sábado, 18 de julio de 2009

Salomón y la Francmasonería

Salomón y la Francmasonería

El nombre Salomón puede ser dividido en tres sílabas, SOL-OM-ÓN, simbolizando la luz, la gloria, y la verdad colectivamente y respectivamente. El Templo de Salomón es, por lo tanto, primero de todo "la Casa de la Luz Eterna," su símbolo terrenal que es el templo de piedra en la cumbre del Monte Moriah. Según las enseñanzas de Misterio, hay tres Templos de Salomón - cuando hay tres Grandes Maestros, tres Testigos, y tres Templos de la Transfiguración.
El primer templo es la Magnífica Casa del Universo, en medio del cual sienta el sol (SOL) sobre su trono de oro. Los doce signos del Zodíaco como Artesanos del mismo tipo se juntan alrededor de su señor brillante. Tres luces - los estelares, el solar, y el lunar – iluminan este Templo Cósmico. Acompañado por su séquito de planetas, lunas, y asteroides, este Rey Divino (SOL-omon), cuya gloria ningún monarca terrenal igualará alguna vez, pases en la pompa majestuosa abajo las avenidas de espacio. Mientras que Hiram representa la luz física activa del sol, SOLomon significa su refulgencia invisible pero todo poderoso, espiritual e intelectual.

El segundo templo simbólico es el cuerpo humano - la Pequeña Casa hecha en la imagen de la Gran Casa Universal. ¿Conózcales no," preguntó el Apóstol Paulo, esto ustedes son el templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en usted? La francmasonería dentro de un templo de piedra no puede ser además de especulativo, pero la Francmasonería dentro del templo vivo del cuerpo es vigente.
El tercer templo simbólico es la Casa Solar, una estructura invisible, la comprensión de que es Francmasónica supremo arcano. El misterio de este edificio intangible es ocultado bajo la alegoría del Soma Psuchicon, o Ropa de Boda descrita por San Pablo, los Trajes de Gloria del Sumo Sacerdote de Israel, el Traje Amarillo del monje budista, y el Traje de Azul y de Oro a que Albert Pike se refiere en su Simbolismo. El alma, construida de una sustancia encendida invisible, un metal de oro que arde, es echada por el Trabajador de Maestro, Hiram Abiff, en el molde de arcilla (el cuerpo físico) y es llamada el Mar de Bronce. El templo del alma humana es construido por tres Maestros Masones que personifican Sabiduría, Amor, y Servicio, y cuando construido según la Ley de la Vida el espíritu de Dios mora en el Santo lugar de eso.
El Templo Solar es la Casa Eterna verdadera, y él que puede levantar el molde es un Maestro Mason en efecto. El Templo de Salomón es una representación en la miniatura del Templo Universal; acerca de este punto, A. E. Waite, en Nueva Enciclopedia de la Francmasonería, escribe: es macrocósmico en el carácter, de modo que el Templo sea un símbolo del universo, un tipo de manifestación sí mismo. Salomón, el Espíritu de la Iluminación Universal - mental, espiritual, moral, y físico - es personificado en el rey de una nación terrenal.
Mientras una gran regla por aquel nombre puede haber construido un templo, él que considera que la historia únicamente de su ángulo histórico nunca quitará la basura que cubre las bóvedas secretas. La tierra es interpolada materia en la forma de símbolos superficiales, alegorías, y grados que no tienen ninguna parte legítima en los Misterios de Francmasónicos originales. Acerca de la pérdida de la llave esotérica verdadera a secretos Masónicos, Albert Pike escribe:
"Nadie viaja ahora 'del lugar alto de Cabaon al suelo que trilla de Omán el Yebusite,' ni ha visto, 'su Maestro, vestido de azul y de oro;' tampoco pagan más tiempo a aprendices y Artes del mismo tipo en sus Columnas respectivas; tampoco el Maestro trabaja el instrumento el Bordo de Trazado, tampoco él usa con su trabajo 'Creta, Carbón de leña, y un Buque de Tierra,' ni hace al Aprendiz, haciéndose un Arte del mismo tipo, pase del cuadrado a la brújula; para los sentidos de estas frases cuando los símbolos han sido mucho tiempo perdidos."

Según Rabinos antiguos, Salomón era iniciado de las escuelas de Misterio y el templo que él construyó era realmente una casa de iniciación contenía acumulan de emblemas filosóficos y fálicos paganos. Las granadas, las columnas encabezadas por palma, los Pilares antes de la puerta, el querubín babilonio, y el arreglo de las cámaras y pañerías todos indican el templo para haber sido modelado después de los santuarios de Egipto y Atlántida. Isaac Myer, en la Cábala, hace la observación siguiente:

Salomón grabó en las paredes de su Templo, las semejanzas de los principios machos y femeninos, a alúmbrate este misterio; tal, es dicho, eran las figuras del querubín. Este no era, sin embargo, en la obediencia a las palabras del Torah. Ellos eran simbólicos del Superior, el espiritual, el antiguo o fabricante, positivo o macho, y el más Abajo, el pasivo, la negativa o femenino, formado o hecho por el primer."
La Masonería vino al menor de Asia y África del Norte del continente perdido de Atlántida, no bajo su nombre presente, pero mejor dicho bajo la Adoración de Fuego y Sol de designación general. Los Misterios antiguos no dejaron de existir cuando el cristianismo se hizo la religión del mundo más poderosa. Los Misterios precristianos simplemente asumieron el simbolismo de la nueva fe, que perpetúa por sus emblemas y alegorías las mismas verdades que habían sido la propiedad del sabio desde el principio del mundo. No hay ninguna explicación verdadera, por lo tanto, ya que los símbolos cristianos salvan esto que es ocultado dentro de la filosofía pagana.
Sin las llaves misteriosas llevadas por los hierofantes de egipcio, Brahmán, y cultos persas las puertas de Sabiduría no pueden ser abiertas. Considere con el espíritu reverente, por lo tanto, la alegoría sublime del Templo y sus Constructores, realizando lo que bajo su interpretación literal está escondido un Secreto Real.
Según las leyendas Talmúdicas, Salomón entendió los misterios de la Cábala. Él era también un alquimista y un nigromante, siendo capaz de controlar el dæmons, y de ellos y otros habitantes de los mundos invisibles él aseguró la mayor parte de su sabiduría. En su traducción de Clavícula Salomón, o la Llave de Salomón el Rey, un trabajo probablemente emprender marcha los secretos mágicos juntados por Salomón y usado por él en el conjuración de espíritus y que, según Frank C. Higgins, contiene muchas luces laterales en rituales iniciadores Masónicos, S. L. MacGregor-Mathers reconoce la probabilidad que el Rey Salomón era un mago en el sentido más lleno de aquella palabra. "No veo ninguna razón de dudarse," él afirma, "la tradición que adjudica la paternidad literaria 'de la Llave' al Rey Salomón, ya que entre otros Josephus, el historiador judío, sobre todo menciona los trabajos mágicos atribuidos a aquel monarca; este es confirmado por muchas tradiciones del Este, y su habilidad mágica es con frecuencia mencionada en Las Mil y una Noches." Acerca de los poderes sobrenaturales de Salomón, Josephus escribe en su Octavo Libro de las Antigüedades de los Judíos:

"Ahora la sagacidad y la sabiduría que Dios había otorgado a Salomón eran tan grandes que él excedió la antigüedad, en tanto que él no era ningún camino inferior a los egipcios, que son dichos haber estado más allá de todos los hombres en el entendimiento; Dios también le permitió aprender que la habilidad que expulsó a demonios, que es una ciencia útil y sanativa a él. Él formó tales conjuros también por los cuales los templos son aliviados. Y él lo dejó la manera de usar exorcismos, por los cuales ellos ahuyentan a demonios, de modo que ellos nunca vuelvan; y este método de la cura es de la gran fuerza a este día."

Los alquimistas medievales fueron convencidos que el Rey Salomón entendió los procesos secretos de Hermes por medio del cual era posible multiplicar metales. Doctor Bacstrom escribe que el Espíritu Universal (Hiram) asistió al Rey Salomón a construir su templo, porque Salomón siendo sabio en la sabiduría de alquimia sabía controlar esta esencia incorpórea y, poniéndoselo a trabajar para él, hizo que el universo invisible lo suministrara de cantidades enormes de oro y plata que la mayor parte de personas creídas fueron extraídas por métodos naturales.

Los misterios de la fe Islámica están ahora en el cuidado de los derviches - hombres que, renunciando la mundanería, han resistido la prueba de mil y días de la tentación. El Jelal-ud-din Rumi , el gran poeta de persa Sufi (esoterismo islámico) y el filósofo, es acreditado con haber fundado la Orden de Mevlevi, "o los derviches que bailan," cuyos movimientos exotéricamente significan los movimientos de los cuerpos celestes y esotéricamente causan el establecimiento de un ritmo que estimula los centros del conocimiento espiritual dentro del cuerpo del bailarín.
"Según el canon místico, hay siempre en la tierra un cierto número de hombres santos de quien se confiesan culpable la comunión íntima con la Deidad. El que quién ocupa la posición más alta entre sus contemporáneos es llamado 'el Eje (Qūtb) o 'Polo' de su tiempo. El Subordinado al Qūtb es dos seres santos quiénes aguantan el título de 'Los Fieles,' y son adjudicados sitios a su derecha y dejados respectivamente. Debajo de éstos es un cuarteto de 'Los Intermedios (Evtād); y en planos sucesivamente inferiores comió las cinco 'Luces (Envār), y siete 'Muy Bueno' (Akhyār). La siguiente fila está llena por los cuarenta 'Ausentes (Rijal-i-ghaib), también 'Mártires' llamados (Shuheda). Cuando 'un Eje deja esta existencia terrenal, él es logrado por el ' Fiel Un 'quién ha ocupado el lugar en su mano derecha.

Para a estos hombres santos, que también aguantan los títulos colectivos de 'Señores de Almas,' 'y Directores', es cometido una supremacía espiritual sobre la humanidad que lejos excede las autoridades temporales de reglas terrenales." El Axis es un individuo misterioso que, desconocido y no sospechado, se mezcla con la humanidad y a quién, según la tradición, tiene su asiento favorito sobre la azotea del Caaba. J. P. Brown, en los Sufies Derviches, da una descripción de estas "Almas de Maestro."

La Acacia,simbolo

La Acacia


Uno de los secretos mejor guardados esta relacionado con la Acacia y su relación con el alma del iniciado. A continuación trataremos de dilucidar tan extraño mito masónico. La idea de que el alma humana puede quedar depositada por un tiempo más corto o más largo en algún sitio seguro fuera del cuerpo ya sea en una planta, una piedra, un lugar, etc. se encuentra en los cuentos populares de muchas razas.
Recordemos ahora el Retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde - La historia de un encantador joven, culto inteligente y guapo que, sin embargo, arrastra una vida de perversión. Un amigo de Dorian capta al protagonista en su momento de máximo esplendor en un cuadro. Observando el cuadro, Dorian no puede asumir que lo que ve es insuperable, su alma es plasmada en el cuadro pero, ahora le espera una decadencia sin fin. Sin embargo, por algún mágico sortilegio es el cuadro el que asumirá la decadencia de Dorian Gray. Este se sumerge en la podredumbre humana, comete todo tipo de crímenes y salvajadas, pero su aspecto físico permanece inalterable. Es el retrato de Dorian el que, como un reflejo deformado, se transforma en un verdadero monstruo paulatinamente, conforme su alter ego va cayendo más bajo.
El final es esperado, pero aun así resulta trágico. Dorian muere delante de su retrato y se intercambian los papeles. Ahora el muerto es Dorian físico ya monstruoso, y el retrato esta justo tal cual fue pintado, que vuelve a su forma primigenia. Este es un ejemplo del alma externada.
Queda por mostrar que esta idea no es una ficción para adornar un cuento, sino un verdadero artículo de fe primitiva que ha dado origen a una serie de costumbres correlativas.
Hemos visto que en los cuentos algunas veces el héroe, como preparación para la batalla, separa el alma de su cuerpo para que éste sea invulnerable e inmortal en el combate. Con el mismo propósito el salvaje extrae de su cuerpo el alma en las diversas ocasiones de peligro real o imaginario.
Entre los indios yaquís, cuando nace un niño llaman al hechicero, que conjura al alma del recién nacido para que entre en un peyote, que después cubren con una tela, colocándolo en una bandeja o fuente cuadrada suspendida con cuerdas del techo. Esta ceremonia se repite todas las lunas nuevas del año. No explica la finalidad de la ceremonia el escritor que la describe, pero nosotros podemos conjeturar que se trata de depositar el alma infantil en un sitio más seguro que su propio cuerpo frágil y pequeño. Esta hipótesis se confirma por la razón asignada a otra costumbre similar que se observa en otros lugares del mundo musulmán.
En las islas de Oceanía, cuando hay un recién nacido en una casa, puede verse junto a una imagen toscamente tallada de algún antepasado, colgado a su lado, un coco vacío cuyos pedazos, después de roto, se han ajustado otra vez. Se cree que el alma del infante está temporalmente externada y depositada en el coco para que esté a salvo de ataques de los espíritus malignos; cuando el niño se haga más fuerte y grande, el alma volverá a su morada permanente en su propio cuerpo. De igual manera, entre los esquimales de Alaska, cuando un niño está enfermo, algunas veces el curandero extrae el alma de su cuerpo y la interna, para asegurarla, en un amuleto que, para más seguridad, deposita en su propio saco de medicinas.
Creemos probable que de igual modo se hayan considerado muchos amuletos como cajas para almas, o sea, a modo de "cajas fuertes" en las que sus propietarios guardan las almas para mayor seguridad suya. Una vieja hechicera dogon, acostumbraba a llevar colgando del cuello un adorno de marfil hueco y de unos ocho centímetros de largo que ella llamaba su alma o su vida.
Simbólicamente en muchas tribus el hombre recibe en su iniciación una piedra que da la idea de un alma y creen que desde entonces su alma está ligada de cierta manera a la piedra. La ruptura es un mal presagio: dicen que el trueno ha roto la piedra y su dueño morirá pronto. Si por el contrario, el hombre sobrevive a la efracción de su "piedra-alma", dicen que no era una "piedra-alma" apropiada y ponen otra en su lugar. El emperador Romano Lecapeno fue informado por un astrólogo de que la vida de Simeón, príncipe de Bulgaria, estaba ligado a cierta columna de Constantinopla, de tal modo que, si se quitase el capitel a la columna, Simeón moriría inmediatamente.
El emperador aprovechó la insinuación y mandó que quitaran el capitel; más tarde, y habiendo ordenado que se hiciera una investigación, Romano Lecapeno llegó a saber que Simeón había muerto en Bulgaria, de una enfermedad cardiaca, a la misma hora. También hemos visto que en los cuentos populares un alma humana.

Hemos observado que en los cuentos populares la vida de una persona está en ocasiones tan ligada a la vida de una planta que su marchitamiento precederá o seguirá a la muerte de la persona. Entre los M'bengas del África Occidental, cerca del Gabón, cuando dos niños nacen el mismo día, la gente planta dos árboles de la misma clase y bailan alrededor de ellos. La vida de cada uno de los dos niños se cree unida a la de uno de los dos árboles y si el árbol muere o es arrancado, están seguros de que la criatura morirá pronto.

En Camarones también creen que la vida de una persona está unida mágicamente con la de un árbol. Un hechicero indígena, en México, tenía su alma en un cerro sagrado cerca de un manantial. Cuando algunos jóvenes, por diversión o ignorancia, deforestaron el cerro, el espíritu estaba indignadísimo y amenazó a los autores de la hazaña, con toda clase de males. Algunos pueblos navajos unen mágicamente la vida de un recién nacido con la de un árbol introduciendo un guija en la corteza del árbol. Se cree que esto le da completo dominio sobre la vida del niño; si cortan el árbol, el niño morirá. Después de un nacimiento, los maoríes solían enterrar el cordón umbilical en un lugar sagrado y plantar encima un renuevo. En su crecimiento, el árbol era un Tohu oranga o signo índice de la vida del niño: Si el árbol prosperaba, el niño perada; si se marchitaba y secaba, los padres auguraban lo peor para su pequeñuelo.

En algunas partes de las Islas Fiji plantan juntos el cordón umbilical de un niño y un cocotero o un esqueje de "árbol del pan" y la vida infantil se supone que está íntimamente conectada con la del árbol. Entre los dayakos de Landak y Tajan, distritos del Borneo holandés, es costumbre plantar un árbol frutal por cada niño, y en adelante, según la creencia popular, el hado de la criatura está ligado con el del árbol: Si el árbol crece rápida y normalmente, todo irá bien para el niño, pero si el árbol crece raquítico y torcido, no puede esperarse nada bueno para su asociado humano.
Se cuenta que hay todavía familias en Rusia, Alemania, Inglaterra, Francia e Italia que acostumbran plantar un árbol al nacimiento de un hijo. Se confía que el árbol crecerá a compás del niño y le atienden con cuidados especiales. La costumbre todavía es bastante general en el cantón de Aargau, en Suiza: Para un niño plantan un manzano y para una niña un peral, y la gente cree que el niño medrará o descaecerá con el árbol. En Mecklemburgo arrojan las secundinas al pie de un árbol joven, y se cree que el niño desde entonces crecerá con el árbol. Cerca del Castillo de Dalhousie, no lejos de Edimburgo, crece un roble llamado el Árbol Edgewell, del que es opinión popular que está conectado a la suerte de la familia por un lazo misterioso, pues dicen que cuando alguno de la familia muere o está próximo a morir, se desprende una rama del Árbol Edgewell.

De ahí que cuando, en un día plácido y sereno del mes de julio de 1874, cayó una gran rama del árbol, un viejo guardabosques exclamó al verlo: "¡El Lord ha muerto ahora mismo!". Poco después llegaron noticias de de la muerte de Fox Maule, undécimo Conde de Dalhousie. En Inglaterra, algunas veces pasan a los niños por la hendidura de un fresno como un remedio para la hernia o el raquitismo, y en adelante suponen que existe una conexión simpática entre ellos y el árbol. Un fresno que fue usado para este propósito crecía en la linde de Shirley Heath, en el camino de Hockly House a Birmingham: "Thomas Chillingworth, hijo del propietario de una hacienda colindante, que tiene ahora treinta y cuatro años, cuando tenía uno de edad, fue pasado a través de un árbol parecido, ahora perfectamente sano, el cual cuida con tanta precaución que no consentiría que se tocase una sola rama; creen que la vida del herniado depende de la vida del árbol y en el momento en que se talase, aunque el paciente esté muy distante, la quebradura vuelve y sobreviene la inflamación, terminando en la muerte, como fue el caso de un hombre que guiaba una carreta por el camino en cuestión". "No es infrecuente, sin embargo, añade el escritor, que haya personas que sobrevivan por algún tiempo a la caída del árbol".

El proceder corriente de efectuar la cura es hender un renuevo de fresno longitudinalmente como a lo largo de un metro y pasar y repasar tres veces o tres veces tres al niño desnudo a través de la hendidura al amanecer. En el oeste de Inglaterra se dice que la pasada-debe de ser a "contra sol". En cuanto la ceremonia se ha ejecutado, atan fuertemente el árbol, cerrando la hendidura y emplasteciéndola con barro o arcilla. Se cree que de igual manera que se cierra la hendidura en el árbol, así la quebradura del cuerpo del niño cicatriza, pero que si la raja del árbol permanece abierta la quebradura del niño quedará así, y si el árbol muriera, con toda seguridad sobrevendría también la muerte del niño.

Una cura parecida para varias enfermedades, pero especialmente para las quebraduras y el raquitismo, se ha practicado corrientemente en otras partes de Europa como Alemania, Francia, Dinamarca y Suecia, pero en esos países el árbol empleado con este fin por lo general no es un fresno, sino un roble: algunas veces se permite y aun se prescribe en su lugar un sauce. En Mecklemburgo, como en Inglaterra, la relación simpática así establecida entre el árbol y el niño se cree tan estrecha que si el árbol se tala, el niño morirá. La noción de un alma externada se ha seguido hasta ahora en los cuentos populares de los pueblos antiguos. En el Egipto antiguo, el cuento de "Los dos hermanos", que fue escrito bajo el reinado de Ramsés II, hacia el año 1300 antes de nuestra era, describe cómo uno de los dos hermanos hechizó su propio corazón y lo colocó en la flor de una acacia, y cómo al cortarse la flor por instigaciones de su mujer, cayó muerto pero resucitó cuando su hermano encontró el corazón perdido en el fruto de la acacia y lo depositó en una copa de agua fresca. Uno de los símbolos masónicos tomado del reino vegetal es la Acacia, es un árbol muy común en la Península de Sinaí, desierto de Negeb, pero, salvo en las inmediaciones del Jordán, poco común en el resto de Palestina. Es el símbolo de la vida y la inmortalidad.

La Acacia recuerda, que una de sus ramas sirvió para cubrir el cuerpo de un Ilustre Maestro. Es para los masones modernos lo que fue el Lotus de las iniciaciones egipcias, el Mirto de los misterios de Eleusis de Grecia, el Muérdago de los Druidas de la Galia, y tiene la misma interpretación simbólica que le damos en la actualidad.
La Acacia en Masonería, no es una planta en sí, es un simbolismo, simboliza el alma del masón, comparada mágicamente con una Acacia que aún siendo cortada permanece siempre con verdor, siempre Viva...

El mar de bronce

El mar de bronce
Por: Ricardo Hernández Soto

Mar de bronceEn todas las épocas del hombre han existido templos, estos son el reflejo del universo según la concepción del hombre, este los construye a su proporción y conocimientos del mismo, estos fueron evolucionando dependiendo de las diferentes simbolismos que se desarrollaron a través de la historia.

Por lo general estos edificios contenía no solo la idealización de un ser supremo, sobrenatural; fueron estos el reflejo de los adelantos en las ciencias y las artes y se representaban por medio de los decorados y los diversos objetos que dentro de ellos se encontraban.

En el templo masónico pueden apreciarse estos símbolos que resumen el conocimiento que la humanidad tiene de su medio y el dominio que puede ejercer sobre el, uno de ellos es el “Mar de bronce”, que estaba situado en la esquina Sudeste del atrio, cerca de la entrada del Templo.

En efecto, el Mar de bronce se encuadraba dentro de un simbolismo cósmico, pues esa denominación le venía seguramente porque con él se quería representar el “Océano celeste” (las “Aguas superiores”), ya que estaba repleto de agua hasta sus bordes, y su forma era enteramente redonda, como el cielo. Si bien es verdad que como relata el segundo libro de Crónicas, 4, 6, el Mar de bronce se usaba para las abluciones de los sacerdotes, en la antigüedad, con el paso del tiempo se fue desvirtuando este concepto tomándolo como un símbolo de purificación por medio del agua, esto debió ocurrir en una época en que se había olvidado su primitivo significado, que era (según las investigaciones que al respecto se han realizado) el de servir como observatorio astronómico, como sucedió en Mesoamérica en diversos templos prehispánicos y fuentes naturales como los cenotes abiertos en la península de Yucatán, puesto que la superficie plana del agua hacía de espejo en donde era posible contemplar el mapa celeste, y por tanto la rotación regular de los astros, planetas y constelaciones, permitiendo establecer medidas y cálculos y así llevar un seguimiento de sus ciclos, los que se ponían en relación con el calendario litúrgico y ritual. Esta interpretación sobre el Mar de bronce se refuerza por el hecho de que éste estaba soportado por cuatro grupos de tres toros cada uno también de bronce, que en total suman doce, número de las constelaciones y signos zodiacales, según la descripción que se da de él. Cada uno de esos grupos estaba orientado según los cuatro puntos cardinales: tres a Oriente, tres a Occidente, tres a Mediodía y tres a Septentrión, disposición que recuerda la situación que ocupaban las doce tribus de Israel en el campamento hebreo, las que también se correspondían con los meses del año.

El Mar de bronce en el templo masónico tiene pues la triple significación de ser el símbolo de purificación en el segundo viaje del aprendiz por medio del agua donde representa los mares embravecidos y la importancia del vital liquido para la supervivencia de la vida, tal ves para el profano sea el primer acercamiento a tomar conciencia del universo que le rodea y lo remita a considerar los ritos de purificación que han existido a través de los tiempos.

El segundo uso de este símbolo es el de observatorio de lo que se tiene constancia tiene como principal propósito el conocimiento del mecanismo del firmamento, necesario para la agricultura, y que se entrelazaba con la función litúrgica, sugiere, que las personas de antigüedad fueron capaces de hacer mediciones astronómicas mucho antes de lo que se creía y con muchísima más precisión de la que los científicos modernos imaginaban.

Mar de bronceOtro aspecto a considerar es el de que además de ser un espejo natural que refleje el firmamento podría considerarse como un espejo de la conciencia donde el hombre haciendo una confrontación al planteamiento de Platón en el VII libro de La República en el mito de la caverna como una explicación alegórica, de la situación en que se encuentra el ser humano respecto del conocimiento. Así explica su teoría de la existencia de dos mundos: el mundo sensible (conocido a través de los sentidos) y el mundo de las ideas (solo alcanzable mediante la razón).

En está relación que se plantea con el mito de la caverna de Platón, El Mar de Bronce, refleja al humano y al universo como las apariencias, es decir, lo que captamos a través de los sentidos y pensamos que es real (mundo sensible). Las cosas naturales, el mundo que está fuera de este reflejo y que los observadores ven de forma distinta, sería el mundo de las ideas, en el cual, la máxima idea, la Idea del Bien, la luz del conocimiento de los astros.

En el mito de la caverna uno de los prisioneros logra liberarse de sus ataduras y consigue salir de la caverna conociendo así el mundo real. Es este prisionero ya liberado el que deberá guiar a los demás hacia el mundo real, es el símbolo del filósofo.

La situación en la que se encuentran los prisioneros de la caverna viene a representar el estado en el que permanecen los seres humanos ajenos al conocimiento, únicamente aquellos capaces de superar el dolor que supondría liberarse de las cadenas, volver a mover sus entumecidos músculos podrán contemplar el mundo de las ideas con sus infrautilizados ojos.

Esta alegoría platónica equiparada con esta interpretación del mar de bronce nos pone de manifiesto una de las misiones que plantea la masonería que es la de combatir la ignorancia por medio del estudio del universo que nos rodea y el conocimiento de nosotros mismos.

El agua al ser un espejo imperfecto que nos hace ver la realidad con una apariencia imperfecta y que esta supeditada a que la superficie de esta se encuentre estable gracias a que el recipiente que contiene el liquido, este a plomo y a nivel para que no se derrame, en contraposición al mito de la caverna El Mar de Bronce para que pueda ser un espejo que refleje nuestra visión del universo, depende de la habilidad y el conocimiento del hombre para dominar el arte y la ciencia.

*El Martillo es realizado por un grupo de gente que sin animo de lucro, colabora en lo posible con la publicacion de articulos, notas, selección, analisis, etc.



Fuente: Revista El Martillo*

Los doce trabajos de Heracles o Hércules

Los doce trabajos de Heracles o Hércules
Por: Comisión de Difusión "Sol de Oaxaca" No. 35

En la mitología griega Heracles (en griego Ἡρακλῆς Hêraklês, ‘gloria de Hera’) era un héroe y semidiós, hijo de Zeus y Alcmena y bisnieto de Perseo. En la mitología romana se le llamaba Hércules. Puede decirse que fue el más grande de los héroes míticos griegos, el parangón de la masculinidad por excelencia, siendo su extraordinaria fuerza uno de sus atributos.

En un ataque de locura provocado por Hera, Heracles mató a sus propios hijos y a dos de sus sobrinos con sus propias manos. Al despertar y descubrir los terribles actos que había cometido, sintió un terrible dolor, y no quiso continuar viviendo con Mégara. En penitencia por esta execrable acción, la sibila délfica le dijo que tenía que llevar a cabo diez trabajos que dispusiera Euristeo, el hombre que había usurpado su legítimo derecho a la corona y a quien más odiaba. Heracles llevó a cabo todos ellos con éxito, en sus trabajos, Heracles era a menudo acompañado por su amigo (un eromenos), según algunos Licimnio y según otros su sobrino Yolao. Aunque se suponía que sólo tenía que realizar diez trabajos, esta ayuda hizo que tuviera que sufrir dos más. Euristeo no tuvo en cuenta el trabajo de la Hidra (donde Yolao le ayudó) ni el de los establos de Augías (porque se le pagó a cambio o, según otras versiones, porque fueron los ríos quienes hicieron el trabajo), por lo que ordenó dos más, haciendo un total de doce.

A continuación se enlistan los trabajos:

1. Matar al león de Nemea: El primero de los doce trabajos de Heracles fue matar al león de Nemea y despojarle de su piel. El león había estado aterrorizando los alrededores de Nemea, y tenía una piel tan gruesa que resultaba impenetrable a las armas. Cuando Heracles se dirigía a cazar al león se hospedó en casa de Molorco, partiendo después hacia la guarida de la fiera. Cuando Heracles se enfrentó a él por primera vez, usando su arco y sus flechas, un garrote hecho de un olivo (que él mismo había arrancado de la tierra) y una espada de bronce, todas las armas resultaron inútiles. La morada del animal tenía dos entradas: Heracles lo azuzó hasta que el animal penetró en ella, taponó una de las entradas y acorralándolo por la otra lo atrapó y estranguló metiéndole un brazo por la garganta hasta asfixiarle. Heracles llevó el cuerpo del león a Micenas para que lo viera el rey Euristeo, quien elegía qué tareas debía cumplir el héroe en el camino de los doce trabajos. Pero éste se asustó tanto que prohibió a Heracles volver a entrar jamás en la ciudad, y le ordenó que de ahí en adelante le mostrase el fruto de sus trabajos desde fuera. Euristeo mandó a sus herreros que le forjase una tinaja de bronce que escondió bajo tierra, y en la que se refugiaba cada vez que se anunciaba a Heracles, comunicándole sus instrucciones a través de un heraldo. Heracles empleó horas intentando desollar al león sin éxito. Por fin Atenea, disfrazada de vieja bruja, ayudó a Heracles a advertir que las mejores herramientas para cortar la piel eran las propias garras del león. De esta forma, con una pequeña intervención divina, consiguió la piel del león, que desde entonces vistió a modo de armadura.
2. Matar a la hidra del lago de Lerna: La Hidra de Lerna era un antiguo y despiadado monstruo acuático ctónico (que proviene del inframundo) con forma de serpiente policéfala. Heracles fue encomendado para acabar dicho monstruo, para lo cual una vez que estaba cerca del lago Lerna, cubrió su boca y nariz con una tela para evitar inhalar el aliento venenoso de la misma, posteriormente disparó flechas en llamas para hacerla salir de su refugio.

Le hizo frente con una hoz en la mano, pero al cortar cada una de sus cabezas descubrió que le crecían dos nuevas. Los detalles del enfrentamiento son explicados por Apolodoro (2.5.2): advirtiendo que no podría derrotar a la Hidra de esta forma, Heracles pidió ayuda a su sobrino Yolao. Éste tuvo la idea (posiblemente inspirada por Atenea) de usar una tea ardiendo para quemar el muñón del cuello tras cada decapitación. Heracles cortó todas las cabezas y Yolao quemó los cuellos abiertos, matando así a la Hidra. Heracles tomó entonces su única cabeza inmortal y la enterró bajo una gran roca en el camino sagrado entre Lerna y Eleia y mojó sus flechas en la sangre venenosa de la Hidra, completando así su segundo trabajo. En una versión alternativa, Hera enviaba un cangrejo para que mordiese los pies de Heracles y le estorbase, esperando provocar así su muerte. Hera le puso en el Zodiaco para seguir al León (Eratóstenes, Catasterismos). El término «hidra» es usado hoy con frecuencia para referirse a un problema multifacético que parece ser imposible de resolver paso a paso, o a uno que empeora tras intentar resolverlo con métodos convencionales, como por ejemplo cuando los intentos por eliminar cierta información hacen que ésta se difunda incluso más ampliamente.
3. Alcanzar a la cierva de Cerinia: Dicho animal tenía pezuñas de bronce y cornamenta de oro, Heracles debía capturar a la cierva para llevarla viva a Micenas y entregarla a Euristeo. El animal sería consagrado a la diosa Artemisa,ya que era una de las cinco ciervas que la diosa había intentado capturar para engancharla a su carro, pero la cierva era muy veloz y no le fue fácil atraparla. Heracles la persiguió hasta el país de los Hiperbóreos. Allí la capturo mientras ésta tomaba agua, inmovilizó sus patas delanteras utilizando una flecha que hizo pasar entre el tendón y el hueso sin derramar sangre.
4. Capturar al jabalí de Erimanto: El cuarto trabajo de Heracles fue el de atrapar a éstacriatura que vivía enun monte de la Arcadia y la Elide (hoy se llama Olonos), ya que acababa con las cosechas y los bosques de Erimanto. Cuandoiba en busca de éste se le apareció Atenea que le dio una cadena. Cuando vio al jabalí revolcándose en un charco de agua, le lanzó un grito de desafío y echó a correr como si tuviera miedo del animal monte arriba hasta fatigar al jabalí. Aprovechando el desconcierto del animal saltó sobre su lomo, logró trabar sus patas y su hocico con la cadena y lo cargó sobre su espalda. Al llevárselo a Euristeo, éste se metió corriendo en una tinaja cargado de miedo y le dijo que se lo llevara de allí.
5. Limpiar los establos de Augías: Por designio de los dioses el ganado de Augías no sufría de enfermedades, por lo que logró poseer el mayor rebaño de todo el país. Doce toros que le había regalado su padre Helios defendían al resto de la manada. Eran conocidos sus establos, que nunca habían sido limpiados hasta que lo hizo Heracles en un solo día en cumplimiento de su quinto trabajo. Euristeo le encargó esta extraña misión con el fin de humillarle y ridiculizarle, pues era tal era la cantidad de excrementos acumulados en los establos que era prácticamente imposible limpiarlos en un sólo día. Así el gran Heracles, vencedor de terribles monstruos y hazañas heroicas, caería humillado ante una tarea tan denigrante. Pero el astuto héroe cumplió su trabajo abriendo un canal que atravesaba los establos y desviando por él el cauce de los ríos Alfeo y Peneo, que arrastraron toda la suciedad. Augías montó entonces en cólera, pues había prometido a Heracles regalarle una parte de su ganado si realizaba la misión en un sólo día. Se negó a cumplir su promesa alegando que el trabajo lo habían realizado los ríos.
6. Acabar con los pájaros del lago Estínfalo: Los pájaros del lago Estínfalo eran unas aves con plumaje de bronce que poblaban la región y el bosque alrededor del lago. Euristeo comandó entonces a Heracles que acabase con la amenaza de dichas aves, ya que en ocasiones atacaban al ganado o a devoraban a los pobladores. Heracles se dirigió al Estínfalo, y ahí se encontró desolado pues la misión era especialmente difícil de completar: las aves eran demasiadas para sus flechas y su legendaria fuerza no le servía de nada. Entonces apareció Atenea y le socorrió dándole un cascabel (o una campana) de bronce y le mandó a que lo tocara desde una colina elevada, al hacerlo las aves asustadas emprendieron vuelo y nunca más se les volvió a ver en el bosque y el lago. Cuando Heracles volvió con Euristeo este se hallaba en su refugio debido a que varios de los pájaros de bronce volaban alrededor de su palacio, al ver esto Heracles sonó su cascabel y los pájaros se alejaron de ahí.
7. Domar al toro salvaje de Creta: El séptimo trabajo consistió en capturar un toro salvaje que expulsaba fuego por sus narices y que causaba estragos en Creta. Este toro es el que Poseidón hizo salir del mar cuando el rey Minos prometió sacrificar al dios lo que saliera del mar; pero Minos lo encontró tan hermoso que lo incorporó a sus rebaños y el dios, enfurecido, hizo que la reina Pasifae se enamorara del animal y concibiera de él un hijo, el Minotauro, tras lo cual hizo enloquecer al toro y comenzó a destruirlo todo a su paso. Así pues Heracles se presentó a Minos que le autorizó para capturar al toro si podía. Heracles consiguió subir a lomos del animal y lo condujo, a través del mar Egeo, hasta Micenas. Euristeo, al ver al hermoso animal lo quiso ofrecer a Hera, pero la diosa lo rechazó al ver la ferocidad del toro por lo que Euristeo lo dejó libre.
8. Robar las yeguas del rey Diómedes de Tracia: Dicho trabajo consistía en llevarle a Euristeo las yeguas de Diomedes, un jefe tracio que las crió dándoles carne humana. Esta vez Euristeo permitió a Heracles llevar voluntarios con él. En el viaje hacia Tracia hicieron un alto en el palacio del rey Admito. Heracles rescató a Alcestes, esposa del rey, del Hades ya que ella había dado su vida por la de su esposo.Tras el rescate de Alcestes, prosiguieron su camino a Tracia, donde robaron las yeguas. Al percatarse Diomedes del hurto, reunió un grupo de soldados y fueron tras los griegos. Ambos bandos se enfrentaron y fueron muchos los tracios que murieron, entre ellos Diomedes, pero al finalizar la lucha, Heracles vio con pesar que las yeguas salvajes habían devorado a Abdero que se había quedado a su cuidado durante la lucha. Heracles, enfurecido, arrojó el cuerpo de Diomedes a las yeguas que tras devorarlo se volvieron mansas, y enterró los restos de su amigo en un bello sepulcro junto al que fundó la ciudad de Abdera. Consigue llevar al fin las yeguas a Euristeo que las suelta; algunas de ellas se dirigieron al Olimpo, donde fueron devoradas por las fieras que vivían allí. El resto tuvo descendencia entre la que algunos aseguraban que se encontraba Bucéfalo, el caballo que sólo Alejandro Magno consiguió domar.
9. Vencer a las amazonas y tomar el cinturón de Hipólita: Euristeo quería hacer un regalo a su hija y encomendó a Heracles que le llevara el cinturón de oro que Ares, dios de la guerra, había regalado a la reina amazona Hipólita. Embarcó hacia el país de las amazonas junto a algunos compañeros y una vez en su destino, la reina Hipólita, enterada de los motivos del viaje, subió al barco y le dio a Heracles su cinturón. Sin embargo, Hera, disfrazada de amazona, se presentó ante las tribus amazonas y les contó que su reina había sido hecha prisionera. Las guerreras fueron al barco a liberarla y Heracles, al verlas, creyendo que era una estratagema de Hipólita, la mató y zarparon hacia Grecia. En el camino de vuelta llegó a Troya. Los dioses Poseidón y Apolo habían sido castigados, por rebelarse contra Zeus, a construir las murallas de la ciudad bajo las órdenes del rey Laomedonte. Finalizado el trabajo, el rey se negó a darles el salario prometido y cuando los dioses recuperaron su condición divina enviaron un monstruo marino y una peste que asolaban la ciudad. Para apaciguarlos, Laomedonte debía entregar al monstruo a su hija Hesíone. Es entonces cuando llega Heracles que mata al monstruo y libera a la joven a cambio de unos caballos que Zeus había regalado al rey. Pero Laomedonte intenta engañar a Heracles con otros caballos y el héroe dándose cuenta del engaño se marchó, prometiendo venganza, a entregar el cinturón a Euristeo.
10. Matar a Gerión y robarle sus rebaños: La tarea consistía en robar el ganado del gigante Gerión. Este gigante, nieto de la Gorgona Medusa, vivía, junto al monstruoso perro que guardaba el rebaño, en una isla en el Océano. Al llegar a Gades (Cádiz), el poderoso héroe separó la tierra, dejando libre su camino por mar y construyó dos grandes torres a cada lado del estrecho que había formado para recordar su hazaña.Cuando llegó a la isla de Gerión, Hera acudió en ayuda del gigante, pero Heracles disparó una flecha a su pecho y la diosa, derrotada, se marchó. Tras acabar con el gigante y su perro, Heracles emprendió la vuelta con el rebaño. Al llegar a Italia se quedó dormido, lo que el gigante Caco aprovechó para robar parte del ganado. Heracles al despertar y darse cuenta del robo, buscó las reses pero no pudo encontrarlas, por lo que emprendió su camino, pero el rebaño que Heracles conducía le guió hasta el resto del ganado, derrotó a Caco y recuperó las reses robadas. Una vez llegó a Grecia, Hera envió un tábano que dispersó el ganado pero el héroe logró reunirlo de nuevo. Poco después la vengativa diosa hizo desbordar un gran río y aunque Heracles se apresuró a llenarlo de grandes piedras, gran parte del ganado se ahogó. Finalmente llegó a Micenas donde Euristeo sacrificó las reses a la diosa Hera.
11. Robar las manzanas de oro del Jardín de las Hespérides: El undécimo trabajo consistía en llevar a Euristeo tres manzanas de oro del jardín de las Hespérides. El jardín era cuidado por las ninfas Hespérides y tenía como guardián un dragón que Hera, dueña del jardín, había puesto para tal fin. Heracles viajó por muchos lugares buscando el jardín, ya que nadie sabía dónde estaba, hasta que unas ninfas le dijeron que el dios Nereo sabía dónde se encontraba. Heracles atrapó a Nereo que al no conseguir liberarse del héroe, le reveló el camino. En el viaje, encontró a Prometeo que, cumpliendo el castigo de Zeus por robar el fuego sagrado, estaba atado a una montaña. Heracles vio la gigantesca águila que devoraba las entrañas de Prometeo cada día y le disparó una de sus flechas espantándola, tras lo cual liberó al titán. Prometeo en agradecimiento, le dijo que buscara a Atlas y le convenciera para que fuera él a por las manzanas ya que las Hespérides eran sus hijas. Así lo hizo Heracles y se dirigió a África en busca de Atlas. Cuando lo encontró, no le costó mucho convencerle y mientras Heracles sostenía el peso del mundo en lugar del titán, Atlas fue al jardín donde consiguió las manzanas. Pero cuando Atlas regresó, no estaba dispuesto a seguir soportando tal peso sobre sus hombres y así se lo dijo a Heracles que fingió alegrarse por su nueva tarea; sin embargo, pidió al titán que sostuviera el mundo unos momentos mientras él preparaba unas correas que le librarían un poco de la presión que tan descomunal peso provocaba. Atlas accedió y sostuvo de nuevo el mundo sobre sus hombros, engañado con su propio ardid, y Heracles se marchó con las manzanas.
12. Ir a buscar a Cerbero, a los infiernos, y llevarlo a Euristeo: Euristeo, celoso por la fama y la gloria que Heracles había conseguido realizando sus tareas, envió al héroe a lo que esperaba que fuera su fin: debía llevarle a Cerbero, el guardián del mundo subterráneo.Se dirigió al Sur del Peloponeso donde había una puerta que conducía al Tártaro. Allí le esperaba Hermes que le condujo a través de los infiernos hasta Hades. Durante el camino se encontró con los fantasmas de monstruos y héroes, uno de los cuales, Meleagro, le dio un mensaje para su hermana Deyanira. Cuando consiguió llegar hasta Hades, el dios por su osadía de entrar en sus dominios, cerró la salida de los infiernos pero Heracles le disparó una flecha al hombro produciéndole tal dolor que el dios le dejó libre el paso. Hades dejó que Heracles se llevara a Cerbero si lo podía dominar sólo con sus manos. El héroe sujetó a Cerbero por su gran cuello y sin temer a sus tres cabezas, pudo dominarlo y llevarlo a Euristeo, que horrorizado al ver a la bestia, liberó a Heracles de su servidumbre con la condición de que llevase al monstruo a su lugar.

Dioses del antiguo egipto

Dioses del antiguo egipto
Por: Elena García Pérez

AMÓN.- Dios de Tebas, a veces representado como un hombre, en ocasiones con el pene erecto. También llamado Ammón, ambas son helenizaciones del nombre egipcio Amen. Originalmente una deidad tebana, se hizo masiva cuando la ciudad de Tebas pasó a ser de las más poderosas de Egipto.

Es la principal divinidad de la religión egipcia de cuyo nombre tomaron el suyo multitud de faraones. En un principió se le atribuyó dios del aire, pero más tarde se le asoció a Ra, dios de la Heliópolis (Sol), bajo el nombre de Amón Ra. El mayor apogeo de su culto fue durante la XII dinastía, entre 2000 y 1780 a.C., en Tebas, donde se erigió el templo de Karnak. Sus sacedotes se convirtieron en el sector más influyente de la sociedad de Egipto, llegándose a enfrentar al fararón herético Amenhotep IV (Ajenaton).

Su representación era el cuerpo de un hombre y la cabeza de carnero, o bien con la cara del faraón con unos cuernos de carnero y el disco solar entre dos plumas.

AnubisANUBIS.- Era el encargado de guiar a las almas de los muertos al otro mundo dentro de las creencias egipcias. Era el señor de la Necrópolis (La ciudad de los muertos) que suponía estaba al oeste. Anubis era representado como un Chacal negro o como un hombre con cabeza de chacal, probablemente por que éstos animales se encontraban comúnmente en los cementerios, que le dio a los egipcios antiguos una relación entre chacal y muerte. Anubis es un nombre griego. Su verdadero nombre, transliterado del egipcio, era Anpu.

Anubis esta fuertemente relacionado no solo con la muerte sino con la resurrección después de la muerte, dado que era pintado en color negro, color que representa la vida y la fertilidad. Por ésta razón Anubis era el encargado de embalsamar a los faraones, guiarlos a la necrópolis y cuidar a ésta ciudad con su vida.

Cuando Osiris subió al poder en el mundo de los muertos, Anubis tomo un papel más secundario donde se limitaba a la defensa de la necrópolis y al embalsamamiento de los cuerpos de los faraones (Como se puede ver en las mascaras rituales que los sacerdotes usaban a la hora de embalsamar al Faraón).

Era el encargado de vigilar, junto a Horus, la balanza en la que se pesaban los corazones de los difuntos durante el juicio ante Osiris.

Se considera que los griegos lo comparaban con Hermes. Los romanos, por su parte, lo tenían dentro de sus deidades bajo el nombre de Hermanubis.

AtónATÓN.- Dios creador, presente en la esfera solar. Es una deidad solar monoteísta del Antiguo Egipto. El pueblo egipcio había sido inicialmente monoteísta, aunque cada nomo o localidad tenía su propio dios; todos ellos se fundieron en un panteón politeísta, en el cual de todas maneras se preservaba como factor de unidad el concepto de ma'at. En el siglo XIV a.C., el faraón Amenofis IV (quien se rebautizó como Akenatón) desarrolló la doctrina de que no existía otro dios sino Atón.
Atón era representado como un círculo (un disco solar), del cual salían varios rayos, al final de los cuales habían manos extendidas hacia el creyente. De esta manera, la iconografía de Atón pretendía remarcar el carácter amable y misericordioso de este único dios.

Los sacerdotes politeístas se opusieron al culto a Atón, pues se beneficiaban con los complejos rituales derivados de la multiplicidad de dioses. El culto a Atón finalmente desapareció poco después de la muerte de Amenofis IV.

AtumATUM.- Dios que, según la cosmogonía heliopolitana, surgió del océano primigenio, el Nun, creándose a sí mismo. Mediante masturbación, saliva, lágrimas, sudoración, u otros métodos, y a través de su conciencia, Ra, crea a los demás dioses: Shu y Tefnut (aire y humedad), quienes a su vez son padres de Geb y Nut (la tierra y el cielo), padres de los dioses: Osiris, Isis, Neftis, Set y Heru-wer (no confundir con Horus hijo de Isis y Osiris). Su principal centro de culto fue Heliópolis.

BASTET.- Diosa gata. Es una diosa de la mitología egipcia, también llamada Bast cuyo papel era proteger el hogar y la alegría de vivir, además de considerarse la deidad de la armonía y la felicidad. Se la representaba bajo la efigie de un gato doméstico, o bien como una mujer con cabeza de gato, que siempre lleva un sistro (instrumento musical) debido a que le agradaba especialmente que los humanos bailaran e hicieran música en su honor. No debe confundírsele con la mucho más violenta diosa Sekhmet, patrona de las guerras y dotada de cabeza de león.

BastetAl igual que el animal totémico que la representa, Bastet era una diosa impredecible que podía mostrarse tierna o feroz en cualquier momento. La antigua ciudad de Bubastis (hoy Zagazig, en el delta del Nilo) estaba consagrada a su culto, y de allí proceden centenares de gatos momificados que fueron enterrados ahí en su honor. Según diversos autores, como M. Oldfield Howey, su nombre significa la desgarradora. pese a su carácter principalmente benigna. Se la identificaba con la estrella Sothis, de quien se la consideraba Señora. Su culto se remonta a los primeros tiempos de la civilización egipcia, habiendo ganado notoriedad más tarde, y se la menciona en los Textos de las Pirámides y el Libro de los Muertos.

BES/BISU.- Dios doméstico, solía ser representado como un enano. Aparentemente fue importado de Babilonia entre 1550-1300 a.C. En su lugar de origen era un Dios de guerra, pero al llegar a Egipto se convirtió en un Dios protector contra los demonios y la mala fortuna. Su imagen era colocada a un lado de la cuna de los bebés recién nacidos para protegerlos.
Bes

EDJO.- Diosa cobra, aparece como la protectora del faraón en la diadema real.
Edjo

HathorHATHOR HORUS.- Cuyo nombre significa "Casa o Habitación de Horus" (Het-Heru en egipcio), es en la mitología egipcia diosa del amor, la bebida y las artes sonoras. Habitualmente identificada con Afrodita y Venus, ofrecía libaciones a los muertos. Su culto original se relacionaba con el estro y los cielos. Se representaba con forma de vaca o como una mujer con orejas y cuernos del mismo animal entre los cuales mostraba un disco solar. Su atributo era el sistro.
Fue la madre del dios Horus aunque algunas fuentes sugieren que había un matrimonio sagrado con Horus como parte del festival anual en Luxor. Juntos vengaron la muerte del padre de Horus, el dios Osiris. Bajo la forma de una vaca acoge y protege a los difuntos.
Más tarde se la identificó con Isis, quien la reemplazó como madre de Horus, pero no la quitó del panteón de divinidades.

HorusHORUS.- Dios halcón, identificado con el faraón durante el período de su reinado. Hijo de Osiris e Isis, Horus creció y vengó el asesinato de su padre a manos de Seth. Nombre génerico de múltiples divinidades del Antiguo Egipto, siendo la más conocida la de Harseisis (Horus hijo de Isis) vengador de Osiris (su padre). Es también muy conocida Harpokrates (Horus niño), identificado por los griegos con el dios del silencio (se solía representar como un niño con un dedo sobre los labios).

IMHOTEP.- es el primer arquitecto y médico conocido en la historia. También es considerado el primer genio conocido del mundo. Fue visir del faraón Djoser, y diseñó la conocida como «Pirámide Escalonada» de Djoser en Saqqara alrededor de 2630-2611 a.C., durante la tercera dinastía.

ImhotepFue elegido para ser un hijo de Ptah y reverenciado como genio. Los títulos honoríficos atribuidos a Imhotep son: "Tesorero del rey del Bajo Egipto, primero después del rey del Alto Egipto, administrador del Gran Palacio, señor hereditario, sumo sacerdote de Heliópolis, Imhotep el constructor, escultor, hacedor de vasijas de piedra". Imhotep esta considerado como el fundador de la medicina egipcia, y autor del «Papiro Edwin Smith» sobre curaciones, dolencias y observaciones anatómicas, escrito probablemente alrededor de 1700 a.C. Dos mil años después de su muerte, su estatus fue elevado al de dios de la medicina y la salud. Fue asociado con Asclepios por los griegos. En ilustraciones lo unen a otros dioses (una práctica común en el Antiguo Egipto) por ejemplo Hathor, Maat, y a Amenhotep, hijo de Hapu (otro arquitecto deificado).

IsisISIS.- En la mitología egipcia Isis es, al mismo tiempo, hermana y esposa de Osiris. Su nombre original era Istet, que significa literalmente trono o asiento.
Osiris reinaba en el Antiguo Egipto con paz, armonía y sabiduría. El Nilo fertilizaba la tierra y las cosechas eran abundantes. Sus súbditos eran felices. Un día, Osiris salió de viaje para conocer otras civilizaciones y dejó el reino bajo el mando de su esposa Isis. Seth, el hermano envidioso, se sintió humillado, pues creía que él debería gobernar y no Isis.
Cuando el dios Osiris volvió, Seth quiso hacer una gran fiesta de bienvenida y lanzó un desafío a los invitados: aquél que entrase en el cofre que Seth había traído, éste se lo regalaba como prueba de fidelidad y respeto. Muchos intentaron pero el cofre o era pequeño o era grande. Osiris, curioso, quiso probar y le calzó perfectamente bien. Seth sabía la medida del hermano y era por esto que el cofre le había servido como un guante. Inmediatamente el hermano, junto con 72 cómplices, cerraron herméticamente la caja de metal y la tiraron en el Nilo.

Isis, con amor y confianza, empezó su travesía tras el cuerpo de su esposo. Después de varias y duras caminatas por Egipto, la diosa encuentra el cofre con los restos de Osiris. Pero el drama continúa cuando Seth, en su maldad sin fin, robó el cadáver y lo cortó en 14 pedazos que, nuevamente, se tiraron por todo el reino. Isis no se rinde y, con la ayuda de su hermana Nephtis (ésta esposa de Seth), recorren cada parte del reino. Finalmente consiguen encontrar todos los pedazos con excepción del pene. Sin embargo, Isis, además de esposa, era maga, y con su magia construye con madera un pene artificial para tener relaciones sexuales con Osiris, quedándose embarazada de Horus, el dios halcón, el que posteriormente vengaría a su padre en una furiosa batalla con Seth.
Isis también es muchas veces representada sentada y ostentando un tocado con el disco solar, por ser hija de Ra, el dios Sol. Podemos ver igualmente las alas de milano, simbolizando su maternidad, o sea, que está abriendo sus brazos para bendecir sus devotos e hijos.

KhepriKHEPRI/JEPRI.- Dios egipcio, una de las formas del dios sol que representaba al disco solar surgiendo por el horizonte oriental. Como tal, era una de las tres formas o aspectos de la divinidad solar, aunque resulta imposible saber si funcionó originalmente dentro de esta función. Fue adscrito al culto solar heliopolitano. Su nombre es el del escarabajo pelotero que los egipcios consideraban su símbolo debido a la costumbre del escarabajo de hacer rodar una pelota de barro o excrementos mientras caminaba, lo que les parecía una imagen del dios empujando el disco solar a través del cielo. Jepri suele ser representado como un escarabajo pelotero. Las pinturas y joyas lo muestran a menudo de color azul o con incrustaciones de lapislázuli por su asociación con el cielo, aunque en los dibujos funerarios aparece con su color negro auténtico. También puede aparecer de pie sobre una barca, como muestran los textos funerarios y otras escenas relacionadas, que está siendo arrastrada por Nun como la personificación de las aguas caóticas primigenias. El dios Jepri no poseyó culto propio, aunque recibió honores en muchos templos. Se conocen amuletos en forma de escarabajo pelotero desde la V Dinastía; también sellos con esta forma que aparecen durante el Primer Período Intermedio.

Ma'atMA’AT.- Idea de justicia universal, dentro de la mentalidad egipcia. El ma'at es al mismo tiempo un concepto de justicia universal, y también de equilibrio y armonía cósmicos, que aglutina en su torno toda la cosmovisión egipcia (más o menos como la noción de armonía y de areté es propia del mundo helénico, o la idea de pecado y virtud es propia del mundo occidental).
La creencia en el ma'at emana desde muy antiguo en la cultura egipcia, y alcanzó su máximo desarrollo en el Reino Antiguo. En ese tiempo se entendía que el guardián y garante de dicho equilibrio cósmico era el faraón, como suprema encarnación de la justicia humana y divina. Sin embargo, después de la crisis política que sobrevino a la muerte de Pepi II, la fe de los antiguos egipcios hizo crisis, por lo que el concepto de ma'at fue separado del cargo del faraón.

Algunas veces se representaba al ma'at como una deidad más, pero esto parece haber sido por motivos meramente alegóricos, por cuanto la diosa Ma'at nunca tuvo mayor participación en las sagas mitológicas de los dioses egipcios.

El signo jeroglífico que la representa es una pluma de avestruz parada, vertical, en perfecto equilibrio.
Este símbolo suele aparecer en las representaciones de la llamada "psicostasis", esto es, el supuesto momento en que se pesaba el Ba o el Ah -en todo caso el alma- del difunto en una balanza de dos platos, en un plato se representaba el alma del difunto y en el otro aparecía el jeroglífico de Maat.

NEKHBET.- Diosa buitre, a veces aparece junto a Edjo en la diadema real.
Nekhbet

PtahPTAH.- era un dios de la mitología egipcia, encargado de los trabajos artesanales y de la palabra. Por eso se le asocia en ocasiones con la sabiduría. Las ciudades del Antiguo Egipto rivalizaban por ubicar a Ptah como creador del mundo (Menfis) o como una divinidad surgida de las otras (Tebas). El dios tenía forma de hombrecillo envuelto en un sudario, se lo representaba de perfil.
De esta divinidad procede el nombre de Egipto, ya que la palabra griega Aegyptos, que pasó a otras lenguas, procede de Hat Ka Ptah, la Casa del Espíritu de Ptah, nombre de un templo de la ciudad de Menfis que luego dio nombre a la ciudad.
Durante la época del Imperio Antiguo, gracias al poder menfita, era el dios más poderoso, pero con el tiempo perdió notoriedad frente a otras deidades. Su esposa es Sekhmet y su hijo Nefertum, quienes eran también adorados en Menfis.

PTAH-SOKER-OSIRIS.- En la mitología egipcia, Osiris es el juez de los muertos y el jefe de la tríada de Tebas, formada por Isis, Horus y Osiris. Responsable de juzgar a los muertos, está rodeado de 42 dioses-jueces y designa cómo pasará el juzgado la inmortalidad. Según el mito, Osiris fue un héroe cultural, el fundador de la nación egipcia. Mediante una trampa artera, su hermano Seth lo mató y cortó su cuerpo en múltiples pedazos que esparció por todo Egipto. Su esposa y hermana Isis recuperó amorosamente todos los miembros menos el viril, que se había comido el pez oxirrinco. Con su poderosa magia, Isis logró insuflar nueva vida en el cadáver momificado de Osiris, el cual la dejó embarazada con su mirada. Engendraron así a su único hijo, Horus.

RaRÁ.- El dios Sol de Heliópolis y juez supremo. Otros dioses que aspirahan a tener reconocimiento universal solían vincular su nombre al de él. Por ejemplo, Amón-Ra. Cuando desaparece hacía el oeste es Atón, el anciano encorvado esperando en el más alla por los muertos que se calientan con sus rayos. Cuando vuelve a la vida por la mañana en el este, lo hace en forma de escarabajo, Jepri. Durante el día ilumina la tierra en forma de halcón (Rá).

RA-HARAKHTE.- Dios halcón, en el que se reunían las características de Ra y Horus.

SekhmetSEKHMET/SEJMET.- es la diosa leona, símbolo de la fuerza y el poder en la mitología egipcia. Se considera la diosa de la guerra y también de la venganza. Su ira era temible pero si se conseguía apaciguarla otorgaba a sus adoradores el dominio sobre sus enemigos y el vigor y la energía para vencer la debilidad y la enfermedad. En algunos templos se le ofrecía sangre de animales sacrificados con el fin de evitar su cólera.
Se la representa con cabeza de leona y cuerpo de mujer, con melena y generalmente coronada con el disco solar. En ciertos textos se la relaciona con la diosa gata Bastet, aduciendo que Sejmet es la forma encolerizada de Bastet y que, cuando se apacigua a la leona, esta se transforma en gata pero esto no parece muy correcto.
En algunos casos fue considerada aliada y protectora de Ra, dado que daba muerte a quienes osaran enfrentarse o atacar a la monarquía divina o terrenal. Su esposo era Ptah y su hijo, Nefertum.

SethSETH.- Dios de la violencia y las tormentas. Hermano y asesino de Osiris, representado como un animal no reconocible. Cuando era dios del desierto, Set era asociado con las tormentas de arena, y las caravanas que surcaban el país de los faraones. Debido a la extrema hostilidad del clima desértico, Set era visto como extremadamente poderoso, por lo tanto como un dios mayor. Una de las más comunes denominaciones era grande en fuerza. Como dios mayor Set era protector del Bajo Egipto, donde era adorado mayormente en Ombos.
Pese a ser considerado la antítesis de Osiris, y por lo tanto una personificación del mal, muchas de sus acciones se deben más a su anormal fuerza y carácter que al mal en sí mismo. El asesinato de su hermano fue motivado por la envidia, dado que en el reparto Seth recibe un terreno desértico, mientras Osiris se hace señor del fértil Egipto. Fue exiliado al desierto por su sobrino Horus, hijo de Osiris, en venganza por el asesinato de su padre.
Mientras que desde un principio se lo acusa de ser el causante del robo del Sol y de traer la oscuridad, a partir del Reino Nuevo, se lo toma como un ser benévolo, dios de la guerra y las armas, aunque por un breve tiempo. Es el encargado de proteger la barca de Ra, el dios egipcio que representa al Sol.
Algunos faraones llevan su nombre -tal el caso de Seth I, padre de Ramses II-, pero nunca fue ampliamente adorado por el pueblo egipcio, salvando algunas épocas de las primeras dinastías.

SobekSOBEK.- En la mitología egipcia, fue Sobek el dios cocodrilo, de carácter beneficioso, creador del Nilo, que habría surgido de su sudor; dios de la fertilidad, de la vegetación y de la vida. Su culto se remonta a las primeras dinastías egipcias. Se le creía emergido de las aguas del caos en la creación del mundo. Era "Señor de las aguas". En el aspecto maligno se le representa como un demonio del Más Allá; se le asoció a Seth porque creaba peligro y desorden; en alguna versión del mito de Osiris se dice que Seth se escondió en el cuerpo de un cocodrilo para escapar sin castigo por su crimen; sin embargo él ayudó en el nacimiento de Horus y ayudó a destruir a Seth; también rescató a los cuatro hijos de Horus de las aguas de Nun, por orden de Ra. Su morada estaba al este de la montaña de Baju, por lo que recibía el nombre de "Señor de Baju"; también tiene allí un templo. Está relacionado con el punto cardinal Norte. En la localidad de Gebelein, Neith era su madre, aunque en Sais era su hijo.

Representado como cocodrilo o hombre con cabeza de cocodrilo, con la corona atef. En la Baja Época puede también aparecer con cabeza de halcón, toro, carnero o león. Se asoció con Amón, con Ra (como Sobek-Ra), con Horus, Herishef y Seth; este último aparece también como su padre. Los griegos le llamaron Suchos, que quiere decir "cocodrilo" y le identificaron con Helios. Su centro de culto estaba en Cocodrilópolis (Shedet), luego en Ombos, (Shedet), luego en Ombos, Tebas y el lago Moeris. Adorado en Shedet (El-Fayum) junto a Neith y Senuy, y en Kom Ombo, y en Kom Ombo, donde es esposo de Heket o de Hathor y padre de Jonsu. Su fiesta se celebraba el día 4 del mes de Joiak.

THOUERIS.- Diosa hipopótamo, patrona de las parturientas.
Thoueris

ThotTHOT.- Dios de la sabiduría, la escritura, y de la luna. Está representado por un babuino o por un ibis. Éste dios cumple el rol de un escribano, ya que documenta los hechos de la sala de las dos verdades. Es famoso por quitar 5 días a la luna, los días epagómenos. Estos días permitieron que 5 dioses nacieran (Isis, Osiris, Set, Neftis y Horus).
Al ser Thot el Dios de la sabiduría tenía la autoridad sobre todos los dioses. Es el registrador y el juez. En el panteón religioso egipcio pesaba las almas en una balaza, representando así el juicio final de vivos y muertos. También fue el inventor de la escritura, patrón de los escribas, de las artes y de las ciencias. Como dios de la escritura, era el inventor de todas las palabras, del lenguaje articulado.

Para mayor información:
114 dioses egipcios
Wikipedia “Enciclopedia libre”

Anatomia del Aura

e distinguen numerosos sistemas creados a partir de la observación' para definir el campo aural Todos ellos dividen el aura en capas y definen éstas por sus posiciones, color, brillantez, forma, densidad, fluidez y función. Cada sistema está dirigido a la clase de trabajo que el individuo está «cumpliendo» con el aura. Los dos sistemas más parecidos al mío son el que emplea Jack Schwarz, que tiene más de siete capas y se describe en su libro Human Energy Systems, y el empleado por la reverenda Rosalyn Bruyere, del Healing Light Center de Glendale, California. Su sistema es de siete capas y lo ha descrito en la obra Wheels of Light, a Sudy of the Chakras.

Las siete capas del campo aural

Durante mis trabajos como consultora y sanadora he observado siete capas. En principio sólo podía ver las más bajas, que son las de mayor densidad y más fácilmente perceptibles. A medida que avanzaba en mis trabajos iba percibiendo más capas. Cuanto más elevada era la capa, mayor era la necesidad de expandir mi conciencia para detectarla. Es decir, que para percibir las capas superiores, como la quinta, la sexta y la séptima, tenía que sumirse en un estado meditativo, por lo general con los ojos cerrados.

Tras dos años de práctica empecé a ver más allá de la séptima, como explicaré brevemente al final de este capítulo.

Mis observaciones del aura me revelaron un interesante dibujo dualista del campo. Las capas alternas del campo están altamente estructuradas, mientras que las intermedias parecen estar compuestas por fluidos coloreados en constante movimiento. Estos fluidos atraviesan la forma establecida por las tornasoladas ondas luminosas permanentes. La dirección del flujo está regulada en cierto modo por la forma de la luz permanente, ya que pasa a través de sus líneas luminosas. También las formas permanentes de luz propiamente dichas son centelleantes, como si estuvieran formadas por hileras de numerosas lucecitas diminutas que parpadean con rapidez, cada una a una velocidad distinta. Las líneas luminosas permanentes parecen poseer diminutas cargas que las recorren.

Así, la primera, tercera, quinta y séptima capas tienen una estructura definida, mientras que la segunda, la cuarta y la sexta están compuestas por sustancias semejantes a fluidos, sin estructura determinada.

Cobran forma por el hecho de que atraviesan la estructura de las capas impares y, por ello, adoptan en cierto modo la de las capas estructuradas. Cada capa sucesiva penetra y atraviesa por completo todas las situadas debajo, incluyendo el cuerpo físico. Así, el cuerpo emocional se extiende más allá del cuerpo etéreo, e incluye tanto a éste como al cuerpo físico. En realidad, ninguno de los cuerpos es una «capa», aunque sea así como lo podemos percibir, sino una versión más expansiva de nuestro yo que lleva dentro otras formas más limitadas.

Desde el punto de vista del científico, cada capa puede ser considerada como un nivel de vibraciones más altas, que ocupan el mismo espacio que los niveles de vibración situados debajo y que se extienden más allá. Para percibir las capas de forma consecutiva, el observador debe aumentar su conciencia a cada nuevo nivel de frecuencia. Tenemos, por tanto, siete cuerpos, todos los cuales ocupan el mismo espacio simultáneamente, cada uno extendiéndose más allá del último, algo a lo que no estamos acostumbrados en la vida cotidiana «normal». Muchas personas estiman, de manera equivocada, que el aura se puede despojar de capas consecutivas, como se hace con una cebolla, pero no es así.

Las capas estructuradas contienen todas las formas del cuerpo físico, incluyendo sus órganos internos, vasos sanguíneos, etc., además de otras formas adicionales de las que carece éste. Existe un flujo vertical de energía que palpita hacia arriba y hacia abajo por el campo en la espina dorsal. Se extiende al exterior, más allá del cuerpo físico, por encima de la cabeza y por debajo del cóccix. Yo la denomino corriente de fuerza vertical principal. El campo presenta torbellinos turbulentos de forma cónica denominados chakras. Sus puntas señalan hacia la corriente de fuerza vertical principal, y sus extremos abiertos hacia el borde de cada capa del campo en el que están situados.

Isis,La señora de la Magia

sis fue una de las divinidades más veneradas del panteón egipcio. Esposa y hermana de Osiris, dios de la muerte y la resurrección, su lucha contra el malvado Set por recuperar el cuerpo despedazado de Osiris, al que revivió y con quien concibió a su hijo Horus, la convirtió en símbolo del amor conyugal. Provista de poderes mágicos, su culto traspasó las fronteras de Egipto y se difundió por todo el ámbito mediterráneo.

De entre las divinidades que poblaban el panteón del antiguo Egipto, Isis fue la más venerada. Su nombre significa asiento o trono, y hace alusión a la realeza. Pero Isis también representó la magia, el amor conyugal y la dedicación maternal. Formó pareja con Osiris, el dios de la muerte, de la resurrección y la fertilidad. Tras recorrer todo Egipto, su lucha por recomponer el cuerpo despedazado de su esposo —y hermano— Osiris la convirtió en símbolo del amor conyugal y en objeto de un ferviente culto por parte del pueblo, que le atribuyó poderes mágicos. Isis y Osiris fueron dioses civilizadores que gobernaron el país del Nilo y enseñaron a la humanidad los principios de la agricultura y las leyes. También instruyeron a los seres humanos en el modo en que se debía reverenciar a los dioses para que éstos se sintieran complacidos en todo momento, y prodigaran a Egipto y a sus gentes todo lo que esperaban y necesitaban para vivir con prosperidad y bienestar.


En distintas leyendas, Isis aparece representada como una diosa ávida de poder y vengativa, pero también como una divinidad compasiva. Los diversos mitos ligados a Isis alcanzaron gran popularidad en el antiguo Egipto, aunque su culto oficial se desarrolló sobre todo en una época más tardía. Pese a ser una de las diosas más importantes de la dinastía V, en el Egipto faraónico no fue diosa titular de ningún gran santuario, y sólo fue venerada en aquellos donde Osiris y su hijo Horus recibían culto. No obstante, la huella del culto a Isis a lo largo de la historia ha sido más profunda de lo que se pueda pensar.
Fuente: National Geographic

El Simurg

La literatura no es otra cosa que un sueño dirigido. Jorge Luis Borges

El Simurg es un pájaro inmortal que anida en las ramas del Árbol de la Ciencia; Burton lo equipara con el águila escandinava que, según la Edda Menor, tiene conocimiento de muchas cosas y anida en las ramas del Árbol Cósmico, que se llama Yggdrasill.

El Thalaba (1801) de Southey y la Tentación de San Antonio (1874) de Flaubert hablan del Simorg Anka; Flaubert lo rebaja a servidor de la reina Belkis y los describe como un pájaro de plumaje anaranjado y metálico, de cabecita humana, provisto de cuatro alas, de garras de buitre y de una inmensa cola de pavo real. En la fuentes originales el Simurg es más importante. Firdusi, en el Libro de reyes, que recopila y versifica antiguas leyendas del Irán, lo hace padre adoptivo de Zal, padre del héroe del poema; Farid al-Din Attar, en el siglo XIII lo eleva a símbolo o imagen de la divinidad. Esto sucede en el Mantiq al-Tayr (Coloquio de los Pájaros).

El argumento de esta alegoría, que integran unos cuatro mil quinientos dísticos, es curioso. El remoto rey de los pájaros, el Simurg, deja caer en el centro de China una pluma espléndida; los pájaros deciden buscarlo, hartos de su presente anarquía. Saben que el nombre de su rey quiere decir “Treinta Pájaros”, saben que su alcázar está en el Kaf, la montaña o cordillera circular que rodea la tierra. Al principio, algunos pájaros se acobardan: el ruiseñor alega su amor por la rosa; el loro la belleza que es la razón de que viva enjaulado; la perdiz no puede prescindir de las sierras; ni la garza de los pantanos; ni la lechuza de las ruinas.

Acometen al fin la desesperada aventura; superan siete valles o mares, el nombre del penúltimo es Vértigo, el último se llama Aniquilación. Muchos peregrinos desertan; otros mueren en la travesía. Treinta, purificados por sus trabajos, pisan la montaña del Simurg. Lo contemplan al fin: perciben que ellos son el Simurg y que el Simurg es cada uno de ellos y todos ellos.

El cosmógrafo Al-Qazwiní, en sus Maravillas de la creación, afirma que el Simorg Anka vive mil setecientos años y que, cuando el hijo ha crecido, el padre enciende una pira y se quema. “Esto, observa Lane, recuerda a leyenda del Fénix”.

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Tomado de: Manual de Zoología Fantástica.

Los Faraones Negros

Un capítulo ignorado por la historia relata la época en que los reyes, desde lo más profundo de África, conquistaron el antiguo Egipto

En el año 730 a. C. un hombre llamado Piankhi decidió que la única manera de salvar de sí mismo a Egipto era invadiéndolo. La situación se tornaría sangrienta antes de que llegara la salvación.

“Aparejen los mejores corceles de sus cuadras”, ordenó a sus caudillos. Destrozada por la mezquindad de los jefes militares, la civilización que había construido las colosales pirámides perdió su grandeza. Durante dos decenios Piankhi gobernó su reino desde Nubia, un estrecho en África cuya mayor parte se ubicaba en lo que ahora es Sudán. Piankhi se concebía como el auténtico gobernante de Egipto, así como el legítimo heredero de las tradiciones religiosas practicadas por faraones como Ramsés II y Tutmosis III. Hubo quienes no tomaron en serio los alardes de Piankhi, quien probablemente en realidad nunca visitó el Bajo Egipto. Pero él presenció directamente el avasallamiento del decadente Egipto: “Dejaré que el Bajo Egipto pruebe el sabor de mis dedos”, escribió más tarde.

Sus soldados bogaron al norte del río Nilo. Desembarcaron en Tebas, capital del Alto Egipto. Puesto que se creía que las guerras religiosas debían librarse de una manera apropiada, Pankhi ordenó a sus soldados que, antes de cualquier combate, se purificaran mediante una inmersión en el Nilo, vistieran lino de la mejor calidad y salpicaran sus cuerpos con el agua proveniente del templo en Karnak, lugar sagrado del dios solar Amón, a quien consideraba su deidad personal. Piankhi lo honró con ofrendas y sacrificios. Luego de consagrarse, el caudillo y sus hombres hicieron la guerra a cualquier legión que encontraron a su paso.

Al término de un largo año en campaña, todos los líderes en Egipto habían capitulado, incluyendo al poderoso tirano del delta, Tefnakht, quien envió a Piankhi un emisario para decirle: “¡Sé misericordioso!, que soy incapaz de ver tu rostro en los días de deshonra; no puedo erguirme ante tu fulgor, porque temo tu grandeza”. A cambio de sus vidas, los vencidos pidieron con vehemencia a Piankhi que utilizara sus templos, se quedara con sus más finas joyas y reclamara sus mejores caballos. Piankhi aceptó los ofrecimientos. En aquel momento, cuando sus siervos se estremecían ante él, el recién impuesto Señor de dos Reinos hizo algo extraordinario: embarcó a su ejército y su botín de guerra, zarpó rumbo al sur, hacia su tierra, Nubia, para nunca regresar a Egipto.

Tras un reinado de 35 años, Piankhi murió en 715 a. C.; sus súbditos honraron sus deseos al enterrarlo, con cuatro de sus caballos, en una pirámide similar a las egipcias. Fue el primer faraón que, después de 500 años, recibó un entierro de tal magnitud. Es una lástima que el gran nubio que consumó estas proezas no haya dejado, literalmente, un rostro para la historia. Las imágenes de Piankhi sobre las elaboradas estelas o losas de granito, que conmemoran su conquista en Egipto, ya hace tiempo que fueron destrozadas. Sobre un relieve en el templo de Napata, en la capital nubia, únicamente permanecen sus piernas. Sólo queda un particular detalle del hombre: su piel era negra.

Piankhi fue el primero de los llamados faraones negros, una sucesión de reyes nubios que reinaron en Egipto por tres cuartos de siglo, durante la dinastía 25. Los faraones negros reunificaron a un Egipto desgarrado, colmaron su paisaje de gloriosos monumentos, construyeron un extendido imperio desde la frontera sur hasta lo que hoy es Jartum, en la ruta septentrional hacia el Mediterráneo. Se mantuvieron firmes ante los sanguinarios asirios, y probablemente esto contribuyó a mantener a salvo Jerusalén.

Aquellos episodios históricos permanecieron inéditos durante largo tiempo. No fue sino hasta estos cuatro decenios recientes cuando algunos arqueólogos los han revivido, concediendo que los faraones negros no surgieron de la nada: proceden de una vigorosa civilización africana que, a lo largo de 2 500 años, medró en las riberas meridionales del Nilo y se remonta incluso hasta la primera dinastía egipcia.

Hoy en día las pirámides de Sudán son espectáculos inquietantes sobre el Desierto de Nubia. Se puede deambular a su alrededor sin verse asediado por los vendedores. Mientras que, cerca de 1 000 kilómetros al norte, hacia El Cairo o Luxor, los visitantes llegan en grandes cantidades para observar las maravillas egipcias, en Sudán raramente visitan las pirámides en El Kurru, Nuri y Meroe, serenas entre el paisaje árido que difícilmente indica que ahí hubo una próspera cultura de la antigua Nubia.

En la actualidad, la falta de claridad amenaza nuestro conocimiento sobre esta civilización. El gobierno de Sudán está construyendo un dique hidroeléctrico a lo largo del Nilo, 1 000 kilómetros río arriba, que parte de la gran presa de Asuán, edificada por Egipto en la década de los sesenta, lo que hace que gran parte de la baja Nubia se haya enviado hasta el fondo del lago Nasser. Para 2009 concluirá la construcción de la enorme presa Merowe, y un lago de 170 kilómetros de largo anegará el terreno que bordea la Cuarta Catarata del Nilo, o los rápidos, que incluyen miles de sitios sin explorar. A lo largo de los nueve años previos, los arqueólogos se han agolpado en esta región cavando frenéticamente, antes de que los monumentos históricos de Nubia se hundan.

el mundo antiguo era ajeno al racismo. Durante la conquista histórica de Piankhi, el hecho de que su piel fuese negra careció de importancia. Los trabajos artísticos provenientes de Egipto, Grecia y Roma muestran, en las tonalidades de piel, un inequívoco conocimiento de las peculiaridades raciales, pero hay poca evidencia de que una piel oscura fuera considerada como un signo de inferioridad. No fue sino hasta el siglo xix, en la época en que las potencias europeas colonizaron África, cuando los eruditos de Occidente pusieron atención –con sus poco piadosas consecuencias– al color de piel de los nubios.

Los exploradores que llegaron al estrecho central del río Nilo reportaron el hallazgo de templos y pirámides: las ruinas de la antigua civilización llamada kush. Tal fue el caso del doctor italiano Giuseppe Ferlini, quien removió la parte superior de al menos una pirámide, lo que inspiró a otros a hacer lo mismo. El objetivo del arqueólogo prusiano Richard Lepsius era el estudio, pero al concluir que los kushitas seguramente “pertenecían a una raza blanca”, sólo causó más daño.

Incluso, George Reisner, el afamado egiptólogo de la Universidad de Harvard cuyos descubrimientos entre 1916 y 1919 presentaron la primera evidencia arqueológica de los reyes nubios que gobernaron Egipto, contaminó sus propias investigaciones, al insistir en que los negros africanos no pudieron haber edificado aquellos monumentos excavados por él. Aseguraba que los líderes nubios, incluido Piankhi, eran egipto-libios de piel blanca que se impusieron a los africanos primitivos.

Por decenios muchos historiadores han vacilado respecto a los nubios: ya sea que en realidad los faraones kushitas hayan sido “blancos” o negros, su civilización desciende de una auténtica cultura egipcia. En su historia de 1942, Cuando Egipto gobernaba el oriente, los muy respetados egiptólogos Keith Seele y George Steindorff resumieron la dinastía nubia faraónica y los triunfos de Piankhi en apenas tres enunciados, el último de los cuales sentenciaba: “Mas su dominio no duró por tanto tiempo”.

La incuria que padeció la historia de Nubia no sólo reflejó la intolerante visión del mundo de esa época, sino también dio origen a una seudofascinación por las proezas egipcias y a un total desconocimiento del pasado de África. “La primera vez que fui a Sudán –recuerda el arqueólogo suizo Charles Bonnet– la gente me decía: ¡Estás loco!, allá no hay historia, todo está en Egipto”.

Eso sucedió hace apenas 44 años. En 1960, cuando subieron las aguas en Asuán, los objetos hallados durante las campañas de rescate empezaron a cambiar esa visión. En 2003, después de decenios de haber excavado cerca de la Tercera Catarata del Nilo, en el poblado abandonado de Kerma, Charles Bonnet obtuvo reconocimiento internacional por el descubrimiento de siete grandes estatuas de piedra de los faraones nubios. No obstante, tiempo antes de este hallazgo, las investigaciones de Bonnet habían revelado un antiguo y pequeño centro urbano, que dominaba vastos campos y extensos ganados, y que se beneficiaba del intercambio de oro, ébano y marfil. “Era un reino totalmente emancipado de Egipto, y original en cuanto a su edificación y ritos funerarios”, menciona Bonnet. Esta poderosa dinastía surgió justamente durante la caída del Imperio Medio de Egipto, en 1785 a. C. Para el año 1500 a. C., el imperio nubio se extendió entre la Segunda y la Quinta cataratas.

Al estudiar de nuevo la época de oro en el desierto africano no se aporta mucho a la posición de los egiptólogos afrocentristas, quienes sostienen que todos los antiguos egipcios, del rey Tut hasta Cleopatra, eran negros africanos. Sin embargo, las epopeyas de los nubios confirman que, en tiempos pasados, una civilización de la remota África no sólo prosperó, sino que dominó, aunque brevemente, entremezclándose o casándose con sus vecinos del norte, los egipcios. A los gobernantes egipcios no les gustaba tener un vecino poderoso al sur, especialmente porque dependían de las minas de oro de Nubia para financiar su predominio en Asia occidental. De tal manera que los faraones de la dinastía 18 (1539-1292 a. C.) enviaron legiones para conquistar Nubia y erigir fuertes a lo largo del Nilo. Impusieron a los jefes nubios como administradores, y a los niños de los nubios privilegiados los educaron en Tebas.
Subyugada, la elite nubia comenzó a adoptar la cultura y las costumbres religiosas de Egipto, venerando a sus dioses, valiéndose de su idioma, adoptando sus ritos funerarios, para, después, construir pirámides. Podría decirse que los nubios fueron los primeros en caer en la “egiptomanía”.

Los egiptólogos de finales del siglo xix y principios del xx interpretaron esto como un signo de debilidad, pero se equivocaron: los nubios tuvieron un don, el de discernir la situación geopolítica del momento. Para el siglo viii a. C., Egipto fue dividido por bandos: el norte, liderado por los jefes libios, quienes se revistieron de tradiciones faraónicas para ganar legitimidad. Una vez en el poder, moderaron la devoción teocrática hacia Amón, y los sacerdotes en Karnak temían que, como resultado, la población fuese atea. ¿Quién podría devolver a Egipto a su antigua condición de poderío y santidad?

Los sacerdotes egipcios dirigieron sus miradas hacia el sur, y encontraron la respuesta: una población que, sin siquiera poner un pie en Egipto, preservó sus tradiciones espirituales. Como expresa Timothy Kendall, arqueólogo de la Universidad de Northeastern, los nubios “fueron más católicos que el papa”.

BAJO EL DOMINIO NUBIO Egipto llegó a ser, nuevamente, Egipto. Cuando Piankhi murió, en 715 a. C., su hermano, Shabaka, consolidó la dinastía 25 al establecer su residencia en la capital egipcia de Menfis. De la misma manera que su hermano, Shabaka contrajo matrimonio como en las antiguas tradiciones faraónicas, asumiendo el trono con el nombre del soberano de la dinastía 6, Pepi II, tal y como Piankhi reclamó el trono con el antiguo nombre de Tutmosis III.

Con obras arquitectónicas, Shabaka colmó de lujos a Tebas y el templo de Luxor. En Karnak levantó una estatua de granito rosa retratándose con la doble corona kushite uraeus: las dos cobras denotan su legitimidad como Señor de los Dos Reinos. Mediante la arquitectura y el poderío militar, Shabaka le manifestó a Egipto que los nubios estaban ahí para quedarse.

Hacia el este, los asirios construían aceleradamente su propio imperio. En 701 a. C., cuando avanzaban hacia Judea –hoy en día Israel–, los nubios decidieron atacar. Los dos ejércitos se encontraron en la ciudad de Eltekeh. A pesar de que el emperador asirio Sennacherib se jactó de que “les infligió la destrucción a los nubios”, un joven príncipe nubio, quizá de 20 años, hijo del gran faraón Piankhi, logró sobrevivir. El que los asirios fallaran en su intento por ejecutar al príncipe, sugiere que su victoria fue todo menos total.

En todo caso, cuando los asirios partían de sus tierras y se congregaban a las puertas de Jerusalén, el líder sitiado, Ezequías, confiaba en que los aliados de los egipcios llegarían a salvarlo. Burlonamente, los asirios dieron una respuesta inmortalizada en el Antiguo Testamento (Reyes II): “Tú cuentas con la ayuda de esa caña rota que es Egipto, que rompe y traspasa la mano de todo el que se apoya en ella. Así se porta el Faraón con los que confían en él”.

Entonces, según las Escrituras y otras crónicas, ocurrió un milagro: los asirios se replegaron. ¿Acaso una plaga los azotó? O, como plantea el provocador libro de Henry Aubin, El rescate de Jerusalén, ¿quizá fueron las alarmantes noticias de que el príncipe nubio avanzaba sobre Jerusalén? Lo que se sabe con certeza es que Sennacherib abandonó el lugar y, a galope, deshonrado, volvió a su reino, donde, al parecer a manos de sus hijos, fue asesinado 18 años después.

Ha sido fácil pasar por alto entre estos cruciales acontecimientos históricos, al margen de este panorama, al personaje de piel negra, el sobreviviente de Eltekeh, el implacable príncipe que para los asirios sería “aquel que fue condenado por los dioses”: Taharqa, hijo de Piankhi.

TAN ARROLLADORA fue la influencia de Taharqa sobre Egipto, que incluso sus enemigos fueron incapaces de borrar su huella; levantó monumentos por todo Egipto: estatuas, cartelas o bustos, que ostentan su nombre o su imagen, muchos de los cuales, en la actualidad, están en los museos alrededor del mundo. Se le representa como un suplicante de los dioses o ante la presencia protectora de Amón, la deidad carnero; él mismo como esfinge, o bien como guerrero. Muchas de las estatuas fueron mutiladas por sus adversarios. En varias, su nariz está desprendida, lo cual impide que regrese de la muerte. En otras, el uraeus de su frente también está destrozado, en repudio de su título como Señor de los Dos Reinos.

Su padre, Piankhi, devolvió a Egipto las auténticas costumbres faraónicas. Su tío, Shabaka, estableció la presencia nubia en Menfis y Tebas. Sin embargo, sus ambiciones palidecieron ante aquel jefe de 31 años de edad que fue coronado en Menfis en el año 690 a. C., y que condujo los imperios unidos de Egipto y Nubia por los siguientes 26 años.

Taharqa ascendió en un buen momento para la dinastía 25. Los jefes del delta fueron abatidos. Los asirios, al fallar en su intento para derrotarlo en Jerusalén, no querían compartir autoridad ni tierras con el gobernante nubio. Egipto era sólo de él y para él. Los dioses le aseguraron prosperidad, sin conflictos militares. En su sexto año en el trono, las aguas en el Nilo crecieron a causa de las lluvias, provocaron inundaciones en los valles y produjeron asombrosas cosechas de grano sin afectar ninguna aldea. Como Taharqa dejaría inscrito en sus cuatro estelas conmemorativas, las inundaciones incluso exterminaron a todas las ratas y serpientes. Era evidente que el venerado Amón sonreía a su elegido.

Taharqa no se propuso ahorrar recursos, sino, más bien, gastarlos en su capital político. Así, emprendió la más audaz campaña para el fomento de cualquier faraón desde el Nuevo Imperio (hacia 1500 a. C.), cuando Egipto estaba en un periodo de expansión. Inevitablemente, las dos capitales sagradas de Tebas y Napata atrajeron la mayor parte de los fondos de Taharqa. Hoy en día, se yergue, entre el conjunto sagrado de templos en Karnak, cerca de Tebas, una solitaria columna de 19 m de altura. Ese pilar era uno de los 10 que conformaban un enorme quiosco que el (Viene de la p. 41) faraón nubio agregó al templo de Amón. Construyó asimismo un sinnúmero de capillas, que circundaban el templo, y erigió una gran cantidad de estatuas de sí mismo y de su madre, Abar. Sin siquiera dañar un solo monumento anterior a su época, Taharqa hizo suya a Tebas.

Realizó lo mismo a cientos de kilómetros río arriba, en la ciudad nubia de Napata. Su montaña sagrada, Jebel Barkal, cautivó incluso a los faraones egipcios del Nuevo Imperio, quienes creían que era el lugar donde nació Amón. En busca de representarse a sí mismo como heredero del Nuevo Imperio egipcio, Taharqa levantó, en honor de las diosas consortes de Amón, dos templos en la base de la montaña. Sobre la cumbre de Jebel Bakal, parcialmente cubierta con una hoja de oro para impresionar a los creyentes, el faraón negro mandó inscribir su nombre.
Aproximadamente a los 15 años de su mandato, entre la grandiosidad de su imperio constructivo, tal vez una pizca de arrogancia sobrecogía al gobernante nubio. “Taharqa tenía una sólida armada y representaba uno de los mayores poderes internacionales de su época –comenta Charles Bonnet–. Se concebía como el rey del mundo. Se hizo un tanto megalómano”.

A lo largo de la costa del Líbano, los mercaderes madereros nutrían las necesidades arquitectónicas de Taharqa con un continuo abastecimiento de enebro y cedro. Cuando el rey asirio Esarhaddon controló la ruta comercial, Taharqa envió tropas al sur del Levante para respaldar una revuelta contra el asirio. En el año 674 a. C., Esarhaddon anuló la jugada, internándose en Egipto; no obstante, las legiones de Taharqa repelieron a sus adversarios.
Claramente la victoria ensalzó al líder nubio. Los grupos rebeldes a lo largo del Mediterráneo compartieron sus veleidades y, en calidad de aliados, se unieron contra Esarhaddon. En 671 a. C., los asirios partieron con sus camellos, adentrándose en el desierto del Sinaí, para sofocar la rebelión. El éxito fue inmediato, entonces Esarhaddon era quien rebosaba con ansias de sangre. Enfiló sus legiones hacia el delta del Nilo.

Taharqa y sus legiones se alistaron para el combate contra los asirios; lucharon durante 15 días. Pero los nubios fueron replegados hasta Menfis, de donde, herido en cinco ocasiones, Taharqa logró escapar. Siguiendo la costumbre característica de los asirios, Esarhaddon mandó sacrificar a los lugareños y “hacer pilas con sus cabezas”. Más tarde los asirios escribieron: “Su reina, su harén, Ushankhuru su heredero, y el resto de sus hijos e hijas, sus fincas, sus dioses, sus caballos, sus ganados, sus carneros, una y otra vez, los llevaremos a Asiria. Arranqué de tajo la raíz kush en Egipto”. Para conmemorar la humillación de Taharqa, Esarhaddon encargó una estela, exponiendo a Ushankhuru, hijo de aquel, arrodillado ante los asirios con una cuerda alrededor del cuello.

Casualmente, Taharqa sobrevivió al conquistador. En el 669 Esarhaddon murió camino a Egipto, después de enterarse de que Taharqa se las arregló para volver a tomar Menfis. Bajo las órdenes de un nuevo rey, los asirios atacaron nuevamente la ciudad, esta vez con una legión engrosada por tropas de rebeldes capturados. Taharqa, sin posibilidades de éxito, partió hacia el sur, a Napata, para nunca regresar a Egipto.

Lo que define la importancia de Taharqa en Nubia es su permanencia en el poder luego de haber sido expulsado de Menfis en dos ocasiones. Cómo vivió sus últimos años es un misterio, con la gran excepción de un decisivo e innovador hecho. Como su padre, Piankhi, Taharqa eligió ser enterrado en una pirámide. Escogió un lugar en Nuri, en la ribera opuesta del Nilo. Timothy Kendall ha especulado al respecto: probablemente, Taharqa eligió esta ubicación porque, desde Jebel Barkal, su pirámide se alinea precisamente con el alba del antiguo Año Nuevo de Egipto, vinculándolo eternamente con el concepto egipcio de la reencarnación.

Pero la razón por la cual Taharqa escogiera este lugar quedará, como la historia de su población, en la oscuridad.
Escrito por: Robert Draper
Fuente: National Geographic

La acacia,simbolo

Como el muérdago entre los druidas, la "rama de oro" en las tradiciones greco-latinas, el ramo o las palmas en el Cristianismo y el sauce en las iniciaciones taoístas, la acacia es en la Masonería una planta sagrada que simboliza la resurrección y la inmortalidad. Su verdor perenne y la dureza incorruptible de su madera expresan, en efecto, la idea de la vida inextinguible que permanentemente renace victoriosa de la muerte.

Todos estos elementos simbólicos se integran perfectamente en la simbólica del grado de maestro, cuyo rito de admisión se centra principalmente en la leyenda que describe la muerte y posterior resurrección del maestro Hiram, modelo ejemplar del iniciado masón. En dicha leyenda es una rama de acacia la que permite "descubrir" la tumba donde yace enterrado el cuerpo de Hiram, expresándose así la identidad simbólica que existe entre éste y la propia planta.

La acacia simboliza el conocimiento de los secretos de los "verdaderos MM", de ahí que se la identifique con la posesión efectiva de la maestría, como bien se dice en el Rito Escocés Antiguo y Aceptado: "¿Sois MM?", a lo que se responde: "La A.·.". Como nos dice a este respecto O.Wirth: "Conocer la acacia es poseer las nociones Iniciáticas conducentes al descubrimiento del secreto de la Maestría. Para asimilar este secreto el adepto debe hacer revivir en él la muerta sabiduría". Para Aldo Lavagnini (Manual del Maestro, p. 51): "Sólo los maestros 'conocen la acacia', reconociendo la realidad de la vida en la apariencia de la muerte, y por consiguiente sólo los maestros poseen la capacidad de vivificar otra vez el cadáver y volverlo a la plena vida".

Asimismo, para René Guénon las espinas de la acacia (de la que se dice estaba hecha la corona de espinas que portaba Cristo en su Pasión) equivalen a los "rayos luminosos", de ahí el carácter eminentemente solar que conserva esta planta, que está presente en las flores amarillas de la mimosa, considerada como una variedad de la acacia. Como el mismo Guénon dice a este respecto: "Se ve, pues, que el simbolismo tiene siempre perfecta coherencia, como debe necesariamente tenerla, por lo demás, ya que no es el resultado de una convención más o menos artificial sino, por el contrario, se funda esencialmente en la naturaleza misma de las cosas".

Según Jules Boucher, la palabra "acacia" procede el griego akakia, que significa "inocencia", o "ausencia de vicios", aludiéndose así a las ideas de "virtud" y de "pureza", en el sentido iniciático y no simplemente moral de ambos términos. Añadiremos que en la tumba de H.·. la acacia se dispone a veces entre la escuadra y el compás, ocupando así una posición eminentemente "central".

La Rosa de Paracelso.Jorge Luis Borges

La Rosa de Paracelso.

De Quincey, Writings, XIII, 345

En su taller, que abarcaba las dos habitaciones del sótano. Paracelso pidió a su Dios, a su indeterminado Dios, a cualquier Dios, que le enviara un discípulo. Atardecía. El escaso fuego de la chimenea arrojaba sombras irregulares. Levantarse para encender la lámpara de hierro era demasiado trabajo. Paracelso, distraído por la fatiga, olvidó su plegaria. La noche había borrado los polvorientos alambiques y el atanor cuando golpearon la puerta. El hombre, soñoliento, se levantó, ascendió la breve escalera de caracol y abrió una de las hojas. Entró un desconocido. También estaba muy cansado. Paracelso le indicó un banco; el otro se sentó y esperó. Durante un tiempo no cambiaron una palabra.
El maestro fue el primero que habló.
-Recuerdo caras del Occidente y caras del Oriente -dijo no sin cierta pompa-, No recuerdo la tuya, ¿Quién eres y qué deseas de mí?
-Mi nombre es lo de menos -replicó el otro-, Tres días y tres noches he caminado para entrar en tu casa. Quiero ser tu discípulo. Te traigo todos mis haberes.
Sacó un talego y lo volcó sobre la mesa. Las monedas eran muchas y de oro. Lo hizo con la mano derecha. Paracelso le había dado la espalda para encender la lámpara. Cuando se dio vuelta advirtió que la mano izquierda sostenía una rosa. La rosa lo inquietó.
Se recostó, juntó la punta de los dedos y dijo:
-Me crees capaz de elaborar la piedra que trueca todos los elementos en oro y me ofreces oro. No es oro lo que busco, y si el oro te importa, no serás nunca mi discípulo,
-El oro no me importa -respondió el otro-, Estas monedas no son más que una parte de mi voluntad de trabajo. Quiero que me enseñes el Arte. Quiero recorrer a tu lado el camino que conduce a la Piedra.
Paracelso dijo con lentitud:
-El camino es la Piedra. El punto de partida es la Piedra. Si no entiendes estas palabras, no has empezado aún a entender. Cada paso que darás es la meta.
El otro lo miró con recelo. Dijo con voz distinta:
-Pero, ¿hay una meta?
Paracelso se rió.
-Mis detractores, que no son menos numerosos que estúpidos, dicen que no y me llaman un impostor. No les doy la razón, pero no es imposible que sea un iluso. Sé que "hay" un Camino,
Hubo un silencio, y dijo el otro:
-Estoy listo a recorrerlo contigo, aunque debamos caminar muchos años. Déjame cruzar el desierto. Déjame divisar siquiera de lejos la tierra prometida, aunque los astros no me dejen pisarla. Quiero una prueba antes de emprender el camino,
-¿Cuándo? -dijo con inquietud Paracelso.
-Ahora mismo -dijo con brusca decisión el discípulo.
Habían empezado hablando en latín; ahora, en alemán.
El muchacho elevó en el aire la rosa.
-Es fama -dijo- que puedes quemar una rosa y hacerla resurgir de la ceniza, por obra de tu arte. Déjame ser testigo de ese prodigio. Eso te pido, y te daré después mi vida entera.
-Eres muy crédulo -dijo el maestro- No he menester de la credulidad; exijo la fe.
El otro insistió.
-Precisamente porque no soy crédulo quiero ver con mis ojos la aniquilación y la resurrección de la rosa.
Paracelso la había tomado, y al hablar jugaba con ella.
-Eres crédulo -dijo-. ¿ Dices que soy capaz de destruirla?
-Nadie es incapaz de destruirla -dijo el discípulo.
-Estás equivocado. ¿Crees, por ventura, que algo puede ser devuelto a la nada? ¿ Crees que el primer Adán en el Paraíso pudo haber destruido una sola flor o una brizna de hierba?
-No estamos en el Paraíso -dijo tercamente el muchacho-; aquí, bajo la luna, todo es mortal.
Paracelso se había puesto en pie.
-¿En qué otro sitio estamos? ¿Crees que la divinidad puede crear un sitio que no sea el Paraíso? ¿Crees que la Caída es otra cosa que ignorar que estamos en el Paraíso?
-Una rosa puede quemarse -dijo con desafío el discípulo.
-Aún queda fuego en la chimenea -dijo Paracelso-. Si arrojaras esta rosa a las brasas, creerías que ha sido consumida y que la ceniza es verdadera. Te digo que la rosa es eterna y que sólo su apariencia puede cambiar. Me bastaría una palabra para que la vieras de nuevo.
-¿Una palabra? -dijo con extrañeza el discípulo-. El atanor está apagado y están llenos de polvo los alambiques. ¿Qué harías para que resurgiera?
Paracelso le miró con tristeza.
-El atanor está apagado -repitió-- y están llenos de polvo los alambiques. En este tramo de mi larga jornada uso de otros instrumentos.
-No me atrevo a preguntar cuáles son -dijo el otro con astucia o con humildad.
-Hablo del que usó la divinidad para crear los cielos y la tierra y el invisible Paraíso en que estamos, y que el pecado original nos oculta. Hablo de la Palabra que nos enseña la ciencia de la Cábala.
El discípulo dijo con frialdad:
-Te pido la merced de mostrarme la desaparición y aparición de la rosa.
No me importa que operes con alquitaras o con el Verbo.
Paracelso reflexionó. Al cabo, dijo:
-Si yo lo hiciera, dirías que se trata de una apariencia impuesta por la magia de tus ojos. El prodigio no te daría la fe que buscas: Deja, pues, la rosa.
El joven lo miró, siempre receloso. El maestro alzó la voz y le dijo:
-Además, ¿quién eres tú para entrar en la casa de un maestro y exigirle un prodigio? ¿Qué has hecho para merecer semejante don?
El otro replicó, tembloroso:
-Ya sé que no he hecho nada. Te pido en nombre de los muchos años que estudiaré a tu sombra que me dejes ver la ceniza y después la rosa. No te pediré nada más. Creeré en el testimonio de mis ojos.
Tomó con brusquedad la rosa encarnada que Paracelso había dejado sobre el pupitre y la arrojó a las llamas. El color se perdió y sólo quedó un poco de ceniza. Durante un instante infinito esperó las palabras y el milagro.
Paracelso no se había inmutado. Dijo con curiosa llaneza:
-Todos los médicos y todos los boticarios de Basilea afirman que soy un embaucador. Quizá están en lo cierto. Ahí está la ceniza que fue la rosa y que no lo será.
El muchacho sintió vergüenza. Paracelso era un charlatán o un mero visionario y él, un intruso, había franqueado su puerta y lo obligaba ahora a confesar que sus famosas artes mágicas eran vanas.
Se arrodilló, y le dijo:
-He obrado imperdonablemente. Me ha faltado la fe, que el Señor exigía de los creyentes. Deja que siga viendo la ceniza. Volveré cuando sea más fuerte y seré tu discípulo, y al cabo del Camino veré la rosa.
Hablaba con genuina pasión, pero esa pasión era la piedad que le inspiraba el viejo maestro, tan venerado, tan agredido, tan insigne y por ende tan hueco. ¿Quién era él, Johannes Grisebach, para descubrir con mano sacrílega que detrás de la máscara no había nadie?
Dejarle las monedas de oro sería una limosna. Las retornó al salir. Paracelso lo acompañó hasta el pie de la escalera y le dijo que en esa casa siempre sería bienvenido. Ambos sabían que no volverían a verse.
Paracelso se quedó solo. Antes de apagar la lámpara y de sentarse en el fatigado sillón, volcó el tenue puñado de ceniza en la mano cóncava y dijo una palabra en voz baja. La rosa resurgió.

Jorge Luis Borges.
Publicado en: Escuadra y compás