de la afiliación obligatoria y compulsiva en las agencias del NSDAP de escritores, autores, actores, etc.; al mismo tiempo se crea la "Cámara de Cultura del Reich" de afiliación obligatoria. En el aspecto de arianización se decreta la llamada "Ley de la Herencia" o Erbhofgesetz, para regular las propiedades agrarias según las directivas políticas raciales. Ya en octubre Hitler decreta la "Ley de Prensa y Ley de Autores"; se imponen drásticas limitaciones político-raciales para la libertad de expresión y los derechos intelectuales. Heidegger como Rektor de la Universidad de Freiburg, fue un pionero en toda Alemania en aplicar a rajatabla la Gleichschaltung (nazificación: nivelación para depurar la institución de socialdemócratas, comunistas y judíos) e impuso, por sobre el gobierno universitario vigente durante Weimar, el Führerprinzip. Un ex alumno y ayudante de Heidegger, el filósofo Karl Löwith, que tendrá que exiliarse por judío, recordará que el apoyo militante del maestro de Messkirch no se quedó en su propia persona: desde el rectorado ordenó a los estudiantes universitarios de Freiburg a concurrir en bloque al local electoral y dar allí su voto positivo a Hitler de manera colectiva. Fue una de las pocas universidades que emitió semejante decreto. En este contexto de terrorismo sistemático, de imposición violenta del estado policial de partido único, de persecución, violencia y racismo es que hay que sopesar la responsabilidad del Heidegger al convalidar filosóficamente el Behemot nazi y legitimar la Machtergreifung que llevará a la guerra mundial y al Holocausto.

Hitler o cómo se construye un dictador: La política de rearme planeada por Hitler debía evitar un ataque preventivo de sus vecinos más belicosos, Francia y Polonia, y esta idea conformó la conducta de la representación de Alemania en la conferencia de desarme de Ginebra, que estaba en pleno proceso cuando Hitler fue nombrado canciller. Hitler detestaba la participación alemana en ese foro tanto como la pertenencia de este país a la Sociedad de las Naciones, las Naciones Unidas de la época, establecida después de la Gran Guerra para mantener la paz mundial. Al tener intenciones de retirarse de estas conversaciones de desarme, protestó públicamente por lo que entendía como una discriminación de las demás potencias contra Alemania. Al no tener armas por el tratado de Versailles o bien se permitía que el Reich se rearmase hasta un grado adecuado de autodefensa, o bien Francia y Gran Bretaña reducían su potencia militar hasta el nivel de Alemania. Al negarse Inglaterra (para apoyar la intransigencia de Francia) Hitler tuvo la excusa perfecta que necesitaba. Era el momento oportuno para dejar la Liga en unas condiciones en las que parecía que la parte agraviada era la Alemania desarmada. La ventaja propagandística, especialmente en el interior del país acentuada por el clima de terror político y control unipartidista, era una oportunidad plebiscitaria demasiado buena para desaprovecharla. Alegando correctamente que se le estaban negando los mismos derechos a Alemania, en octubre de 1933 ordenó a su delegación abandonar la conferencia. Al mismo tiempo, anunció la retirada de Alemania de la Sociedad de las Naciones. Japón ya la había abandonado a principio del mismo año. Inmediatamente disolvió el Reichstag, prohibió los partidos políticos y anunció la celebración en noviembre de un referéndum nacional ex post facto para que el pueblo alemán manifestara su adhesión a las medidas de octubre, en palabras del propio Hitler "pido al Pueblo alemán que se identifique con la política de paz del gobierno del IIIº Reich a través de un plebiscito. Con estas medidas privamos al mundo de la posibilidad de acusar a Alemania de una política agresiva. Este procedimiento proporciona también la posibilidad de atraer la atención del mundo de una forma completamente nueva." Aunque sólo se presentaba un partido, el NSDAP, el sonámbulo Hitler volvió a recorrer en avión (algo inédito en la época) toda Alemania pronunciando discursos electorales. Justamente de esta época es el establecimiento de la figura de Hitler como Führer carismático de los alemanes y el culto a su personalidad. El 12 de noviembre de 1933, un día después de la fecha de rendición del Ejército Alemán en 1918 y jornada de luto para la memoria de todos los alemanes, Hitler convocó a un plebiscito por su política exterior y, al mismo tiempo elecciones para las bancas en el Reichstag con lista única del NSDAP, que logró el 92,1% de los votos (661 bancas). La retirada de la Liga de las Naciones obtuvo un 95,1% de los votos. El índice de rechazo (voto negativo y abstención) fue en algunos casos notables (en ciudades "rojas" como Hamburgo o Berlín) pero en general fue un triunfo por aclamación plebiscitaria y el nacimiento de Hitler como caudillo natural, gran e infalible Führer. La tendenciosa pregunta en la papeleta, con estilo pomposo, era la siguiente: "¿Apruebas tú, alemán, y tú, alemana, esta política de tu gobierno del Reich y estás dispuesto a declarar que es la expresión de tu propia opinión y de tu voluntad y le prestas solemnemente tu apoyo leal?" La mala fe del régimen no era tan sofisticada y profesional como lo sería en los plebiscitos de 1936 y 1938 pero no estaba ausente. La manipulación y el engaño fueron generalizados. El secreto del voto no estaba garantizado. Después de estas pseudoelecciones se inauguró una nueva cámara legislativa monopartidista, integrada exclusivamente por miembros del NSDAP, con la única misión de aprobar unánimemente resoluciones y decretos del Führer. Conquistado el poder por la vía "legal", el NSDAP en tanto partido político, desapareció, cooptado por un SS-Staat. El año 1933 fue muy atareado políticamente para el Rektor Martin Heidegger incluida la de "revolucionar" la propia universidad y transformarse en el Führer de los rectores nacionalsocialistas. Para Heidegger la filosofía alemana debe jugar un rol decisivo en la educación política y al servicio del nacionalsocialismo. En una carta del 3 de noviembre de 1933 al gobernador nazi de Baden, Heidegger reclama por iniciativa propia la creación urgente de una cátedra de politische Pädagogik, de pedagogía política cuyo programa curricular estaría basado en la ideología NS. La documentación sobre la participación activa de Heidegger en el apoyo de la política dictatorial interior y la política agresiva exterior de Hitler fue posible gracias al trabajo de Guido Schneeberger, un ex alumno, el primero en obtener información sobre los actos políticos y sobre la entusiasta participación de Heidegger en la campaña plebiscitaria nazi. No sólo recopiló los discursos de sus fuentes originales (con lo que se evitó vergonzosas correcciones ex post facto) sino incluso obtuvo la ignominiosa foto del acto en Leipzig para la posteridad. Heidegger utiliza toda su ontología existencial, el aparato filosófico de su obra Sein und Zeit (1927) para legitimar filosóficamente al SS-Staat y en especial la figura carismática de Adolf Hitler Ya Karl Jaspers en sus papeles privados editados póstumamente como Notizen zu Heidegger recordaba cómo el propio Heidegger le había confesado su fascinación total y absoluta por el sonámbulo Hitler. Hechizo y embrujo que no abandonó hasta su muerte.

Entschlossenheit, Führerprinzip y Volksgemeinschaft: en estos textos <¿qué textos?>, contra la hermeneútica de la inocencia que practican los heideggerianos, Heidegger utiliza toda la analítica existencial de su obra magna, Ser y Tiempo (1927), en especial la desarrollada a partir del capítulo V, "Temporalidad e Historicidad" y en particular el parágrafo 74, "La constitución fundamental de la historicidad". No es ningún hallazgo, Heidegger mismo le había confesado a su ex alumno y ayudante, el filósofo Karl Löwith, que su compromiso político con el Nacionalsocialismo se encontraba en su concepto de historicidad <¿Cuál es la fuente, el propio Löwith?>. La cuestión es doble: por un lado Heidegger ya tenía una filosofía política in nuce, orientada hacia los grandes ejes ideológicos de la nueva derecha alemana; por el otro, Heidegger de alguna manera introduce su filosofía práctica en la gran corriente ideológica del nacionalsocialismo, le hace "coincidir" en una nueva síntesis que intentará competir con otros filósofos oficiales del IIIº Reich, como Krieck o Baeumler. Esto es bien visible en el "uso" de palabras-hongo de la ideología nazi, como "Decisión", "Racial-Popular", "Comunidad Racial-Popular" o "Principio del Caudillo". Heidegger creía fanáticamente en una reconstrucción, según el modelo griego, de la Volksgemeinschaft, la antigua vida comunitaria germánica, reconstituida sobre la base de una religión "Sangre y Tierra" estética. Esta estetización de la política, muy clara en el trasfondo de su lección: Der Ursprung des Kunstwerkes de 1935, del primitivo movimiento nacionalsocialista, junto con su concepto de comunidad Blut und Boden, es lo que Heidegger valora como núcleo de un nuevo inicio de Alemania. El uso no inocente de términos como Blut, Boden, Volksgemeinschaft, Führer, Gefollgschaft fulgurando desde faros filosóficos, es suficiente constancia no sólo de su adhesión leal y militante, sino de una aceptación al sustrato racista-biológico del NSDAP. Esto último es negado a rajatabla por el heideggerianismo. El término alemán völkische es difícil (o imposible ) de traducir, es una idea-faro nazi que Heidegger utiliza profusamente. Es preferible utilizarla en alemán original, después de señalar su complejidad lingüística. Se puede mal traducir como "nacional-popular" o "popular". Völksiche es casi una definición alternativa a nacionalsocialismo, por ejemplo: el órgano oficial del partido nazi que dirigía Goebbels tenía como adjetivo esta palabra, Völksicher Beobachter (El Observador racial-popular). Hitler en Mein Kampf la usa con abundancia e incluso la define como definición <¿define como definición?> de su visión del mundo. Con sólo recorrer el índice analítico de la edición oficial de "Mi Lucha" y buscar völkisch y sus derivados, los editores nos reenvían constantemente a la palabra "Nacionalsocialismo". Völkische era otro nombre para la filosofía del partido, sin lugar a dudas. Los traductores al español de Mein Kampf en los años '30 y '40 no tienen tampoco dudas: völkische es traducido sin dilaciones como "racial". En el campo militar, cuando el Reich invade la URSS en 1941 los discursos de los militares a la tropa hablan de imponer a los subhombres bolcheviques la idea völkische. Los diccionarios españoles-alemanes de la década del '30 tampoco dudan: traducen völkisch como "racista". No hay lugar a duda que no puede equiparase völkische a nacional o popular (como hace, por ejemplo el heideggeriano Fédier), sino se debería traducir como "racial-popular". Heidegger creía profundamente en la idea völkische, la comunidad racial-popular y el futuro era la edificación de una verdadera y auténtica Gemeinschaft, enfrentada y enemiga de la liberal Gesellschaft burguesa de la república de Weimar, enraizada desde el complejo de acción y logos del Nationalsozialismus, la comunidad de los camaradas de raza, los Volksgenossen. Como afirmaría Heidegger en un curso sobre Lógica <¿Sobre Lógica?> del semestre de verano de 1934, un pueblo es algo al que nosotros llegamos por un acto de decisión ("Entscheidungsmässig"), pero no es algo que dependa de nuestro deseo individual el que pertenezcamos o no al pueblo alemán (no existe pertenencia meramente formal), nosotros no podemos decidir acerca de nuestra descendencia, acerca de nuestra herencia, nuestra Abstammung, por lo que la pregunta: "¿qué es un Pueblo?", debe derivarse a el interrogante: "¿quién es este Pueblo alemán que somos nosotros mismos?". Pero, continúa Heidegger, como el "ser lo que es" pertenece sólo a un ámbito del ser que no puede apartarse de su esencia (como podría ser el caso de las plantas), puede suceder que nosotros, los alemanes, estemos "siendo" un nosotros, un pueblo, que no somos aquello que somos. Los alemanes somos lo que somos de un modo ("weise") tal que tal vez no somos lo que efectivamente somos: el Pueblo alemán original y auténtico. Es decir: por la misma característica de la decisión, no siendo alemanes, el nicht-Sein, y somos alemanes en base a una decisión inauténtica, fruto de un estado de resuelto ("Entschlossenheit"), aún no siendo. El Entschlossenheit surge sobre la base de una nueva visión de lo real ("neue Sicht auf das Wirkliche") que nos permite acceder al acontecer futuro y quedar situados en el ámbito de lo esencial de la historia. Si la determinación de la esencia de la historia ("des Wesens der Geschichte") se asienta en el particular carácter histórico de la época, a partir de la cual es realizada dicha determinación, ya que recordemos que para Heidegger no existe algo como la historia en sí, y si la verdad es la apertura de lo que es ("seiendem"), el "Ser alemán" es una decisión en torno a la posición fundamental del hombre alemán en el ser alemán. O sea: no es otra cosa que determinarse como ser en lo alemán que le es propio. Y este cambio sólo puede compararse, en su extensión y profundidad, a la grandeza del inicio, el Anfang con el que surgió absolutamente la historia de Occidente. La problemática de la Heimat y de la Volksgemeinschaft alemana se resuelve en una Entschlossenheit en tanto que actuar abierto para con el misterio abierto ("Geheimnisaufgeschlossene") al ser alemán, que permanece sin exponerse a la posibilidad de la ruina y la decadencia, la Untergang de Occidente; es decir: al sacrificio de la esencia de lo propiamente alemán. En esta entrega ("geschicht") al ser alemán y en ella ocurre aquel acontecimiento propio y característico del Da-Sein, exposición en el ser como entrega al ser, lo que Heidegger llamará la "cura", el famoso Sorge que funda los fenómenos de la voluntad, el deseo, la inclinación y el impulso. El llamado "Principio del Caudillo" ("Führerprinzip"), elemento que jugaba un rol central y dinámico en el concepto nazi de "comunidad popular", era una divisa distintiva de la gran mayoría de los grupos de la nueva derecha de Weimar en búsqueda del hombre de acción. Pero para entender este hilo conductor en Heidegger, entre Entscheidung, Volksgemeinschaft, Blut und Boden y el Führerprinzip, tendremos la obligación de examinar severamente otros aspectos de su comprensión y visión del nacionalsocialismo. En particular, debe entenderse el papel que jugaba, tanto el componente "national" del NSDAP como su ideología "socialista", pues son precisamente estos dos ingredientes los que pueden ofrecer, a los ojos de Heidegger, la promesa de un nuevo inicio de Alemania y cerrar la cesura crítica que abrió la crisis en el corazón de Occidente, que adoptaba la forma de la Technik. Heidegger va a concebir al Führerprinzip del nacionalsocialismo como una idea que conjuga el conocimiento, el Logos, y la acción, la Praxis, de manera ideal, tan ideal que Heidegger la asimilará sin más a lo que Aristóteles llamaba phrónesis o sabiduría práctica. Como curiosidad, en los textos Heidegger, obsesivo en lo lexicográfico y semántico, siempre coloca destacada en itálica, la cópula del verbo "ser" cuando se refiere al Führer Adolf Hitler.

Los textos: debemos decir que el alemán de Heidegger es muy difícil de entender (y traducir) no sólo por su propia complejidad léxica, sino además por el contexto ideológico de la Alemania de los años '30 que es incomprensible para un lector del siglo XXI. Estos discursos fueron pronunciados por Heidegger en días sucesivos dentro del apoyo militante al plebiscito de Hitler. El primero dirigido a los estudiantes, el segundo apelando al pueblo alemán y el último al cuerpo de docentes y profesores. El Gauobmann de Sajonia, el SA Göpfert, de quién partió la iniciativa, apoyó además la publicación de un cuidado libro con la totalidad de los discursos pronunciados en Leipzig. La obra tendría una introducción, un Vorrede titulado "Llamamiento a todos los hombres cultos del mundo", manifiesto colectivo aprobado en el mitin, destinado a todos los gobiernos e instituciones educativas extranjeras y hombres de ciencia eminentes. Se había pensado en una edición de lujo in octavo, que debía ser pagada con fondos del partido nazi y contribuciones de cada universidad. El Rektor Heidegger, sin pérdida de tiempo, envío una carta personal el 13 de diciembre de 1933 a los restantes decanos pidiéndoles el urgente apoyo económico: "Debe ser conservado en la memoria [el libro] como un hito en la historia de la ciencia alemana y su significación debe ponerse al servicio de la política exterior de Hitler". Heidegger, al parecer informado hasta en los detalles íntimos del proyecto, informa a los decanos que el proyecto editorial contempla la publicación además de en alemán en otras lenguas: inglés, francés, italiano y español, y agrega que debe testimoniar la voluntad monolítica de toda la ciencia del Reich. Pide además que el manifiesto introductorio sea firmado por la mayor cantidad posible de académicos y científicos: "Para evitar que en el extranjero se piense que las firmas han sido falsificadas, cada volumen deberá llevar el facsímil de las firmas originales". Para cubrir los gastos de papel, impresión y distribución (unos diez mil reichsmarks de la época) Heidegger sugiere contribuciones individuales de los profesores y que cada universidad contribuya proporcionalmente según su prestigio. La carta de Heidegger concluye con la siguiente frase: "Resulta, por cierto, superfluo recomendar que en la página destinada a las firmas no figure ningún no-ario ("Nichtarier"). La publicación se llevó a cabo y más de mil docentes e investigadores académicos alemanes arios participaron de la suscripción propuesta por Heidegger. Hemos realizado esta traducción por primera vez en lengua española . Para los dos primeros discursos nos basamos en la fuente original en alemán, contrastándolas con las ediciones en inglés, francés e italiano. Párrafo aparte merecen las pésimas y malintencionadas traducciones del heidegerianne François Fédier en la edición francesa (en la cual se basa la italiana), quién con el método de exculpar y exorcisar al Heidegger comprometido con el nazismo llega al extremo de transcribir nationalsozialistische como "socialismo nacional", entre otros fórceps. Los dos primeros discursos aparecieron en el diario de los estudiantes universitarios nacionalsocialistas de Freiburg, la Freiburger Studentenzeitung; para el ultimo discurso en el libro original titulado Überreicht vom Nationalsozialistischen Lehrbund (Dresde, 1933). Todos ellos recogidos por Guido Schneeberger en su recopilación de documentos sobre y de Heidegger: Nachlesse zu Heidegger (Bern, 1962, edición del autor).

"Estudiantes alemanes"

3 de Noviembre, 1933*

La Revolución Nacionalsocialista ("die nationalsozialistische Revolution") está produciendo la transformación total de nuestra Existencia ("Daseins") como Alemanes.

Depende de Ustedes que en éste acontecimiento, permanezcan aquellos que siempre están en la vanguardia y se mantienen listos, aquellos que son siempre tenaces y dispuestos a crecer.

Vuestra voluntad de saber ("Wissenwollen") debe aprender lo qué es esencial, simple y grande.

Pide ser expuesta a lo que la asedia en lo inmediato y a que se imponga en Uds. las obligaciones de la gama más amplia.

Sean duros y genuinos ("hart und echt") en vuestras demandas.

Sean claros y seguros en vuestro rechazo ("Ablehnung").

No perviertan el saber ("Wissen") que han adquirido en fútiles posesiones personales. Custódienlo como una necesaria posesión primigenia de hombres líderes ("führerischen Menschen") en las profesiones popular-raciales del Estado ("den völkischen Berufen des Staates").

Ustedes no pueden ser simplemente los que meramente escuchan ("nur Hörenden"). Están obligados a saber y actuar juntos en la creación de la futura Educación Superior ("hohen Schule") del Espíritu Alemán ("deutschen Geistes"). Cada uno de Uds. debe ser el primero en demostrar y justificar cada don natural y cada privilegio. Eso sólo puede ocurrir por la fuerza de su misión de lucha ("kämpferischen Einsatzes") del pueblo en su totalidad por sí mismo.

Permitan que la lealtad de vuestra voluntad de militancia ("Gefolgschaftswillens") sea fortalecida, sea consolidada cada día, en cada hora. Permitan que su valor crezca sin cesar de manera que podrá hacer el sacrificio necesario para preservar, para conservar la esencia ("Rettung des Wesens") de la fuerza interna ("innersten Kraft") de nuestro Pueblo en su Estado.

No permitan que ninguna proposición doctrinal e ideas ("lehrsätze und 'Ideen'") sean las reglas de vuestro Ser ("Seins").

El Führer Adolf Hitler 'es' ("ist") el presente y el futuro de la realidad alemana y su propia Ley ("die heutige und künftige Wirklichkeit und ihr Gesetz"). Aprendan a conocer cada vez más profundamente lo siguiente: de ahora en adelante que cada cosa ("Ding") exige Decisión ("Entscheidung"), y cada Acción ("Tun") responsabilidad.

¡Heil Hitler!

Martin Heidegger: Rektor

"Hombres y Mujeres Alemanes"

10 de noviembre, 1933*

El Pueblo Alemán ha sido convocado por el Führer a votar; el Führer, sin embargo no le reclama nada al Pueblo. Él les ofrece ("gibt") la posibilidad al Pueblo por sí mismo, directamente, de tomar la Decisión ("Entscheidung") más sublime y libre de todas: si, el Pueblo en su totalidad ("das Ganze Volk"), quiere su propia Existencia ("eigenes Dasein") o no la quiere.

Esta elección no se puede comparar con cualquiera de las elecciones anteriores. Qué es lo que la hace única a esta elección es la simple grandeza de la decisión ("vollziehenden Entscheidung") que está por ser ejecutada. La inexorabilidad de lo que es simple y último ("des Einfachen und Letzten") no tolera ninguna vacilación y ninguna irresolución. La decisión última ("letzte Entscheidung") conduce al límite extremo la existencia de nuestro Pueblo. Y... ¿Cuál es éste límite?.. Consiste en la demanda más básica de toda existencia ("Urforderung alles Daseins"), la de preservar y conservar nuestra Esencia ("eigenes Wesen"). De este modo una barrera se erige firme entre lo que puede ser razonable esperar de un Pueblo y lo que no. Es en virtud de esta ley básica del honor que un Pueblo preserva la dignidad ("Würde") y el estado de resolución ("Entschiedenheit") del propio Ser ("Wesens").

No es ambición, no es deseo de gloria, no es obstinación ciega, y no es hambre de poder la demanda del Führer del retiro de Alemania de la 'Sociedad de las Naciones' ("Liga der Nationen"). Es simplemente la clara voluntad ("klare Wille") incondicional de Autorresponsabilidad ("unbedingten Selbstverantwortung") en el sufrido y dominado destino ("Schicksals") de nuestro Pueblo.

No se trata de apartarse de la comunidad de los pueblos ("Gemeinschaft der Völker"). Al contrario, con este paso, nuestro pueblo es sometido a esa ley esencial de la Existencia del Hombre ("Wesengesetz menschlichen Daseins") al que todo Pueblo debe primero obedecer si quiere continuar siendo un Pueblo. Nos apartamos solamente fuera de la "observancia paralela", porque todos los pueblos demandan una incondicional auto-responsabilidad ("Forderung der Selbstverantwortung"), tan solo de allí puede surgir la posibilidad de tomar una nación a la otra seriamente, de manera que se pueda afirmar una comunidad.

La voluntad de una verdadera Comunidad de los Pueblos ("Völkergemeinschaft") se distingue de una vaga fraternidad universal ("unverbindlichen Weltverbrüderung") y una ciega tiranía. Esta voluntad se mueve más allá de esta oposición, permitiendo a Pueblos y Estados estar abiertos y resueltos uno al lado de otro en una simple reciprocidad ("das offene und mannhafte Aufsich-und-Zueinanderstehen der Völker und Staaten").

La elección que la voluntad del Pueblo Alemán está por hacer, simplemente, como un evento en sí mismo, con independencia de su resultado, es la más decisiva manifestación de la nueva realidad alemana encarnada en el Estado nacional-socialista ("neuen Deutschen Wirklichkeit des nationalsozialistischen Staates").

Nuestra voluntad dentro de nuestra autorresponsabilidad popular-racial ("unser Wille zur völkischen Selbstverantwortung") desea que cada Pueblo busque y preserve la grandeza y la verdad de su propia determinación y destino. Esta voluntad es la garantía más alta de la seguridad entre los Pueblos; porque ella liga en sí misma la Ley básica ("Grundgesetz") del respeto entre hombres y el honor incondicional.

El día 12 de noviembre, el Pueblo Alemán como Totalidad ("deutsche Volk als Ganzes") escogerá su futuro. Y éste futuro está ligado al Führer Adolf Hitler. En escoger este futuro, el Pueblo no puede, sobre la base de consideraciones de las políticas así llamadas 'exteriores', votar '¡Sí!' ("¡Ja!") sin incluir en este '¡Sí!' al propio Führer y a su movimiento político ("den Führer und die ihm unbedingt verschriebene Bewegung") que ha empeñado todo incondicionalmente en él. Esto quiere decir que no hay políticas separadas en domésticas y extranjeras. Sólo hay una única Voluntad en la Existencia en el Estado ("einen Willen zum vollen Dasein des Staates").

El Führer Adolf Hitler ha despertado esta voluntad en el Pueblo en su totalidad y la ha unido en un todo homogéneo, en una decisión singular, única ("einzigen Entschluss").

¡Nadie puede abstenerse en el día en que esta voluntad debe ser declarada!

Martin Heidegger: Rektor

<¿No está ya traducido en las memorias de K. Löwith?>

Prof. Dr. Heidegger, Freiburg i. Br.:

"¡Docentes Alemanes y Camaradas!"

Declaración de apoyo a Adolf Hitler y al Estado Nacional Socialista

11 de noviembre de 1933

¡Docentes y camaradas alemanes! ("Deutsche Lehrer und Kameraden!")

¡Alemanes y alemanas camaradas de raza ("Deutsche Volksgenossen und Volksgenossinnen")!

El Pueblo Alemán ha sido convocado por el Führer a votar; el Führer, sin embargo, no le pregunta nada al Pueblo. Más bien, el Führer le ofrece al Pueblo la posibilidad de realizar, directamente, la decisión libre más alta de todas: sí el Pueblo Alemán en su totalidad quiere su propia Existencia ("Dasein") o no. Mañana el pueblo escogerá nada menos que su propio futuro. Esta elección es completamente incomparable con todas las votaciones previas. Lo que hace única a esta elección es la simple grandeza de la Decisión ("Entscheidung") que está por ser ejecutada. La inexorabilidad de lo que es simple y último ("des Einfachen und Letzten") no tolera ninguna vacilación, ninguna indecisión. Esta Decisión ("Entscheidung") última llega al límite extremo de nuestra existencia como Pueblo. ¿Y en que consiste éste límite? Consiste en la más básica demanda ("Urforderung") de todo Ser ("Sein"), la de guardar y proteger nuestra Esencia ("Wesen"). Una barrera se erige por eso entre lo que puede ser razonable esperar de un Pueblo y lo que no. Es por la virtud de esta Ley básica del Honor ("Ehre") que el Pueblo Alemán retiene la dignidad y la resolución ("Entschiedenheit") de su propia vida. Sin embargo, la Voluntad de la Autorresponsabilidad ("Selbstverantwortung") no es solamente la ley básica de la existencia ("Grundgesetz des Daseins") de nuestro Pueblo; es también el hecho fundamental de la puesta en marcha ("Erwirkung") de su Estado Nacionalsocialista ("nationalsozialistischen Staates"). En esta Voluntad de Autorresponsabilidad ("Willen zur Selbstverantwortung"), cada esfuerzo, sea humilde o grande, de cada grupo social o profesional ("Stand") asume su necesario y predestinado lugar en el Orden Social ("in den Standort und Rang ihrer gleich notwendigen Bestimmung"). El trabajo de los variados estratos apoya y fortalece el armazón viviente del Estado; es el trabajo lo que reconquista para el pueblo su íntima ligazón al Suelo ("Bodenständigkeit"); es el trabajo el que coloca al Estado como realidad del pueblo en el campo de acción de todas las fuerzas esenciales de la esencia humana ("menschlichen Seins").

Esto no es ambición, no es deseo de gloria ("Ruhmsucht"), no es obstinación ciega, ni hambre de poder la demanda del Führer de retirar a Alemania de la 'Sociedad de las Naciones'. Es simplemente la clara voluntad ("klare Wille") incondicional de Autorresponsabilidad ("unbedingten Selbstverantwortung") en el sufrido y dominado destino ("Schicksals") de nuestro Pueblo. Esto no significa excluirse de la 'Comunidad de Pueblos'. Por el contrario: con este paso, nuestro pueblo es sometido a esa ley esencial de la Existencia del Hombre ("Wesengesetz menschlichen Daseins") al que todo Pueblo debe primero obedecer si quiere continuar siendo un Pueblo.

Nos apartamos solamente fuera de la "observancia paralela", porque todos los pueblos demandan una incondicional auto-responsabilidad ("Forderung der Selbstverantwortung"), tan solo de allí puede surgir la posibilidad de tomar una nación a la otra seriamente, de manera que se pueda afirmar una comunidad.

La voluntad de una verdadera Comunidad de los Pueblos ("Völkergemeinschaft") se distingue de una vaga fraternidad universal ("unverbindlichen Weltverbrüderung") y de la ciega tiranía. Esta voluntad se mueve más allá de esta oposición, permitiendo a Pueblos y Estados estar abiertos y resueltos uno al lado de otro en una simple reciprocidad ("das offene und mannhafte Aufsich-und-Zueinanderstehen der Völker und Staaten"). ¿Qué es lo que tal voluntad causa?, ¿Es unarecaída en la barabarie?... ¡No! Es el reemplazo y apartamiento de toda negociación vacía y todo trato prefabricado oculto por el simple, para afirmar la única y más grande exigencia de la acción autorresponsable. ¿Es acaso la irrupción del desorden de la ilegalidad?... ¡No! Es el clara declaración de la independencia inviolable de la singularidad de cada Pueblo. ¿Es esto el rechazo del genio creativo de un Pueblo espiritual ("geistigen Volkes") y el aplastamiento de su tradición histórica?... ¡No! Es el despertar ("Aufbruch") de una juventud que ha sido purificada y que vuelve a hallar sus raíces ("in ihre Wurzeln zurückwachsenden Jugend"). Esta Voluntad del Estado ("Wille sum Staat") hará a este Pueblo duro hacia sí mismo y reverente hacia toda obra auténtica.

¿De qué tipo de acontecimiento ("Geschehen") se trata entonces?... El Pueblo gana nuevamente la Verdad de su Voluntad de Existencia ("Daseinswillens"), por Verdad entendemos la Revelación ("Offenbarkeit") de aquello que hace a un Pueblo seguro, lúcido y fuerte en sus acciones y en su saber. De tal verdad se deriva la voluntad de saber ("Wissenwollen") . Y de esta Voluntad de Saber es la que circunscribe sus pretensiones de conocimiento. Es a partir de esta medida que se puede desplegar, fundarse y dar prueba de sí el auténtico interrogarse y la auténtica investigación ("echtees Fragen und Forschen"). Este es para nosotros el origen de donde surge la Ciencia ("Wissenschaft"). Ella se encuentra íntimamente ligada a la necesidad ("Notwendigkeit") de la Existencia racial-popular autorresponsable ("selbstverantwortlichen völkischen Daseins"). Ciencia es así la pasión pedagógica de querer saber para ser sabios; querer saber con el fin de hacer saber. Entonces essere sapienti, para nosotros significa: ser con claridad el Amo ("Lehrmeister") de las cosas y resueltos en la acción.

Nosotros hemos declarado nuestra independencia de la idolatría a un pensamiento sin arraigo a la tierra y sin poder ("Boden-und matchlosen Denkens"). Vemos el fin de la filosofía que se pone a su servicio. Estamos seguros que la dureza clara ("klare Härte") y la seguridad competente ("werkgerechte Sicherheit") parte del inflexible y simple interrogatorio sobre la Esencia del Ser ("Wesen des Seins") están retornando. El coraje originario ("ursprungliche Mut") que o bien crece o bien se destruye al confrontarse directamente con lo que es ("dem Seienden"), es para nosotros el fundamento más íntimo del movimiento por la Pregunta ("innerste Beweggrund des Fragens") de una Ciencia racial-popular ("völkische Wissenschaft"). El coraje nos invita a actuar, a proceder; el coraje se libera a sí mismo de tal como ha sido hasta ahora; el coraje es lo que se arriesga a lo desacostumbrado y a lo incalculable. Para nosotros, la pregunta no es un juego gratuito de la curiosidad; tampoco la insistencia porfiada en permanecer en la duda a cualquier precio. Para nosotros la pregunta significa: exponer a sí mismo la magnificiencia de las cosas y sus leyes; esto significa: no cerrarse a sí mismo apartando el terror de lo indóito y la confusión de lo oscuro. Estar seguros, esto es la causa de este preguntarse porqué preguntamos, y no nos ponemos al servicio de aquellos que crecen cansados y están complacientes consigo mismos con sus cómodas respuestas. Nosotros lo sabemos, el coraje de preguntar ("der fragende Mut"), es experimentar los abismos de la Existencia ("Dasein") y resistir lo vertiginoso, es por eso es la más alta respuesta que cualquiera de las réplicas baratas que producen los sistemas de pensamiento ("Gedankensysteme") construidos artificialmente.

Y así nosotros, a quienes la preservación de la Voluntad de nuestro Pueblo le será confiada en el futuro, declaramos: la Revolución Nacional Socialista ("nationalsozialistische Revolution") no es meramente la asunción del poder subsidente en el Estado de parte de otro partido político suficientemente mayoritario para conseguir tal objetivo; por el contrario, esta Revolución es la causa de la total transformación de nuestra Existencia como alemanes ("diese Revolution bringt die völlige Umwälzung unseres deutschen Daseins"). Desde ahora, sobre toda cosa demanda decisión y todo hecho demanda responsabilidad. Sabemos ya con certeza lo siguiente: que cuando la Voluntad de Auto-responsabilidad ("der Wille zur Selbstverantwortung") se vuelve la Ley ("Gesetz") que gobierna la coexistencia de las naciones, entonces cada pueblo puede y debe ser el Amo ("Lehrmeister") que instruye a otros pueblos en la riqueza y la fuerza de los más grandes acciones y trabajos del ser humano.

La elección que el Pueblo Alemán está por realizar, simplemente como un acontecimiento en sí mismo, independiente de su resultado, es la más decisiva manifestación de la nueva realidad alemana encarnada en el Estado Nacional Socialista ("der neuen Deutsche Wirklichtkeit des nationalsozialistischen Staates"). Nuestra Voluntad de Auto-responsabilidad popular-racial ("Wille zur völkischen Selbstverantwortung") desea que cada Pueblo encuentre y determine la grandeza y la verdad de su propio destino. Esta Voluntad es la garantía más alta de paz entre los pueblos, porque ella reúne en sí misma, la Ley básica del respeto varonil y el honor incondicional. El Führer Adolf Hitler está despertando esta Voluntad en la totalidad del Pueblo alemán y la ha aglutinado en una decisión única ("einzigen Entschluss"). ¡Nadie puede abstenerse en estas elecciones el día en que se manifiesta esta Voluntad!

¡Heil Hitler!

(Traducción: Nicolás González Varela)

CARTAS DE HANNA ARENDT Y HEIDEGGER

Martin Heidegger y Hannah Arendt

Una historia de amor comenzó en el otoño de 1924 entre un filósofo alemán en pleno ascenso, de treinta y cinco años, casado, con dos hijos, y la estudiante Hannah Arendt, judía, soltera y de dieciocho. De las 166 cartas que perduraron, cerca de las tres cuartas partes fueron escritas por Heidegger. Heidegger, miembro del partido y pro Hitler, y Hannah Arendt, que trabajó para distintas organizaciones judías y participó cuando el establecimiento del Estado de Israel en el sionismo, mantuvieron una cercanía afectiva que sus cartas testimonian en el presente.


¡Queridísima! Gracias por tu carta. Si solamente pudiera decirte cómo soy feliz contigo acompáñándote mientras tu vida y mundo se abren de nuevo. Y puedo ver apenas cuánto has entendido y cómo todo es providencial. Qué nadie aprecia jamás es cómo la experimentación consigo mismo, por esa circusntancia, todos los compromisos, técnicas, moralización, escapismo, y cerrando su crecimiento puede inhibir y torcer la providencia de Ser. Y esta distorsión gira en torno a cómo, a pesar de todos nuestros sustitutos para la "fe," no tenemos ninguna fe genuina en la existencia en sí misma y no entendemos cómo sostener cualquier cosa como esa por nosotros mismos. Esta fe en la providencia no excusa nada, y no es un escape que me permitirá terminar conmigo de una manera fácil. Solamente esa fe que como fe en en el otro es amor-puede realmente aceptar al "otro" totalmente. Cuando vi que mi alegría en tí es grande y en crecimiento, eso significa que también tengo fe en todo lo que sea tu historia. No estoy erigiendo un ideal-aún menos sería tentado jamás a educarte, o a cualquier cosa que se asemeja a eso. Por suerte, a tí, como eres y seguirás siendo con tu historia, así es cómo te quiero. Sólo así es el amor fuerte para el futuro, y no sólo el placer efímero de un momento, sólo entonces es el potencial del otro también movido y consolidado para las crisis y las luchas que siempre se presentan.

Pero tal fe también se guarda de emplear mal la confianza del otro en el amor. Amor que pueda ser feliz en el futuro ha echado raíz. El efecto de la mujer y su ser es mucho más cercano a los orígenes para nosotros, menos transparentes, por lo tanto providencial pero más fundamental. Tenemos un efecto solamente en cuanto somos capaces de dar si el regalo es aceptado siempre inmediatamente, o en su total, es una cuestión de poca importancia. Y nosotros, cuanto mucho, sólo tenemos el derecho de existir si somos capaces de que nos importe. Nosotros podemos dar solamente lo que pedimos de nosotros mismos. Y es la profundidad con la cual yo mismo puedo buscar mi propio Ser, que determina la naturaleza de mi ser hacia otros. Y ese amor es la herencia gratificante de la existencia, que puede ser. Y así es que la nueva paz se desprende de tu rostro, el reflejo no de una felicidad que flota libremente, pero sí de la resolución y la bondad en las cuales tú eres enteramente tú.


Tu Martin.



1929.

Querido Martin,

Habrás oído hablar probablemente ya de mí por otras fuentes al azar. Esto toma la ingenuidad del mensaje mío, pero no la confianza de nuestra reunión pasada en Heidelberg, una vez más nuevamente y gratificantemente consolidada. Entonces vuelvo a tí hoy con la misma seguridad y con la misma petición: no te olvides de mí, y no te olvides de cuánto y cuán profundamente nuestro amor se ha convertido en la bendición de mi vida. Este conocimiento no se puede sacudir, no hoy, cuando, como salida de mi falta de inquietud, he encontrado un hogar y un sentido de pertenecer con alguien sobre quién usted puede ser que lo entienda mejor que todos. Oigo a menudo cosas sobre usted, pero siempre con esa reserva peculiar e indirectamente, que da simplemente hablar sobre un famoso nombre-que es algo que puedo reconocer apenas. Y quisiera de hecho saber -casi tormentosamente, cómo estás, en qué estás trabajando, y cómo Freiburg te está tratando.
Beso en la frente y los ojos

Tu Hannah.

HANNAH ARENDT


El espectro de Hannah Arendt

ArendtEstos días se cumple el centenario del nacimiento de Hannah Arendt… ¿filósofa? ¿escritora? ¿politóloga? La verdad, la etiqueta es lo de menos, a pesar de que en los últimos tiempos muchos se han apuntado al carro de su redescubrimiento, será por eso del centenario y de sacar algún beneficio del mismo. Lo mejor que puede hacerse para entender a Arendt es leer, a mi entender, una obra suya que tiene mucha miga, Los orígenes del totalitarismo.

Esto es así porque, como muchas otras personas de su época, se encontró en el lugar equivocado, en el momento equivocado y rodeada de las personas equivocadas. Es penoso y peligroso el generalizado olvido actual -¿diría pasotismo voluntario?- acerca de ciertas décadas del siglo pasado. No lo olvidemos, de los errores y cenizas de aquella monstruosidad a la que llamaron la Gran Guerra, ahogada en champán y charleston en los “felices” veinte o, también, perpetuamente recordada día a día en una inflación galopante que llenó de billetes de banco los basureros de la “gloriosa” República de Weimar, nacieron algunos de los episodios más oscuros y terribles de la historia de la humanidad. Siglo XX, testigo de prodigios y esperanzas sin igual, descubrimientos médicos y científicos, de revoluciones tecnológicas sin parangón. Padre, igualmente, de los mayores monstruos imaginables, que eliminaron a millones de personas en medio de décadas de mixtura entre venganzas, negligencias y desidias innombrables.

A Hannah le tocó una parte importante de aquello y, para colmo, cometió el pecado capital más grave de cuantos podían cometerse en los años “duros” de la Europa del XX, a saber, no se posicionó ideológicamente de manera clara. ¡Sacrilegio! O eras comunista, o socialista, liberal, conservador, nazi, fascista… daba igual, todo estaba tan polarizado, marcado por los extremos que, cuando una apátrida sin ideología clara -o sea, que no se amoldaba a los fáciles esquemas establecidos- todo el mundo sospechaba de ella. Si no es comunista, será amiga de los nazis, decían algunos. ¿No condena usted a esos “comunistas”? le decían cuando estaba de moda la caza de brujas ¡Pues eso será porque es usted filocomunista! Nada, que no había manera.

Así, entre cigarrillo y cigarrillo, Hannah desarrollo sus ideas y teorías acerca del nacimiento y desarrollo de los totalitarismos que convirtieron el siglo XX en un cementerio, aquellas ideologías idealistas y basadas en la utopía “realizable” que tantos ríos de sangre hicieron brotar. Nació Johanna Arendt hace cien años, en Alemania, hija de judíos -mal asunto- quedando huérfana de padre siendo una niña. En la universidad se “colgó”, literalmente, de Martin Heidegger que, al parecer, estaba encantado de contar con aquella chavala en su cama pero que no tardó en largarla, aunque ella siempre sintió por el filósofo una gran admiración, tanta que, cuando terminó la Segunda Guerra Mundial y comenzó el proceso de desnazificación, ella se mantuvo a favor del “contaminado” Heidegger.

En el albor de los años treinta, publica su tesis doctoral, de la mano ni más ni menos que de Karl Jaspers y contrae matrimonio. Mal lugar, Alemania, en malos tiempos, había llegado Hitler al poder y ya se sabe, a los judíos ni agua. La inhabilitaron como profesora, escapa a París, se divorcia, se vuelve a casar… Son años de escapada, contactos con la resistencia, movimientos sionistas -aunque ella declaró no ser una sionista convencida, más bien circustancial- es deportada a un campo de concentración y, finalmente, logra escapar del infierno en que se ha convertido Europa, terminando en los Estados Unidos.

A partir de ahí, comienza a publicar ensayos filosóficos, muchos de ellos centrados en intentar entender cómo se podía haber llegado a esa negra situación. Pero no por haber salido del infierno iban a terminar sus problemas. Con los años, se la acusó de filocomunista allá donde el comunismo estaba mal visto, se la acusó de “amiga” de los nazis por negarse a declarar en contra de Heidegger o por sus postura en el proceso de Eichmann, cuando la acusaron de ser enemiga del sionismo. Total que, hasta su muerte a mediados de los setenta, la que durante años no tuvo patria -al escapar de Alemania perdió todo derecho y no logró el “carné” de otro país hasta pasado bastante tiempo- tuvo que luchar por tener ideas propias en momentos y lugares en los que le hubiera venido bien sumarse al carro de la mayoría, declarándose anticomunista, liberal, conservadora, nazi, sionista o lo que fuera, como hicieron muchos otros que cambiaron de chaqueta según les venía bien. Ella descubrió que la realidad no podía amoldarse a ideologías tan encorsetadas y ficticias como todas aquellas entelequias, lo que le valió el vivir en un permanente estado de incomprensión y sufrimiento.

Quizá, en todo aquel infierno ideológico, haya sido Martin Niemöller quien mejor explicó cómo pudo llegarse a tal situación. Martin, a través de unas palabras que ya se han hecho famosas -atribuidas a veces erróneamente a Bertolt Brecht- expresó asi lo que Arendt y otros muchos, en su espectral presencia hoy día quieren recordarnos:

Primero vinieron a buscar a los comunistas, y yo no era comunista así que no hablé. Después vinieron por los socialistas y los sindicalistas, pero no era lo uno ni lo otro así que no hablé. Después vinieron a por los judíos, pero yo no era judío así que no hablé. Y cuando vinieron a por mí ya no quedaba nadie que pudiera hablar por mí.

Sólo espero que el olvido y la desidia no vuelvan a convertir el mundo en un infierno insoportable como el que se sufrió entonces.

LA BANALIDAD DE LA MALDAD-HANNA ARENDT

En vez de ‘La banalidad de la maldad', como subtituló la ensayista judía Hanna Arendt su libro sobre Eichmann, se ha estrenado una obra teatral en Alemania que lleva por título ‘La banalidad del amor'. Y justo se refiere a la relación entre la misma Hanna Arendt con el filósofo alemán Martín Heidegger, quien en 1933 se afilió al partido nazi. Una relación que nadie –la mayoría– ha podido entender todavía. La autora de la obra de teatro también es judía, se llama Savyon Liebrecht y trata de interpretar en la obra de ficción esa relación entre dos personas tan distintas en sus ideologías. La obra se ha estrenado con un gran éxito de público. No es para menos.
Antes de morir, Hannah Arendt declaró: "Me siento elevada hasta hoy por Heidegger como ser pensante y como mujer". Sí, una escritora que describió como pocos la miseria absoluta de pensamiento del nazismo.
El comienzo de esa relación fue la del profesor con la alumna. Heidegger era ya, a los 35 años, en 1924, un profesor de filosofía cuyos libros habían comenzado a trascender en todo el mundo. Ella, de 17 años, era su alumna. Profesor y alumna pasaron muchas horas muy enamorados en una cabaña no muy lejana de la casa de Heidegger, quien era casado con dos hijos. La relación amorosa fue muy intensa entre 1924 y 1926, hasta que después ella se fue a estudiar a otra universidad. En 1929 Hanna se casó con el escritor Günther Anders. En 1933 ella comienza a hacer una labor muy intensa en defensa de los judíos alemanes y Heidegger se afilia al partido nazi y es elegido rector de la Universidad Albert-Ludwig.
La pregunta es: cómo un hombre de estudios y pensamientos tan profundos como Heidegger pudo apartarse tan profundamente de la ética. Nunca pidió disculpas a la humanidad por haber apoyado en ese momento a un régimen absolutamente racista y totalitario. Tal vez al quedar al desnudo su equivocación o su oportunismo podría haber declarado: sí, yo tal vez fui un genio pero no fui un sabio. Me dejé llevar por los entusiasmos (tal vez la mejor palabra sería oportunismo) de ese entonces pero no supe jugarme por los principios éticos que tienen que ser irrenunciables en todo momento, aunque sea ante el peligro de muerte, de cárcel, de pérdida de posición y más cuando se es un docente famoso. No, nunca se sintió culpable de nada.
Hanna Arendt fue presa por la Gestapo en 1933. En 1937 le fue quitada la ciudadanía alemana y finalmente emigró, primero a Francia y desde 1941 vivirá en Estados Unidos. Allí dedicó sus mejores horas a luchar contra el Holocausto y formó parte de la Reconstrucción Cultural Judía. Terminada la guerra, en 1950, Hanna volvió a visitar a Heidegger y mantuvo una nutrida correspondencia con él hasta que Heidegger murió en 1976. Además se preocupó para que los últimos libros de Heidegger se editaran en Estados Unidos y que las traducciones sean excelentes.
Pero claro, el tema no es sólo Heidegger, sino también Hanna Arendt. Ella, que vivió en carne propia toda la injusticia nazi y su total irracionalidad. Ella que asistió al juicio de Eichmann y supo describir en su libro toda la trivialidad de un asesino de masas, un autor de crímenes de lesa humanidad, pero al mismo tiempo un representante típico de un sistema al que adhirió su amado Heidegger. Cómo nos puede explicar ella que, después de la caída del nazismo, fue a visitarlo y no le pidió que reconociera públicamente haberse equivocado. No, sigue su amistad. Hanna Arendt se conforma tal vez con la única defensa de sí mismo que ensaya Heidegger: "Hitler me engañó, me traicionó". Un hombre de la inteligencia de Heidegger no puede dejarse engañar por un demagogo que ya en los años '20 basó su marcha hacia el poder con su injustificable racismo. Hanna Arendt escribirá muchos años después, buscando una interpretación, tal vez de Heidegger o tal vez de ella misma, lo siguiente: "Nosotros, que queremos honrar a los pensadores, y aunque nuestro lugar de residencia se encuentre en el centro del mundo, no podemos dejar de sentir como llamativo y al mismo tiempo enojoso que tanto Platón com Heidegger –cuando se referían a situaciones humanas– buscaran refugio en tiranos y ‘Führer'." A esa pasión ella la llamó deformation profesionelle. Y añade: "Esa inclinación hacia lo tiránico teóricamente puede adjudicárles a casi todos los grandes pensadores (Kant sería una gran excepción)". Citándolo a Heidegger continúa: "Muy pocos tenían la capacidad de asombrarse ante la sencillez... tomar ese asombro como lugar habitable... en estos pocos es últimamente igual hacia dónde nos llevan las tormentas del siglo. Porque el huracán que atraviesa el pensamiento de Heidegger –como aquel que todavía nos roza desde la voz de Platón– no tiene nada que ver con el siglo. Proviene de lo más antiguo y deja algo concluso que, como todo lo concluso, atañe al pasado".
Palabras... Para justificar a quien tal vez seguía siendo, en lo más recóndito, su amor de adolescente. O para justificarse a sí misma. Por qué para un apenas lacayo de cuarta como Eichmann, la pena de la horca, y a Heidegger, la comprensión dentro de la crítica rebuscadamente filosófica. Para Eichmann, el ejecutor, nada más que la soga al cuello. Para Heidegger –que dio el ejemplo en 1933 de afiliarse al partido nazi y así influenciar a sus miles de alumnos y de lectores en su tierra y en el mundo entero–, a él nada más que explicar todo como "una deformación profesional". ¿Es banal el amor o son banales los que justifican todo a través del amor? Una pregunta difícil de contestar. Ni el amor es banal ni la maldad es banal, aunque muchos se comportan en forma banal con expresiones profundas. (Esto no implica ninguna crítica a los títulos de la obra de Hannah Arendt ni a la obra teatral de Savyon Liebrecht, al contrario, son títulos mordaces que hacen pensar.)
Hanna Arendt escribirá en 1949 que para ella los dos más grandes filósofos de su época fueron Heidegger y Jaspers. La pregunta es: ¿a la humanidad y al propio Heidegger les sirvió de algo en la vida ser "grande", cuando se falta tan profundamente a la ética?
Pero en esa misma Alemania se demuestra lo que es la verdadera conducta ética. El 15 de enero concurrieron más de setenta mil personas (cálculo del diario principal de Berlín, Tagespiegel) a llevar claveles rojos a la tumba de Rosa Luxemburgo, a 89 años de su cobarde asesinato por militares en Berlín. Se repite así un homenaje que se cumple todos los años. No hay figura que se recuerde así, en ninguna parte del mundo. Ni grandes pensadores, ni héroes históricos, ni políticos. Es un increíble ejemplo de respeto, recuerdo y admiración por la obra y la ética de esa mujer. Sus profundos escritos acerca de cómo el mundo debía luchar por un sistema definitivo que trajera la paz eterna y terminara con las injusticias sociales deberían ser lectura en todos los últimos años de los colegios secundarios y de las universidades, y tema preferido en centros culturales. Fue pacifista y por su lucha estuvo presa en las cárceles del Kaiser casi los cuatro años de la Primera Guerra Mundial. Fue en ese tiempo fundadora del Grupo Internacional Antimilitarista. Propuso siempre la solidaridad internacional de los trabajadores y por eso sostenía que ningún trabajador alemán debía apretar el gatillo contra un trabajador francés o de cualquier otra nación. Cuando, pese a su lucha, se declaró la guerra, dijo: "Cuando escuché la noticia, pensé en suicidarme. Me di cuenta de que había vencido el oportunismo". Ese oportunismo e irracionalidad que costó la muerte de miles de jóvenes. Rosa estaba contra la violencia y señalaba que el arma fundamental para la revolución obrera debía ser la huelga general. Fue una luchadora contra la pena de muerte. Y defendía la Libertad como un fundamento absoluto de la sociedad. Su frase que más trascendió en la historia fue: "Libertad es siempre la Libertad del que piensa distinto". Durante la revolución alemana, el 15 de enero de 1919, fue detenida en el hotel Eden, y en la puerta misma el suboficial Runge le dará un culatazo en la cabeza y luego será asesinada por el teniente Souchon, que le pegó un tiro en la sien. Terminaba así esa cabeza que tantos principios profundos enseñó a la humanidad.
En el recordatorio del martes pasado, ante su tumba, se vio a jóvenes y viejos con lágrimas en los ojos. Su tumba quedó cubierta totalmente por claveles rojos que llevaron cada uno de los asistentes. Un diario tituló el acto así: "El día en que faltaron claveles rojos en Berlín". Y se escucharon las viejas canciones obreras de siglos pasados.
Un ejemplo. Es curioso: los héroes de la sociedad en sus monumentos no son recordados, amén de algún acto oficial cada cincuentenario de su muerte. Pero a Rosa Luxemburgo la recuerdan como a nadie, año tras año, después del espantoso y cobarde crimen.
Que tengan esto en cuenta todos aquellos que aman el poder por el poder mismo. La historia va filtrando y sólo quedan aquellos que dieron sus vidas por esa palabra con la que comenzamos: la Ética, que es siempre el no rotundo a la muerte y el firme sí a la Vida.
No hay amores banales, como tampoco hay crímenes banales.

HEIDEGGER :PALABRA,SILENCIO Y POLITICA

Heidegger; palabra, silencio y política
Dr. Alberto Constante - Universidad Nacional Autónoma de México
Wo aber Gefahr ist wächst
Das Rettende auch1

Hölderlin


Edmónd Jabès2 ha descrito con palabras justas esta nueva configuración del infierno en la sociedad contemporánea: “Auschwitz es el infierno donde millones de seres humanos fueron los mártires inocentes de una monstruosa empresa de inferiorización, de desvalorización, de rebajamiento sistemático del hombre ante los ojos espantados de la muerte, tan degradada ella misma, que por primera vez conoció el asco (...) Por eso las llamas que se elevaban en el humo de los hornos crematorios no eran las del infierno de San Pablo. Las llamas de Auschwitz no purificaban el alma de los deportados. Las devolvían más livianas a la nada.” Primo Levi3 también nos ofrece una imagen del infierno concentracionario4: “Esto es el infierno. Hoy, en nuestro tiempo, el infierno debe ser así, una sala grande y vacía y nosotros cansados teniendo que estar de pie, y hay un grifo que gotea y el agua no se puede beber, y esperamos algo realmente terrible y no sucede nada y sigue sin suceder nada. ¿Cómo vamos a pensar? No se puede pensar ya, es como estar ya muerto. Algunos se sientan en el suelo. El tiempo transcurre gota a gota.”

Quizá por ello podamos preguntarnos, como Forster: “¿Qué palabras utilizar para intentar describir la trama del infierno? ¿Cómo volver a los textos ejemplares de la literatura allí donde el infierno era metáfora de una realidad imaginaria cuando, en Auschwitz, se ha vuelto manifestación de lo humanamente posible? Preguntas iniciales, simples marcas de una interrogación que no cesa de crecer en una época, la nuestra, que por diversos y extraños caminos vuelve a toparse con los relatos del horror, con la presencia, tan difícil de explicar, del mal absoluto asociado con el mal de la banalidad”5. Auschwitz es mucho más que el nombre de un campo de exterminio, que el lugar en el que se focalizó la barbarie genocida del nazismo; Auschwitz concluye el itinerario maldito de un Occidente que hizo del “judío” el paradigma de lo abominable, alquimia de deicidio y contumacia, cómplices del demonio, usureros de los poderosos y apátridas preparados para la traición. El “judío” permaneció irreductible, un otro que amenazaba el dominio absoluto de la cristiandad; figura de una persistencia insoportable que insistía en sustraerse a la gramática homogeneizadora del logos occidental.

Primero se trató del “gran chantaje” formulado por San Pablo, los judíos como responsables de la postergación sin tiempo de la definitiva culminación de una historia de pecado y sufrimiento; reacios y negadores de la divinidad de Cristo que mientras persistieran en su rechazo seguirían provocando la presencia, entre los hombres, de la muerte y la penitencia6. El “judío” es quien mantiene como rehenes de su negación al conjunto de la humanidad. Trabajar para su conversión significa quebrar ese chantaje insoportable. Se trataba, para el dispositivo paulino, no de su eliminación física sino de su extraordinaria función en la economía de la salvación. Permanecer en “judío” significó un reto pero también una necesidad del propio cristianismo que, de ahí en más, tendrá a mano su chivo expiatorio, el sujeto perpetuo del desprecio, el errante por definición que ha perdido su hogar y que vaga por el mundo sin ser de ninguna parte. La figura del apátrida, del desterritorializado alcanzará un lugar prominente en la época del estado-nación, pero su sombra ya se extiende desde el vía crucis de Jesús. No existe ningún género de dudas acerca de esta realidad tan brutal que tiene sus orígenes en los capítulos 9 y 12 de la Epístola a los Romanos, donde San Pablo afirma que, con su renuncia al Mesías, los judíos toman como rehén, hasta al final de los tiempos, a la humanidad entera, algo que se convierte en su condición histórica.
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Quise empezar situando algunas premisas que contuvieran la realidad de Auschwitz porque estoy convencido con Steiner de que la crisis sufrida por Alemania en 1918 fue mucho más profunda que la de 1945. La destrucción material, las revelaciones de inhumanidad que acompañaron el desplome del Tercer Reich embotaron la imaginación alemana. Las necesidades inmediatas de la simple subsistencia absorbieron lo que la guerra había dejado de recursos intelectuales y psicológicos. El estado de una Alemania leprosa y dividida era demasiado nuevo, la atrocidad hitleriana era demasiado singular para permitir alguna crítica o revaluación filosófica coherente. La situación de 1918 fue catastrófica, pero de un modo que no sólo conservó la estabilidad del marco físico e histórico, sino que además impuso a la reflexión y la sensibilidad los hechos de autodestrucción y de continuidad en la cultura europea. La supervivencia del marco nacional, de las convenciones académicas y literarias hizo factible un discurso metafísico-poético sobre el Caos.

Esta cavilación me viene a la cabeza porque Gerardo de la Fuente advierte, al respecto del llamado “caso” Heidegger, lo que debemos preguntarnos es si la filosofía del rector nazi no es sino una forma de ambozamiento de un pensar igualmente nazi y de ahí que quedara en cuestión la posibilidad de su lectura. No es cosa menor lo que Gerardo de la Fuente nos apunta de la filosofía de Heidegger: la incapacidad de este pensador para poder decir algo no sólo de Auschwitz sino de todos los olvidados es algo que nos deja suspendidos en el dolor de la incomprensión, es decir, que el profesor del olvido del ser haya dejado del lado los olvidos irrenunciables de la humanidad.

Lyotard ya había escrito “los judíos” en un plural indeterminado, para subrayar que no habla de lo judío como hecho político, ni religioso, ni filosófico., como nos afirma Gerardo de la Fuente pero, y esta es la pregunta ¿queda algo realmente de lo judío si se deja a un lado (se olvida) que su único y hasta ahora indoblegable lugar de pertenencia es la memoria y que esa memoria no hace otra cosa que repetir el fundamento religioso de su existencia? La memoria judía se enraíza: la Torá, el Talmud y los inacabables comentarios que les dan incesante vida. Lo judío tiene un punto de partida irreductible: el pacto sin precedentes impuesto por Dios a los hombres. Desde aquel entonces todo lo que se debe hacer es no olvidarlo: Benjamin nos recuerda, junto con Scholem, que la memoria es el deber inapelable y es la condición de existencia.

La persecución a los judíos, desde siempre, tuvo como objetivo destruir la memoria: en la historia de los libros, tal vez ninguno haya sido tan condenado como el Talmud. Es probable que las cosas sean a la inversa de lo que imagina Lyotard y Europa haya sabido, siempre, qué hacer con los judíos: eliminarlos secando sus raíces, borrarlos borrando la memoria7. Podemos conjeturar que el nazismo tuvo el gesto más audaz y desesperado. Convencido de que era inútil el esfuerzo que llevaba dos mil años y creyendo que la memoria judía es indestructible, buscó la solución final: eliminar a sus portadores. Ninguna eternidad es posible si no existen seres que piensen en ella”8. San Pablo, y con él todo el cristianismo hasta la modernidad, comprendió que ese sujeto que permanecía fiel a la memoria, que habitaba un libro como si fuera una patria y lo volvía infinito y abierto, representaba el peligro, la presencia de una Otredad que el logos greco-cristiano no podía ni debía tolerar.

Fuera de la historia, ajeno al mensaje salvador de Jesús, testigo de lo intolerable por inasimilable, el “judío” atravesó la historia europea siendo el portador de una marca despreciable cuyo destino no podía ser otro que el de la asimilación o la desaparición. Quemar el Talmud fue el comienzo de una historia que culminó en la gran hecatombe de los cuerpos judíos en la gigantesca hoguera que los nazis construyeron como corolario del insostenible lugar de esa figura huidiza y extranjera en el seno de una civilización fundada en lo igual a sí mismo, es decir, en un logos doblegador incesante de toda diferencia. Auschwitz, es posible decirlo así, culminó lo que desde un comienzo habitó la conciencia cristiana, allí donde el “judío” fue definido como el responsable de la ejecución de Cristo y el causante de la postergación del fin de la historia y su corolario salvífico.

El otro, el extranjero, el judío describió su periplo por la geografía de Occidente recorriendo las tierras marginales, permaneciendo en el umbral a la espera de un tiempo continuamente postergado. Excluido pero instalado a tiro del poder, el judío constituyó en la Europa medieval ese personaje capaz de asumir en su figura demonizada todo el odio del pueblo; como si en el martirio al que fueron sometidos por turbas fanatizadas dirigidas por frailes y curas, se hubiera reproducido, en su forma contraria, el sufrimiento de Cristo. Hay ciertas frases cuyo destino en la historia contradice profundamente lo que quisieron decir sus autores. Frases que dibujan un itinerario que las aleja de su sentido original. En definitiva, no hay texto que pueda permanecer atado a un sentido pero hay algunos que se sustraen más dramáticamente a las intenciones de sus autores. Herder, por ejemplo, escribió una de ellas. Para él los judíos eran un pueblo “extranjero” en Europa, un pueblo que provenía del Asia. Claro que en Herder esta condición “extranjera” distaba de ser un reproche o de fundar una actitud de rechazo; se trataba, por el contrario, de un reconocimiento y hasta de un gesto de admiración. Los judíos alimentaban a Europa con su originalidad, su condición “extranjera” se volvía un beneficio.

Y sin embargo, Europa no leyó con ese espíritu la frase de Herder, no quiso reconocer en ella el punto de encuentro de dos culturas ni la deuda contraída con el judaísmo. El judío se volvió literalmente “extranjero” en Europa, es decir, un otro negado y rechazado, un errante sin patria ni raíces. El “extranjero” fue la viva imagen, desde entonces, del temor ante el diferente. Lejos quedaba el significado bíblico del “extranjero” como aquel al que hay que ofrecerle albergue y al que hay que cuidar; sentido que todavía aparece en Herder pero que se vuelve inactual en su interpretación posterior.

“El otro” como noción ha llevado a los propios judíos a tener que clausurar cualquier referencia a su condición genuina de “extranjeros” para volverse “nacionales”: judeo-alemanes, judeo-franceses, judeo-norteamericanos, judeo-argentinos, judeo-mexicanos y hasta judeo-israelíes, sin que ese pasaje haya impedido la continuidad del rechazo y, en pleno siglo XX, la tragedia del judaísmo europeo. Ya no hay lugar para lo simplemente judío, para aquello que representaba, según Herder, lo creativo y original, su presencia como “extranjeros” que son capaces de preñar otra cultura con su propio genio. Claro que Herder concluirá con la idea de que esa historia debe confluir, y negarse, en la nueva historia del presente. Se trata, tal vez, de que Europa vio desde siempre al judío como el portador de una amenaza, como aquel otro que se internaba en su seno sosteniendo una visión del mundo irreductible al universalismo de la razón greco-cristiano-ilustrada9.
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Cuando uno se pregunta por esa suerte de complot de silencio que se levantó antes, durante y después de la Shoah parece no haber respuesta. Ese no hacer nada ante la muerte que se levantó en el corazón de Europa sigue marcando a fuego el fracaso de la racionalidad occidental y de sus promesas liberadoras. La destrucción de los judíos en los campos significó, también, el doblegamiento de la civilización occidental a la lógica del mal absoluto que no eludió sus raíces logocéntricas sino que las llevó a su extremo. Ese lugar imposible del “extranjero”, esa incapacidad de Europa de ser “hospitalaria” cala hondo en el devenir histórico del antisemitismo, entendiéndolo como el síntoma de una cultura imperial, universalista y reductora de toda diferencia. De la ecumene cristiana soñada por Pablo, pasando por la Iglesia medieval y el universalismo ilustrado, lo que quedó en el fondo del túnel fue Auschwitz, que no sólo representa el fin del judaísmo europeo sino que también supone la quiebra moral de toda una civilización. Descuidar, a la hora de intentar penetrar en los horrores de la Shoah, el largo proceso de construcción del imaginario antisemita tratando exclusivamente de limitar la lógica del exterminio al irracionalismo hitleriano, o al silencio de Heidegger ante Auschwitz, es perder de vista las condiciones que hicieron posible que pudiera destrozarse al judaísmo europeo sin que prácticamente nadie se haya opuesto. No obstante, Laura Himsworth, en una investigación, ha señalado que: “Fearing civil disorder, the Nazis once unexpectedly bowed to a public protest in Berlin and freed 2,000 Jewish husbands of Aryan wives”10. Asimismo, tampoco se podía protestar debido a que estaba prohibido agruparse abiertamente si no estaba relacionado con eventos del partido. Cualquier infracción a la ley se castigaba con la pena de muerte. “The White Rose group also began painting anti-Nazi slogans on the sides of houses. This included "Down With Hitler", "Hitler Mass Murderer" and "Freedom". They also painted crossed-out swastikas.” Más addelante sigue: ”The three members of the White Rose group appeared before the People's Court judge, Roland Friesler, on 20th February. Found guilty of sedition they were executed by guillotine a few hours later. Just before he was executed Hans Scholl shouted out: "Long live freedom!"11. “When the Nazi government escalated its attack on Jews by destroying their property, killing ninety, and sending thirty thousand to concentration camps during the infamous "Kristallnacht" on November 9-10, 1938, workers distributed tens of thousands of leaflets protesting Kristallnacht, and millions of other anti-Nazi leaflets. Red flags flew defiantly over factories, and posters attacked the regime. In working class districts, youth gangs painted anti-Nazi graffiti and regularly beat up members of the Hitler Youth.12 De igual forma, “Later, even with three million political prisoners in the camps, workers still refused to make peace with the regime. Industrialists reported thousands of examples of slowdowns, stoppages, and sabotage, as well as some strikes and mass protest meetings. During the war, the Krupp corporation alone reported to the Gestapo some five thousand examples of such "treason." Most work stoppages, the Nazis believed, were used as a safe way to protest their rule.”13

No habría que olvidar que cada vez que los alemanes tuvieron oportunidad de votar en contra de Hitler la gran mayoría así lo hizo: “Hitler ran for President in March, 1932 and got only 30% of the vote; in the run-off election the next month he got only 37%, versus 53% for the incumbent Field Marshal von Hindenburg”14. La Liga de las Naciones fue uno de los organismos en protestar ante la situación de los judíos en los ghettos, hubo boicots en los Estados Unidos y diferentes uniones en los mismos Estados Unidos como en otros países (Inglaterra y en la zona de palestina) ayudaron a los judíos a escapar.

Desde luego que no deja de ser significativo y ejemplar, como nos lo dice Gerardo de la Fuente, por lo que ha implicado para la propia tradición filosófica, el silencio de Heidegger ante el exterminio de los judíos a manos de aquellos que instalaron su concepción homicida en el corazón de Alemania15. Lyotard ha intentado indagar en el silencio del autor de Sein und Zeit: cuando apunta que “el crimen de esta política reside no tanto en el compromiso nacionalsocialista del rector de Friburgo como en el silencio observado hasta el final por el pensador de Todtnauberg sobre el exterminio de los judíos (...). De ahí la paradoja, y hasta el escándalo: cómo pudo este pensamiento absolutamente dedicado a recordar lo que hay de olvido en todo pensamiento, en todo arte, en toda ‘representación’ del mundo, ignorar el pensamiento de ‘los judíos’, que en cierto sentido no piensa, no intenta pensar, más que eso; olvidarlo e ignorarlo hasta el punto de que calla hasta el final, que niega, la tentativa horripilante (e inane) de exterminar, de hacer olvidar para siempre lo que en Europa recuerda, desde el comienzo, que ‘hay’ Olvidado”16.

“Olvido” de aquellos que han tejido su marcha por la historia con los hilos de la memoria; de aquellos que no pudieron sustraerse al mandato, a la Ley, al recuerdo. Es cierto, todo el pensamiento de Heidegger no tiene una sola palabra para nombrar a los olvidados de esa historia de sustracciones17. Heidegger calla. He ahí su complicidad. Lo demás, y estoy de acuerdo con Lacoue-Labarthe, con Lyotard y con Gerardo de la Fuente, es menos relevante y hasta puede ser atribuido a un error político como quiere Walter Biemel18 y tantos otros; lo que no puede obviarse es su silencio posterior, ante esto yo tampoco tengo palabras. Esto, por supuesto, es evadir o falsear lo obvio.

Los pronunciamientos de Heidegger sobre el Verjudung, la “infección del judaísmo” en la vida espiritual alemana, son anteriores a la ascensión de Hitler al poder. Los discursos que pronunció en 1933 y 1934 elogiando al nuevo régimen, su trascendente legitimidad y la misión del Führer, perduran en la ignominia, así como la decisión de Heidegger de reimprimirlos —orgulloso de su integridad— en una edición de 1953 de su Introducción a la metafísica, la famosa definición de los altos ideales del nacionalsocialismo. Otra máxima, aún más célebre, ocurrió en una de las lecturas que Heidegger pronunció en Bremen en 1949. Ahí, Heidegger equipara la masacre de seres humanos (Heidegger evade tímidamente la palabra “judíos”) con la agricultura en serie y la tecnología moderna. Como la entrevista publicada por Der Spiegel en 1966 deja en claro, Heidegger simplemente no estaba dispuesto a expresar cualquier opinión directa sobre el Holocausto o sobre el papel que él desempeñó en la miasma retórica y espiritual del nazismo. El de él era un silencio formidablemente astuto. Permitió a Lacan declarar que el pensamiento de Heidegger era “el más encumbrado del mundo” e hizo posible que Foucault basara su modelo de la “muerte del individuo” en el “post humanismo” heideggeriano.

Y, sin embargo, ¿deberíamos esperar una reflexión política cada vez que se publica o se debate un texto de Heidegger? ¿Deberíamos incluso exigir algún tipo de estrella negra, o protocolos o prólogos de rechazo, como ocurrió no hace mucho con algunas ediciones de Mein Kampf que rezaban así: “Por favor, no lean esto”? El problema es que el pensamiento de Heidegger influyó enormemente en el pensamiento contemporáneo, y que el efecto del nazismo todavía perdura. En efecto, Heidegger fue nazi y que los llamados “errores” de Heidegger pertenecen a los dos primeros años del régimen nacionalsocialista a partir de enero de 1933, pero estoy de acuerdo con Luis Tamayo en que Heidegger no fue el único en mostrar entusiasmo por el nuevo régimen como lo muestra el incremento del apoyo popular al partido: 2.6 por ciento en 1928 y un 43.9 por ciento en marzo de 1933. Heidegger tuvo que saberlo: en febrero de 1933, el incendio del Reichstag sancionó la ilegalidad del partido comunista; en marzo, la Ley de Habilitación instauró unos poderes de emergencia permanentes; en abril, se prohibieron a los judíos acceder a la administración pública, a los clubes deportivos y a otras instituciones; se lanzó una campaña contra los negocios judíos; en mayo, fueron los sindicatos alemanes; en julio, de prohibieron todos los demás partidos políticos y se estableció la esterilización forzosa. Heidegger dimitió de su cargo de rector en 1934 y también dimitieron sus discursos pro nazi.

Por el lado de la Filosofía me cuesta encontrar esos vasos comunicantes que, por ejemplo, Farías, con su malvado libro quiso encontrar, pues las primeras inquietudes de Heidegger tuvieron relación con la teología y con la filosofía griega antigua; luego Aristóteles, Platón, San Agustín, la escolástica medieval, Lutero, Pascal, Kant, Kierkegaard, Dostoievsky, Nietzsche, Dilthey, el Conde de York, Brentano, Husserl, no creo que hubieran sido fundamentales para el nazismo, pero sí para Sein und Zeit.

¿Qué relación puede existir entre el pensamiento teórico de Heidegger y su apoyo público al nacional-socialismo? Estas reacciones se pueden considerar como motivadas por una valoración ética de la relación entre vida y obra de un filósofo. Algunos creen que la conducta moral de los científicos en nada afecta al resultado de las investigaciones, mientras que para ese tipo especial de intelectual que sería el filósofo el vivir sus ideas es lo que los hace atractivos o repulsivos y permitiría la formación de escuelas. Independientemente de que la cuestión si la filosofía sea o no inseparable de nuestro modo de vivir, que es en otros términos, el antiguo problema entre teoría y praxis, normalmente se considera que el filósofo debe actuar 'en consecuencia' con lo que dice y piensa. Hay pensadores como Habermas que sostienen que la teoría inevitablemente está traspasada y en algún sentido, dirigida por los intereses, creencias y deseos del investigador, incluso en las así llamadas ciencias 'duras'.

Yo tengo algunas observaciones que me parecen necesarias: A) Heidegger realiza la crítica de la modernidad entendida como una apuesta filosófica por la subjetividad. En este sentido Heidegger ve en los fenómenos políticos y militares del totalitarismo la “consumación de la dominación moderno-europea del mundo”. Habla de la lucha por la ilimitada utilización de la Tierra como fuente de materias primas y por un uso, sin ilusiones, del material humano al servicio de una incondicionada potenciación de la “voluntad de poder". Esta racionalidad “totalitaria” y excluyente es el último período del nihilismo moderno, un giro donde se expresa una racionalidad funcionalista específicamente moderna que ha venido radicalizándose desde Descartes hasta Nietzsche. El hombre es el sub-iectum a toda objetualización, por tanto, se convierte en la medida y el centro del ente. La crítica de Heidegger va dirigida a una razón centrada en el sujeto, en ella ve su lado autoritario. La reacción de Heidegger frente a la centralidad del sujeto es una arremetida frontal contra toda forma de aparición de la razón como fundamento o no fundamento de la existencia humana. Para él daría igual, en esta etapa, el positivismo, el racismo o el nacionalismo en la medida que los ve como intentos de autopotenciación de la razón.

B) Heidegger se mueve dentro del horizonte de la conciencia moderna en la medida que el comienzo de la modernidad se caracteriza por una “censura epocal” datada ab initium en el pensamiento de Descartes y luego radicalizada por Nietzsche. La modernidad sería el tiempo “novísimo” que se autocomprende como ruptura con las raíces heteronómicas del pasado y un nuevo comenzar para el pensar y la acción. La actualidad es vista como 'crisis' que puede resultar en una 'clausura de la historia occidental' o apertura a un 'nuevo comienzo. Se trata de decidir: "Si a Occidente le queda todavía aliento para crearse una meta por encima de sí y de su historia, o si prefiere hundirse”.

C) Ser y Tiempo es una obra filosóficamente combativa, ella rompe denodadamente con cualquier esencialismo, con los empirismos y racionalismos de todo cuño; pone en cuestión el concepto de sujeto que fundamenta a la modernidad para dar una “vuelta de tuerca” al quehacer filosófico. Incluso los malhadados conceptos de auténtico o inauténtico que Adorno cree cercanos al fascismo y que para él contribuyeron al dominio social y autoritario de la época de los sesentas corresponden más a una teoría del héroe que a un buen o mal nazi.

D) Contra las interpretaciones de aquellos que consideran que éste fue un “error” o un “desliz” luego corregido con su renuncia, podemos propone que el apoyo al nazismo está profundamente arraigado y es una consecuencia del pensamiento teórico de Heidegger; en este caso, que el nazismo no era una “aberración” del desarrollo “normal” del capitalismo, sino que como exceso revelaba la verdad del sistema. La “grandeza interior” del movimiento nazi estaba en que expresaba la realización del encuentro entre el hombre moderno y la tecnología. Su desilusión se debió en parte a que Heidegger consideraba que la ideología biologicista y racista actuaba como legitimación del nazismo, opacando su capacidad de revelar la esencia del hombre moderno.

E) En general, para vislumbrar la posición de Heidegger respecto del nacionalsocialismo y su silencio ante la Shoa, puede comprenderse a partir de un análisis riguroso de las premisas que instituyen Ser y Tiempo pues en todo momento existe la confusión entre lo óntico y lo ontológico y esto no es cualquier cosa pues el planteamiento ontológico aleja los conocimientos ónticos como los de la economía y, sobre todo, de la política.

F) Por otro lado, dotado de una sintaxis peculiarmente móvil y con la capacidad de fragmentar o de fundir palabras y raíces de palabras casi a su capricho, el alemán puede elegir solidaridades en su pasado, con el Maister Eckhardt, con Böhme, con Hölderlin, el Stern der Erlösung, los escritos mesiánicos de Bloch, las exégesis de Barth y, ante todo, Sein und Zeit son discursos-actos de la índole más revolucionaria. Tan sólo en este contexto lingüístico y emotivo resulta inteligible el método de Heidegger. Sein und Zeit es un producto inmensamente original, pero tiene claras afinidades con una constelación de lo apocalíptico. Como estas obras, superaría al lenguaje del pasado inmediato alemán y forjaría una nueva habla tanto por virtud de su invención radical cuanto por un retorno selectivo a fuentes “olvidadas”. Probablemente, Karl Löwith fue el primero en observar las similitudes de retórica y visión ontológica que relacionan el Stern der Erlösung con Sein und Zeit. Los giros del lenguaje y pensamiento de Karl Barth, especialmente la dialéctica de la ocultación y la revelación divinas, tiene su correspondencia en Heidegger cuando habla de la verdad, del ser, del fenómeno, del acontecer. En ambos textos, un violento existencialismo por referencia al enigmático “arrojamiento” del hombre a la vida acompaña a un sentido no menos violento de iluminación, de presencia “más allá” de lo existente. Como nos dice Steiner, “el lenguaje de Heidegger, totalmente inseparable de su filosofía y de los problemas que ésta plantea, debe verse como un fenómeno característico que brota de las circunstancias de Alemania entre el cataclismo de 1918 y el ascenso del nacionalsocialismo al poder. Muchas de las dificultades que experimentamos al tratar de oír y de interpretar hoy ese lenguaje brotan directamente de su intemporalidad, del hecho de que, inevitablemente tratamos de aplicar nuestra conciencia de la historia y del discurso tal como se desarrollaron durante las décadas de los años cuarenta y cincuenta a un anterior mundo del habla”19.

Cabalmente Gadamer nos habla del Wortgenie, o “genio de la palabra” de Heidegger. El pequeño mago de Messkirch puede sentir y seguir las etimológicas “arterias hasta la roca primigenia del lenguaje”. El autor de Sein und Zeit, de las conferencias sobre el significado de la metafísica, de la Carta sobre el humanismo, de los comentarios sobre Nietzsche, Hölderlin o Schelling, es, como Platón y como Nietzsche, un estilista de incomparable potencia. Su manejo del lenguaje, esa forma tan peculiarísima de construir hasta llevarnos a una serie de resonancias misteriosas, engendraron el posestructuralismo y el deconstruccionismo. Heidegger pertenece a la historia del lenguaje y de la literatura tanto como a la de la ontología, de la epistemología fenomenológica, la estética y la hermenéutica.

G) Solamente en un nuevo giro de su pensamiento, en su discusión con Nietzsche acerca del poder, Heidegger elabora su concepto de la técnica como Gestell y considerar al fascismo (tanto como al 'americanismo' y al comunismo), síntomas de la dominación metafísica ejercida por la técnica. En esta etapa tanto el Dasein que se afirma a sí mismo como el colectivismo nacionalista pierden su poder de abrir el Ser. La autoafirmación es vista ahora como pathos que es el rasgo fundamental que domina la modernidad. "En la segunda filosofía de Heidegger ese pathos es sustituido por el pathos del dejar-ser y de la obediencia", como dice Habermas

Sabemos, gracias a Guido Schneeberger (1962); Otto Pöggeler (1987); Hugo Ott (1988) y Rüdiger Safranski (1994), y los anteriores como Lukács (1953), Habermas (1953), Adorno (1964) y Pierre Bourdieu (1975) que el affaire Heidegger no fue un desafortunado accidente sino que utilizó su puesto de rector para una incursión explícita y enérgica en el escenario político. Sus discursos fueron evidencia de su ambición política y el “Sieg Heil”, que aún resuenan en nuestros tímpanos ontológicos, lo refrenda, pero ¿lo es su filosofía? Deleuze, Foucault, Guattari, Derrida y Lacan, aunque con distintos acentos, fueron influidos por la filosofía de Heidegger. Las obras de estos pensadores presentan implicaciones políticas complejas y ellas han influido en contextos políticos declaradamente de izquierdas como los movimientos antipsiquiatría, los discursos feministas, la teoría del queer, entre otros. ¿Son todos ellos, por omisión, nazis? Que el núcleo de la filosofía heideggeriana sea nazi es una conclusión que la mayoría de los filósofos considera poco rigurosa y antojadiza. Excede los límites de la hermenéutica, porque entra a juzgar y a sacar conclusiones prematuras. No sólo es un juicio, sino que un prejuicio.

Heidegger no habló nunca de Auschwitz, es cierto, pero esto no quiere decir que, como nos lo hace ver Derrida, su filosofía no fuera partícipe de una política de democracia y justicia que nos parece impensable. Derrida resalta la “monstruosidad” del nazismo de Heidegger, pero el pensamiento de Heidegger no puede rechazarse, al contrario, puede aplicarse, según Derrida, al nazismo de Heidegger. La deconstrucción de Derrida adopta la idea de Heidegger de “superar” la metafísica buscando alterar, interrumpir o desestabilizar los conceptos fundacionales, métodos y procedimientos de la filosofía y es ese pensamiento desestabilizador lo que tiene que ejercer presión sobre la política de Heidegger.

Esto es: el pensamiento metafísico trata de deslindar territorios a fin de que todo quede límpidamente claro, nítido a fin de que cada cosa esté en su lugar; es, de hecho, un pensamiento que opone pues siempre está estableciendo algo contra algo, la verdad contra el error, el totalitarismo contra la democracia, tal es así porque lo que necesitamos es una certeza conceptual, tal y como nos la pedía el viejo Parménides y Descartes y Husserl. La deconstrucción insiste en las contaminaciones que colisionan y alteran los límites, ella pone de relieve fórmulas que no encajan exactamente en esos opuestos y que son subversivamente impredecibles. Estos recursos inspirados por Heidegger suelen influir en el pensamiento que indaga en el nazismo de Heidegger. ¿Y si nuestra noción de nazismo fuera uno de esos conceptos con los que la metafísica se afirma, con qué estaríamos tratando?

Lo que nos llegan son discursos nazis y antinazis entrelazados, compartiendo sus rasgos, operando en una red de complicidad, aun sin quererlo. Entonces, no podríamos decir qué fue el nazismo. De ninguna manera se quiere perdonar o construir un velo para dejar de lado el horror de Auschwitz, sino sólo comprender desde otras categorías eso que Gerardo de la Fuente, junto con otros, llama el “Caso Heidegger”. Lo que es interesante es que al analizar Derrida el discurso inaugural del rector Heidegger se encuentra con el lenguaje de la metafísica. No puedo ahondar más en este punto. Sólo diré que la defensa del judío Derrida del nazi Heidegger es la más contundente y extraña resistencia al nazismo inspirada por el propio Heidegger.

No se trata necesariamente de valoraciones equivocadas. Sobre todo porque cada vez más el pensamiento de Heidegger apuntala el desarrollo de la filosofía moderna. El post estructuralismo, la deconstrucción —Derrida habla conmovedoramente de que Heidegger lo “ampara”— y el posmodernismo son variaciones, incluso artificiosas, de la colosal obra de Heidegger. “Heidegger es, por supuesto, incomparable”, enseñaba en sus clases Leo Strauss, a la vez que prohibía mencionar el nombre de Heidegger en su seminario. El asunto sigue siendo inmensamente complicado. Sin duda hay vulgaridades y omisiones en muchas de las violentas embestidas “liberales” con que se ataca la reputación de Heidegger. Las líneas que relacionan su “nazismo privado”, una brillante definición a la que llegaron las autoridades de Berlín a finales de 1933, con los argumentos ontológicos actuales y con las revisiones de Aristóteles y Kant, todavía no han sido ventiladas con una precisión responsable. En lo que no hay duda es en la gravedad del caso, en lo profundo de las implicaciones de Heidegger en la catástrofe alemana, o en las tácticas de evasión con las que se aseguró su estatus después de 1945 y en que se erigió su encumbramiento global. Los sofismas de France-Lanord en su Paul Celan et Martin Heidegger le hacen flaco honor a Heidegger.

Finalmente, negar a Jünger por su apoyo temprano a los nazis o a Ezra Pound, Jung, Cioran, Céline20, Pierre Drieu La Rochelle, Lucien Rebatet, Robert Brasillach y finalmente Heidegger, es olvidar que esas circunstancias históricas, si bien no deben repetirse, son sucesos que marcan la vida de los hombres, los destinos de los pueblos, el derrotero de camino pero que, en ningún caso eliminan o determinan el valor de las obras de estos pensadores que trascienden el desideratum político. En el fondo, se trata de entender que no puede dejar de leerse a un Francis Bacon por haber sido un funcionario corrupto o a un Jenofonte por servir como soldado mercenario en una guerra interna en Persia.



1 “Pero cuando aparece el peligro/Ahí crece también el poder de salvación”
2 Edmónd Jabès, “El infierno de Dante”, Nombres, año III, Núm. 3, Córdoba, sept. de 1993, p. 132.
3 Primo Levi, Si esto es un hombre, Muchnik, Barcelona, 1995, p. 32.
4 El infierno concentracionario es una concepción del espacio humano con el que se analiza antropológicamente a las diversas formas del totalitarismo, es de hecho, un territorio estable y sostenido en el tiempo, un "territorio" de excepción en el que "todo puede ocurrir", sin referencias externas. El campo no siempre está del otro lado del alambrado. El universo concentracionario es la rúbrica de nuestro tiempo. El universo concentracionario es en acto el mundo alternativo en que los seres humanos son ya superfluos por entero, están de más, sobran.
5 Ricardo Forster, “Después de Auschwitz: la persistencia de la barbarie”,
www.ifs.csic.es/holocaus/textos
6 En su Epístola a los Romanos San Pablo despliega con especial intensidad la concepción del pueblo cristiano como rehén del “endurecimiento” judío y del rechazo de la condición mesiánica de Jesús. En 9: 6-13 el apóstol destaca la sumisión de los hijos de Israel a los portadores del mensaje de Cristo: “El mayor servirá al menor, como dice la escritura: Amé a Jacob y odié a Esaú.” La controvertida figura del hermano mayor que en la mayoría de los ejemplos bíblicos representa lo pervertido frente a la iluminante presencia del hermano menor (basta recordar el arquetipo originario señalado por Caín y Abel. Continúa la Epístola remarcando el endurecimiento de Israel, su profunda incomprensión del mensaje de Cristo (11: 5-10) culminando en ese texto que definió el lugar del judío en la economía de la salvación cristiana: “Pues no quiero que ignoréis, hermanos, este misterio, no sea que presumáis de sabios: el endurecimiento parcial que sobrevino a Israel, durará hasta que entre la totalidad de los gentiles, y así, todo Israel será salvo, como dice la Escritura: Vendrá de Sión el Libertador; alejará de Jacob las impiedades. Y ésta será mi Alianza con ellos, cuando haya borrado sus pecados.” (11: 25-27) [Biblia de Jerusalén, Bilbao, 1975, Nueva edición totalmente revisada y aumentada]. Podríamos decir que el cristianismo necesitó al “judío”, el nacionalsocialismo, en la época de la secularización y la muerte de Dios, ya no necesitará la presencia del pueblo errante, su destino quedará sellado allí donde el crepúsculo de lo sagrado liberó a la conciencia europea, particularmente la alemana, de los destellos de la teología paulina que, como lo hemos señalado, les otorgó a los hijos de Israel un lugar, terrible y precario pero lugar al fin, en la economía de la salvación.
7 J-F Lyotard, Heidegger y “Los Judíos”, ed. La marca, Buenos Aires, 1996, p. 17. Lyotard plantea esta cuestión del siguiente modo: “Lo más real de los judíos reales es que Europa, por lo menos, no sabe qué hacer con ellos: cristiana, exige su conversión; monárquica, los expulsa; republicana, los integra; nazi, los extermina. ‘Los judíos’ son el objeto del no ha lugar por el que los judíos, en particular, son golpeados realmente.”
8 Héctor Schmucler, “Formas del olvido”, Confines, Núm. 1, 1995.
9 Reyes Mate ha señalado la tendencia de la tradición cristiana, asumida luego por la ilustrada, de volver literalmente intolerable para su universalidad el lugar descentrado del judío: “La racionalidad occidental lleva el sello cristiano. Y por mucha secularización que se le eche, el sello sigue denotando el origen. Esa secularización, sin embargo, es tan profunda que la referencia al origen puede pasar inadvertida a cualquier post-cristiano, es decir, a cualquier hombre moderno. Pero no al judío.” Reyes Mate, Memoria de Occidente. Actualidad de pensadores judíos olvidados, Anthropos, Barcelona, 1997, p. 16.
10 Cfr. Laura Himsworth, Germans examine rare protest against Nazis, Reuters, http://uk.news.yahoo.com/040430/325/esh3z.html
11 White Rose Group, que fue una asociación formada por estudiantes de la Universidad de Munich en 1941. “It is believed that the group was formed after August von Galen, the Archbishop of Munster, spoke out in a sermon against the Nazi practice of euthanasia (the killing of those considered by the Nazis as genetically unsuitable)”. Cfr. http://www.spartacus.schoolnet.co.uk/GERwhiterose.htm
12 Ídem
13 http://interversity.org/lists/arn-l/archives/Jun2000/msg00480.html
14 http://newdemocracyworld.org/facing.htm
15 Vid., Reyes Mate, Heidegger y el judaísmo, Anthropos, Barcelona, 1998. Un libro que nos sirve para profundizar en una comparación entre la filosofía de Heidegger y el pensamiento judío, principalmente con el de Rosenzweig y Benjamin. De igual manera, para indagar la posible postura de Heidegger ante el exterminio y la terrible lógica de la Solución final, es muy sugerente el libro de J. L. Nancy, La experiencia de la libertad, Paidós, Barcelona, 1996, y los libros de Philippe Lacoue-Labarthe, La poésie comme expérience, Bourgois, París, 1986, p. 167, y La fiction du politique, Bourgois, París, 1988.
16 J-F. Lyotard, op. cit., p. 18
17 Sería bueno aclarar que el despliegue histórico de las políticas del olvido concluyó, no azarosamente, con el exterminio judío a manos de los nazis; como si en ese gesto milenario -cristiano, monárquico, republicano o nazi- ya hubiera estado, desde el principio, escrito el destino de los olvidados: el exterminio.
18 Walter Biemel, Martin Heidegger an Illustrated Study, Routledge y Kegan Paul, Londres, 1977. La influencia de Heidegger ya había penetrado en el pensamiento francés a lo largo de la década de los cuarenta. En diversos sentidos, Ser y tiempo fue considerado fundamental por Levinas, por Sartre y, más tarde, por Derrida. Jean Beaufret se volvió el portavoz del maestro de Messkirch. A pesar de la evidencia adversa, la guardia pretoriana francesa se agrupó en torno a la reputación política y humana de Heidegger. Hadrien France-Lanord es, con mucho, miembro de esta camarilla protectora y apologética. Por consiguiente, su tratamiento de la figura total de Heidegger, sin duda compleja, raya en el escándalo. Según él, la relación de Heidegger con el nazismo fue un breve “error”, esencialmente finiquitado y enmendado por su renuncia a la rectoría de la Universidad de Friburgo después de diez meses decepcionantes. Al cabo de lo cual, su permanencia fue una resistencia estoica, un esfuerzo incomparablemente profundo y clarividente por comprender al nazismo como un elemento de la enorme catástrofe del nihilismo occidental y de la tecnocratización. En el fondo, Heidegger nunca “olvidó su falta” pero eligió integrarla dentro de una crítica del destino del Ser, con lo cual el suyo fue un entendimiento único, profético. Los detractores de Heidegger son charlatanes malévolos o ideólogos contaminados con obsesiones radicales pro semitas.
19 George Steiner, Heidegger, Ed. FCE, México, 2000, p. 27
20 Maurice Sachs, fue uno de entre varios escritores franceses que se prestó a la colaboración con los nazis para denunciar a los judíos. Quizá fue uno de los más abyectos habida cuenta de que su condición de judío no le impidió convertirse en delator de los nazis.