miércoles, 27 de abril de 2011

Constelaciones familiares, una llave terapéutica

Constelaciones familiares, una llave terapéutica

Nacido en Alemania en 1925, Bert Hellinger realizó estudios en Filosofía, Teología y Pedagogía, y trabajó durante 16 años en Sudáfrica como miembro de una orden de misioneros católicos, dirigiendo varias escuelas superiores. Posteriormente se hizo psicoanalista y a través de diversas técnicas como dinámica de grupo, terapia primaria, análisis transaccional y varios métodos de hipnoterapia, llegó a desarrollar su propia terapia sistémica y familiar, conocida como Constelaciones Familiares, hallazgo que lo convirtió en una de las figuras más destacadas de la actualidad en Europa y Estados Unidos, en el campo psicoterapéutico.


En el 2001, Hellinger presentó su trabajo en Caracas a través de un taller que, para los participantes, resultó "una experiencia fascinante, profunda, sanadora, revolucionaria y conmovedora en los asuntos que tienen que ver con la curación del alma". Ha compartido y trabajado su novedoso enfoque con cientos de personas en Israel, Argentina, México, Chile, Venezuela, Japón, China, Rusia, EEUU, Alemania, Suecia, Austria, entre otros países.


Actualmente, el Instituto Bert Hellinger tiene sedes en diversas parte del mundo donde de imparte formación en la materia, para la que se ha de tener mucha responsabilidad y profesionalismo a la hora de practicarla.


En Venezuela
Carolina Castillo, fundadora y directora del Instituto Bert Hellinger de Venezuela y directora del Bert Hellinger Institute of Western Pennsylvania, obtuvo como docente el título Associate Degree of Science en Estados Unidos, es terapeuta sistémico y terapeuta en Constelaciones Familiares (certificada por el Instituto Bert Hellinger de Berlín). En Junio de 2001 organizó el primer seminario de Bert Hellinger en Caracas y coordinó el I Entrenamiento Internacional de Constelaciones Familiares con el apoyo del Instituto Bert Hellinger de Berlín. Además, supervisa, coordina y facilita entrenamientos y talleres en toda el área de Latinoamérica y EEUU. Participó en el III Congreso de Constelaciones Familiares en Alemania 2001 y representó a Venezuela en el panel de Latinoamérica en el I Congreso de Constelaciones Familiares en Oaxaca, México, en el 2003, con su taller temático "Miedo al Exito". Participa regularmente en talleres con los más afamados y reconocidos terapeutas alemanes como Gunthard Weber, Bertold Ulsamer, Sthephan Hausner, Harald Hohnen y otros. Sigue su proceso de formación al lado de Bert Hellinger, con quien comparte e intercambia ideas sobre las constelaciones y su evolución. Actualmente escribe su primer libro donde comparte sus experiencias y hallazgos sobre Constelaciones Familiares.


Cómo comprender las relaciones humanas
Más allá de una terapia, las Constelaciones Familiares de Hellinger aportan un nuevo conocimiento para la comprensión de las relaciones humanas a través de los llamados "Ordenes del amor" o conciencia común que existe en un sistema familiar y que vela por el sentido y derecho de pertenencia de cada uno de sus miembros, factor que según Hellinger puede llegar a generar identificaciones e implicaciones sistémicas en las siguientes generaciones, desde el momento en que un miembro de un sistema familiar que ha sido excluido, menospreciado, olvidado, ha tenido un destino trágico o muerte temprana, es representado por otro miembro de una generación posterior, quien asume este rol inconscientemente movido por la "buena conciencia familiar", tomando para sí un destino y una carga que no le corresponde.


Las Constelaciones Familiares trascienden el ámbito terapéutico y se entrecruzan con los Derechos Humanos pues sus paradigmas aportan una semilla más para el logro de la paz y bien vale la pena el esfuerzo de construir una cultura para la paz, formadora de valores ciudadanos que resalten el amor, el respeto, la tolerancia, la equidad, igualdad y humildad, a través de los "Movimientos del Alma" que conllevan a la reconciliación.


Hellinger considera que urge la necesidad de tomar decisiones políticas más humanas en el mundo frente a la prueba de las consecuencias, así como trabajar para las generaciones que vienen con el fin de prevenir que los niños tengan que padecer el rencor de los destinos dolorosos.


Las Constelaciones Familiares
Poderosas y profundas conexiones unen a cada individuo con su familia a lo largo de una o varias generaciones, especialmente con aquellas que han sido afectivamente significativas, creándose un vínculo de amor y lealtad entre sí. Pero ocurre que lo que una generación dejó sin resolver, le tocará de manera inconsciente e inocente a la siguiente hacerlo, dejándoles atrapados en asuntos que no son de su responsabilidad. Se trata de la transmisión transgeneracional de los problemas familiares que crean una cadena de destinos trágicos, ya que los problemas no resueltos y las injusticias cometidas con generaciones anteriores dentro y fuera de la familia, van afectando a generaciones siguientes, expresándose de diversas formas: a través de enfermedades inexplicables, depresiones, suicidios, relaciones conflictivas, trastornos físicos y psíquicos, dificultad de encontrar pareja, comportamientos conflictivos con algún miembro del sistema familiar; etcétera.


Pero mediante la configuración de la Constelación Familiar, sin embargo, pueden revertirse los males utilizando el mismo amor que enfermó para sanar. Al hacer emerger las lealtades invisibles y tener conciencia de éstas, los asuntos familiares pendientes se completan, dejando a cada persona con su propia responsabilidad y su digno lugar en la familia. Al lograr expresar los sentimientos y sensaciones que reflejan auténticamente a la persona a quien se representa, aun sin haberle conocido previamente, se restablece el "Orden del Amor" y se rompe la cadena de los destinos trágicos.


Este método de trabajo es individual y no requiere la presencia de la familia, ya que un sistema familiar se puede trabajar a partir de uno de sus integrantes, pero se puede realizar también en grupo con la intervención de personas interesadas que sirven de representantes de una familia para resolver un caso.


El trabajo de Constelaciones Familiares es de gran utilidad para profesionales relacionados con el campo de la Psicología, trabajo social o comunitario, Sociología, Medicina, Educación y Leyes, Comunicación Social, Ciencias Sociales, Literatura y otras áreas donde se aborden temas de violencia intrafamiliar, embarazo adolescente, enfermedades psicosomáticas, Derechos Humanos, derechos reproductivos, salud, justicia, sexualidad, adicciones, sida, migración, violencia política, cambios de leyes; entre otros.


¿Cuál es el radio de acción de esta terapia?
Es aplicable para la comprensión y sanación de todos los ámbitos humanos, a saber:


-Salud Pública:
Enfermedades recurrentes en la familia, adicciones, accidentes, enfermedades crónico-degenerativas, muertes tempranas; etcétera.


- Salud reproductiva:
Cáncer de la mujer, esterilidad, bebés fallecidos, relaciones importantes antes de la unión, violación, abortos, sida, embarazos no esperados, muerte de la madre durante el parto; etcétera.


- Violencia intrafamiliar:
Personas difamadas, nuevas uniones, medios hermanos conocidos o desconocidos, divorcios difíciles, hombres violentos, mujeres maltratadas, secretos familiares, hijos no reconocidos, abuso infantil sexual, físico y psicológico; etcétera.


- Violencia política:
Personas desaparecidas, torturadas, prisioneras, muertas en guerra, guerrillas o asesinadas. Personas que emigraron o que estuvieron en riesgo de muerte, fortunas mal habidas, perpetradores en la familia, discriminación étnica, sexual, religiosa.


Fuente: eluniversal.com

Descubren las bases neurológicas de la sabiduría

Descubren las bases neurológicas de la sabiduría Definida desde la religión y la filosofía durante siglos, ahora se sabe que está asociada al sistema límbico y a la corteza prefrontal


La sabiduría, entendida como una virtud humana asociada a la empatía, la compasión o el altruismo, está relacionada con la actividad de ciertas partes del cerebro, según una investigación de la Universidad de California en San Diego. La investigación determinó que la corteza prefrontal del cerebro se activa con la regulación emocional o la capacidad de relativizar; que la corteza prefrontal lateral facilita la toma de decisiones razonadas; y que la corteza prefrontal media está implicada en el equilibro emocional y la actitudes pro-sociales o socialmente positivas. Aunque éste es sólo el inicio de un largo camino de investigaciones, la neurobiología promete explicar e incluso fomentar esta misteriosa virtud, hasta hace poco asociada únicamente a la filosofía y a la religión. Por Yaiza Martínez.




Científicos de la Universidad de California en San Diego (UCSD), Estados Unidos, han analizado por vez primera –revisando todos los estudios relacionados con el tema- la neurobiología de la sabiduría, un fenómeno de la conciencia humana normalmente estudiado desde la religión o desde la filosofía.

Los encargados de esta revisión de documentos han sido los especialistas Dilip V. Jeste y Thomas W. Meeks, del Departamento de Psiquiatría de la UCSD y del Stein Institute for Research on Angig, y los resultados obtenidos han aparecido recientemente publicados en la revista especializada Archives of General Psychiatry.

Según declaró Jeste en un comunicado emitido por la UCSD, “a pesar de que existen muchas similitudes en la definición de sabiduría en las diversas épocas y culturas, dicha definición es más bien subjetiva”.

Desde la perspectiva de la neurobiología el científico señala que “nuestra investigación sugiere que habría una base neurobiológica en las características más universales de la sabiduría”.

Preguntas sin respuesta

La sabiduría es una capacidad psicológica única que se ha mencionado desde la antigüedad, que se ha discutido desde diversas disciplinas del conocimiento desde siempre, y que sólo recientemente ha sido analizada por la psicología y la sociología.

Por otro lado, la sabiduría ha sido definida a lo largo de los siglos y en el transcurso de las civilizaciones como un cúmulo de elementos psicológicos.

Los componentes más comúnmente señalados dentro de esta virtud humana han sido la capacidad de empatía, la compasión o el altruismo, la estabilidad emocional, el auto-conocimiento; y algunas actitudes pro-sociales, como la tolerancia hacia los valores ajenos.

Pero, según Jeste, ciertas preguntas siempre han quedado sin respuesta: ¿es la sabiduría universal o tiene una base cultural?; ¿es una virtud únicamente humana, relacionada con la edad?; ¿depende la sabiduría de la experiencia o, por el contrario, puede ser enseñada?

La investigación empírica a este respecto es algo relativamente novedoso. Meeks y Jeste señalan que en los años 70 del siglo pasado sólo se publicaron 20 artículos relativos a la sabiduría, pero que desde el año 2000 ha habido ya 250 publicaciones sobre el tema.


Áreas del cerebro implicadas

A pesar de este interés científico en alza, los investigadores no encontraron en su revisión ningún estudio anterior al suyo en el que la palabra “sabiduría” haya sido relacionada con términos como neurobiología, neuroimágenes o neurotransmisores, aseguran.

Con el fin de determinar si existen circuitos cerebrales específicos responsables de la sabiduría de los humanos, los científicos examinaron los artículos, publicaciones y documentos existentes para seis de los atributos más comúnmente incluidos en la definición de sabiduría, y para los circuitos cerebrales asociados con dichos atributos.

Revisados estos documentos, se recogieron todos aquellos datos que los investigadores consideraron potencialmente relevantes para definir la neurología de la sabiduría.

Meeks y Jeste se centraron inicialmente en los estudios en los que se había utilizado la técnica de neuroimagen funcional, que permite medir los cambios en el flujo sanguíneo del cerebro o las alteraciones en éste –ambos en relación a determinadas actividades cerebrales-, así como en investigaciones sobre el funcionamiento de los neurotransmisores.

Así descubrieron, por ejemplo, que el ejercicio del altruismo activa la corteza media pre-frontal, mientras que la toma de decisiones requiere una combinación de las funciones racional (corteza prefrontal dorsolateral, que juega un papel en la atención y en la memoria de trabajo), socio-emocional (corteza prefrontal media); y de detección de conflictos (corteza cingulada anterior, también asociada con el llamado “sexto sentido”).

Curiosamente, señalan los científicos, diversas áreas del cerebro parecen estar relacionadas con diferentes componentes de la sabiduría. En el artículo aparecido en Archives of General Psychiatry se especifica: la corteza prefrontal del cerebro se activa con la regulación emocional o la capacidad de relativizar; la corteza prefrontal lateral facilita la toma de decisiones calculadas o basadas en razonamientos; y la corteza prefrontal media estaría implicada en el equilibro emocional y la actitudes pro-sociales o socialmente positivas.

Equilibro entre cerebro antiguo y cerebro nuevo

Por otro lado, el neurocircuito de la recompensa (cuerpo estriado ventral y núcleo accumbens) también parece importante para la promoción de actitudes pro-sociales; y la actividad monoaminérgica (especialmente serotoninérgica y dopaminérgica) –que está influenciada por diversos polimorfismos genéticos- resulta esencial para ciertos subcomponentes de la sabiduría como la regulación emocional (incluido el control de los impulsos), la toma de decisiones o las actitudes pro-sociales.

En definitiva, según sugieren los investigadores de la UCSD, la neurobiología de la sabiduría podría implicar un equilibrio óptimo entre las regiones del cerebro más primitivas (sistema límbico) y las más nuevas (corteza prefrontal del cerebro).

Entre las posibles aplicaciones de un conocimiento profundo de los mecanismos neurobiológicos subyacentes a la sabiduría estaría la posibilidad de desarrollar, en el futuro, intervenciones destinadas a fomentarla, aseguran los científicos.

Por otro lado, según Jeste, “la comprensión de la neurobiología de la sabiduría tendría una especial significación clínica, por ejemplo, para el estudio de ciertos trastornos o lesiones cerebrales traumáticas que pueden afectar a los caracteres vinculados con esta capacidad”. La presente revisión sería, señala el investigador, tan sólo el primer paso de un largo proceso de investigaciones.


Yaiza Martínez

Bases de la Meditación Budista

Bases de la Meditación Budista
Traducción: José Silvestre Montesinos

El Budismo comenzó animando a sus practicantes a comprometerse con smrti (sati) o
vigilancia mental, lo que significa desarrollar una conciencia plena sobre todo aquello que tenga que ver con uno mismo y con el mundo que le rodea, ya sea sentado en una postura especial o en el decurso de la propia vida. Éste es el tipo de meditación que el propio Buda practicó bajo el árbol de la iluminación y se hace mención de ella en el séptimo punto del óctuple sendero.
Muy pronto, los monjes budistas expandieron y formalizaron su comprensión de la
meditación. Las bases de toda meditación, tal como fue entendido incluso en los primeros años del Budismo, son shamatha y vipashyana.
Shamatha se traduce a menudo como calma permanente o tranquilidad. El desarrollo de la tranquilidad es un prerrequisito para cualquier desarrollo posterior. Vipashyana significa visión clara o especial intuición, e implica una comprensión penetrante del sufrimiento, la inestabilidad y la ausencia de ego.
Sólo después de que estas formas hayan sido perfeccionadas puede uno seguir hacia otros tipos de meditación más complejos y exigentes. El samadhi es la concentración o la meditación sobre un solo tema. Implica una intensa focalización de la conciencia.
El samadhi produce los cuatro dhyanas, que significan absorciones. Buda se refiere al
samadhi y los dhyanas en el último punto del óctuple sendero, y de nuevo vuelve a hacerlo al morir. Dhyana se traduce como Jhana en pali, Ch’an en chino, Son en coreano, y Zen en japonés, y se ha convertido en esas culturas en sinónimo de meditación como un todo.
Meditación BásicaLa forma más básica de meditación se lleva a cabo atendiendo a la propia respiración.
Hay que empezar sentándose en una silla normal, manteniendo la espalda erecta si se puede. Las posturas más tradicionales son la del loto, sentados sobre un cojín con cada pie apoyado sobre el muslo opuesto, y variaciones como el medio loto (un pie sobre el muslo opuesto y el otro estirado frente a la rodilla opuesta). Esto es difícil para mucha gente. Algunos se ponen de rodillas, sentados sobre sus piernas o sobre un cojín entre ellas. Muchos usan un banco de meditación: una vez arrodillados depositan un pequeño banco bajo su trasero. Pero la meditación también puede realizarse estando de pie, caminado lentamente, tendidos en el
suelo o ¡incluso en una butaca!
Tradicionalmente, las manos se dejan caer sueltas, con las palmas hacia arriba, una sobre la otra, y con los pulgares tocándose ligeramente. A esto se le llama el mudra cósmico, la
primera de una larga serie de de posiciones simbólicas de las manos. De todos modos, se las puede dejar caer sobre los muslos, o en cualquier otra posición que uno encuentre confortable.
La cabeza debe mantenerse en alto, pero no rígida. Los ojos pueden estar cerrados, o
focalizados sobre un punto en el suelo un par de pies frente a uno, o mirando a las manos. Si sientes que te estás durmiendo, ¡mantenlos abiertos!
A los principiantes en la meditación se les pide a menudo que cuenten sus exalaciones hasta diez. Luego se vuelve a empezar desde el uno. Si se pierde la cuenta, simplemente se vuelve a comenzar. La respiración debe ser lenta y regular, pero no forzada o controlada artificialmente. Simplemente hay que respirar con naturalidad e ir contando.
Unas pocas semanas después, se puede dejar de llevar la cuenta e intentar simplemente
seguir la respiración. Hay que concentrarse en la entrada y salida del aire. Lo mejor es ser enteramente consciente de todo el proceso de la respiración, pero la mayoría de la gente se concentra en un aspecto o en otro: la sensación de frialdad seguida de calidez en la entrada de la nariz, o la elevación y descenso del diafragma. Muchos meditadores sugieren que imaginemos el aire entrando y saliendo a través de un pequeño agujero de una o dos pulgadas bajo el ombligo. Mantener la mente en la parte baja del cuerpo ayuda a alcanzar una meditación profunda. Pero si se tiene sueño, entonces es mejor centrarse más arriba, en la nariz.
Por supuesto, uno suele distraerse inevitablemente por los sonidos externos y por los
pensamientos internos. El modo de manejarlos es reconociendo estos distractores,
aceptando su presencia, pero sin apegarse a ellos. No hay que dejarse atrapar por ellos.
Simplemente hay que dejarlos existir, dejarlos pasar y volver a centrarse en la respiración.
Al principio, lo mejor es rascarse si sentimos picor y movernos un poco si nos sentimos incómodos. Más tarde, descubriremos que la misma atención disminuida que empleamos para los sonidos e ideas es igualmente útil para las sensaciones físicas.
Una forma de meditación más avanzada es shikantaza, o meditación en el vacío. Aquí, no se sigue ninguna instrucción. No existe la concentración, tan sólo una callada tranquilidad de conciencia. Retienes tu mente como si estuvieras preparado para que algo sucediera, pero no permites que tu mente se apegue a nada. Las cosas (sonidos, olores, dolores, pensamientos, imágenes) entran y salen a la deriva, como nubes bajo una brisa ligera. Ésta es mi favorita.
Mucha gente tiene serias dificultades con sus pensamientos. Estamos tan acostumbrados a nuestras mentes hiperactivas, que apenas nos damos cuenta de su estruendosa actividad. Así pues, cuando nos sentamos y nos ponemos a meditar por primera vez, toda esa actividad nos pilla fuera de juego. Por ello, algunas personas encuentran útil emplear un poco de imaginación para ayudarse a meditar. Por ejemplo, en lugar de llevar la cuenta o seguir la respiración, prefieren imaginar una escena idílica, quizá flotando en una cálida laguna, hasta que los sonidos de la mente terminan por extinguirse.
Es conveniente meditar durante quince minutos al día, preferiblemente al amanecer, antes de que la casa se llene de ruidos, o a última hora de la noche, cuando reina un completo silencio.
Si esto es demasiado, se puede meditar una vez por semana si así se prefiere. O también más a menudo. Ante todo, no hay que sentirse frustrado si las cosas no salen como uno imagina.
Ni tampoco ser demasiado competitivo. No hay que empezar buscando de buenas a
primeras la gran iluminación. Si uno tiene grandes pensamientos, estupendo. Escríbalos, si así gusta. Y luego vuelva a la respiración. Si uno siente emociones poderosas, maravilloso.
Pero luego vuelva de nuevo a la respiración. La respiración ES la iluminación.
El Ananda Sutta
Ananda, primo, amigo y discípulo devoto de Buda, le preguntó una vez si había alguna
cualidad particular que uno debiera cultivar especialmente para alcanzar un despertar
completo. Buda le respondió: estar concentrado en la respiración.
"Imaginemos el caso de un monje que sale a la espesura, busca la sombra de un árbol o se instala en una casa vacía, se sienta doblando sus piernas en cruz, mantiene su cuerpo erecto, y empieza a concentrarse. Siempre consciente, inspira; siempre consciente, expira. "Cuando hace una inspiración larga, es consciente de que está haciendo una inspiración larga; o cuando hace una expiración larga, es consciente de que está haciendo una expiración larga. Cuando hace una inspiración corta, es consciente de que está haciendo una inspiración corta; o cuando hace una expiración corta, es consciente de que está haciendo una expiración corta. Aprende a inspirar sintiendo todo su cuerpo y a expirar sintiendo todo su cuerpo. Aprende a inspirar calmando los procesos corporales, y a expirar calmando los procesos corporales.
"Aprende a inspirar sensible al éxtasis, y a expirar sensible al éxtasis. Aprende a inspirar sensible al placer, y a expirar sensible al placer. Aprende a inspirar sensible a los procesos mentales, y a expirar sensible a los procesos mentales. Aprende a inspirar calmando los procesos mentales, y a expirar calmando los procesos mentales.
"Aprende a inspirar sensible a la mente, y a expirar sensible a la mente. Aprende a inspirar satisfaciendo la mente, y a expirar satisfaciendo la mente. Aprende a inspirar serenando la mente, y a expirar serenando la mente. Aprende a inspirar liberando su mente, y a expirar liberando su mente.
"Aprende a inspirar centrándose en la inestabilidad, y a expirar centrándose en la
inestabilidad. Aprende a inspirar centrándose en la ecuanimidad, y a expirar centrándose en la ecuanimidad. Aprende a inspirar centrándose en la extinción, y a expirar centrándose en la extinción. Aprende a inspirar centrándose en la renuncia, y a expirar centrándose en la renuncia."
(adaptado del Samyutta Nikaya 54, 13)
ObstáculosLos Cinco Obstáculos (Nivarana) son los principales estorbos en la concentración.
1. Deseo sensual (abhidya)
2. Rencor, odio o ira (pradosha)
3. Pereza e indolencia (styana y middha)
4. Inquietud y preocupación (anuddhatya y kaukritya)
5. Duda (vichikitsa). Se refiere aquí a la duda, escepticismo, indecisión o vacilación, sin el
deseo además de superarlas, más en el sentido de la idea corriente de cinismo o pesimismo, que en el de una mentalidad abierta deseosa de encontrar pruebas que corroboren una evidencia.
© Copyright 2007, C. George Boeree, José Silvestre Montesinos

SANTAS NEURONAS!

[NEUROTEOLOGÍA]

SANTAS NEURONAS!
Por María Julia Carozzi
¿Qué pasa en el cerebro cuando trata de hacer contacto con la mente de Dios? Estudios recientes develan los enigmáticos cambios que se producen en los circuitos neuronales toda vez que los religiosos tratan de acceder a estados espirituales trascendentes. Esta apasionante búsqueda, que relaciona la química cerebral con la experiencia mística, recién empieza: la ciencia ha comenzado a explorar la sutil frontera que acerca lo humano con lo divino.

“Los pájaros, el polvo y el mismo ruido eran parte de mí... Yo estaba en todas las cosas o, más bien, todas las cosas estaban en mí, las inanimadas y las animadas, la montaña, el gusano y toda cosa viviente. Todo el día permanecí en esta dichosa condición.”
Jiddu Krishnamurti


Súbitamente, Mariana sintió que su mente se silenciaba por completo. No había distinción entre ella y quienes la rodeaban. Despojada de límites, se descubrió abarcando el amplio cuarto donde meditaba, la calle, la ciudad y el universo entero. Sintió que todas las cosas estaban en ella y ella, en todas las cosas. Permaneció en ese estado por un lapso que no puede precisar, porque también había perdido la noción del tiempo. Poco a poco, regresó a la cotidiana experiencia de vivir dentro de los límites de su piel. Antes de alcanzar ese estado, Mariana había participado de una maratónica serie de retiros de meditación, interrumpiendo la práctica sólo para dormir unas pocas horas y alimentarse frugalmente. Desde entonces, está convencida de que cada partícula del mundo, ella incluída, contiene la totalidad del cosmos. No es la única. Muchas religiones orientales proporcionan técnicas precisas para alcanzar experiencias de unidad absoluta con el universo. En Occidente, el circuito de la New Age las difundió en seminarios de meditación, de modo que hoy muchos habitantes urbanos de clase media las utilizan para acceder, o intentar acceder, a estados de unidad cósmica.
¿Como explicar estas experiencias? Hasta hace poco, su interpretación parecía atascada en una discusión entre dos bandos irreconciliables. Por un lado, los místicos y sus simpatizantes, quienes afirmaban que se trataba de episodios de iluminación, de experiencias religiosas de contacto directo y sin intermediarios con Dios o con el Cosmos. Por el otro, los agnósticos militantes, quienes aseguraban que estados como el de Mariana eran el producto de la sugestión: de tanto escuchar lo que debían sentir de boca de sus maestros, los meditadores terminaban por creer que, efectivamente, ellos también lo sentían. Hoy, las investigaciones del cerebro comenzaron a poner la discusión en otro plano. Si, como la mayoría de los científicos afirma, la conciencia humana es el resultado de grandes grupos de neuronas que interactúan entre sí, es lógico suponer que las experiencias místicas también lo son. Con esta convicción, algunos neurobiólogos se han lanzado a determinar cuáles son los circuitos cerebrales responsables de las experiencias religiosas.

REZO POR VOS
En el pasado reciente, la posibilidad de establecer las áreas del cerebro involucradas en la percepción y la conducta humana se basaba, sobre todo, en los datos proporcionados por personas enfermas o lesionadas. Si muchos pacientes tenían problemas para realizar una actividad y, al mismo tiempo, presentaban un problema en una misma región del cerebro, podía concluirse que era esa la región responsable de la tarea. En 1997, por ejemplo, un equipo de científicos de la Universidad de California en San Diego, dirigido por Vilayanur Ramachandran, estudió a un grupo de pacientes que sufría un tipo especial y poco frecuente de epilepsia que afectaba sus lóbulos temporales. Ellos relataban que durante los ataques veían a Dios, experimentaban una total unidad con el universo o se sentían súbitamente iluminados. En su vida cotidiana, fuera de los episodios epilépticos, mostraban una preocupación especialmente intensa por cuestiones religiosas.
El estudio de los neurobiólogos de San Diego consistió en comparar la reacción de los pacientes epilépticos al escuchar palabras relacionadas con el sexo, la política y la religión con la de dos grupos de control. Estos grupos estaban conformados, respectivamente, por personas no religiosas y “razonablemente” religiosas. Los científicos midieron la reacción emocional de los tres grupos por el grado de conductividad eléctrica de la piel, un procedimiento aceptado para este fin en los estudios de laboratorio. Así, descubrieron que los pacientes epilépticos que tenían afectado el lóbulo temporal reaccionaban mucho más intensamente que los grupos de control ante palabras como “Dios” o “espíritu”. Sus conclusiones -que dieron varias veces la vuelta al mundo- sugerían que podrían existir circuitos neuronales en el lóbulo temporal que integrarían la maquinaria del cerebro involucrada en las experiencias místicas. Los pacientes epilépticos experimentarían una actividad anormalmente elevada de estos circuitos. Los científicos apodaron a este circuito “el módulo de Dios”. En una entrevista publicada en Los Angeles Times, Ramachandran declaraba : “Lo excitante es que uno puede incluso comenzar a contemplar la realización de experimentos científicos sobre las bases neuronales de la religión y la creencia en Dios”.

Los experimentos no se hicieron esperar. El avance más reciente en la ubicación de los circuitos neuronales implicados en las experiencias místicas está siendo llevado a cabo por dos investigadores de la Universidad de Pennsylavania: Andrew Newberg, especialista en medicina nuclear, y Eugene d’Aquili, psiquiatra y antropólogo. Su estudio actual sobre la relación entre la meditación, las experiencias místicas y los circuitos neuronales se apoya en el desarrollo de modernas técnicas de diagnóstico en medicina nuclear como el SPECT. Estas técnicas, que permiten observar las distintas áreas del cerebro humano en funcionamiento, se aplican actualmente a personas sanas para establecer qué regiones de sus cerebros se activan cuando perciben objetos, realizan distintas tareas o resuelven problemas específicos.
Particularmente dos tareas resultaban clave para la investigación del equipo de Pennsylvania: la concentración de la atención y la ubicación espacial. En la mayoría de las técnicas, los meditadores primero concentran su atención: suelen encerrarse en claustros silenciosos o en lugares apartados, permanecer sentados en posiciones que les permiten estar quietos por largos períodos y cerrar los ojos, absorbiéndose en el fluir de sus pensamientos, en una imagen religiosa, o en un sonido monótono como el famoso OM.

EL DIOS INTERNO
¿Qué área del cerebro es responsable por la concentración de la atención ? Las investigaciones apuntan a la corteza prefrontal. Las lesiones en esta región, tristemente comunes entre jugadores de rugby y fútbol americano, parecen desembocar en dificultades para concentrar la atención. También los niños hiperactivos y los pacientes esquizofrénicos, que experimentan desórdenes de concentración, muestran cortezas prefrontales anormales.
Pero si la concentración de la atención parece central en el comienzo de la meditación, quienes practican lo suficiente afirman acceder después de un tiempo a experiencias de unión con el universo. Pierden la conciencia de sus límites espaciales y se sienten, como Mariana, “en todas partes al mismo tiempo”. En su libro La Mente Holotrópica el psicólogo transpersonal e ideólogo del movimiento New Age, Stanislav Grof, describe un estado de este tipo: “...fue océano, animales, plantas, nubes, en ocasiones una cosa, en otras una distinta y en otras todas la unísono.” De manera que, en la meditación, la concentración inicial parece desembocar, con la práctica, en la pérdida del sentido de la ubicación del sujeto en el espacio. Las investigaciones en neurobiología indican que es el lóbulo parietal posterior superior el responsable de sintetizar los datos proporcionados por los distintos sentidos -las señales captadas por la vista, el tacto, el oído, el movimiento corporal, etc.- creando el sentido de la ubicación espacial. En otras palabras, un circuito ubicado en este lóbulo parece elaborar una especie de mapa mental centrado en una flecha que indica “en este momento, usted se encuentra aquí”.
Basándose en esta información, Newberg y d’Aquili hicieron una lógica deducción: si los meditadores experimentan altos niveles de concentración primero, para perder luego el sentido de sus límites y su ubicación espacial, sus cerebros deben mostrar los cambios correspondientes: un aumento en la actividad de la corteza prefrontal -que sería responsable del aumento en la concentración- y una reducción en la actividad del lóbulo parietal posterior superior- comprometido en la pérdida del sentido de los límites y la propia ubicación espacial. El estudio que se hallan actualmente realizando, consiste en tomar imágenes SPECT del cerebro de expertos en meditación budista tibetana cuando descansan, para luego compararlas con las obtenidas cuando alcanzan el pico de sus estados místicos. Hasta ahora aplicaron el procedimiento sobre siete meditadores y parecen haber encontrado exactamente lo que esperaban: en todos los casos, las imágenes revelaron que las áreas frontales, incluída la corteza prefrontal, aumentaban su actividad, en tanto el lóbulo parietal posterior superior, la reducía. Los resultados parecen indicar que, efectivamente, los estados de concentración y unión con el universo que los meditadores relatan tienen su origen en la activación -o la reducción de la activación- de circuitos neuronales específicos.

EPILEPSIA Y EXTASIS
Sin embargo, y como habrá advertido el lector concentrado, los resultados del equipo de Pennsylvania no coinciden con los del de San Diego. Las investigaciones del último, dirigido por Ramachandran, hacían esperar que el lóbulo temporal se activara durante las experiencias místicas, y esto no es precisamente lo que encontraron Newberg y d’Aquili. La resolución de estas contradicciones obliga a profundizar las investigaciones. La explicación más obvia es que las experiencias religiosas de los epilépticos no tienen el mismo origen que las de los budistas tibetanos. Algunos investigadores, en efecto, sostienen que, incluso entre personas sanas, lo que se suele englobar como “experiencias religiosas” son un montón de estados diferentes que sólo guardan entre sí un cierto aire de familia: todos son extraordinarios y se distinguen de la realidad cotidiana. Sin embargo, hay otras interpretaciones posibles para la discrepancia entre los resultados de ambos equipos. Estas explicaciones permitirían sostener que las diversas experiencias religiosas no son sino variantes en distintos tonos de una misma melodía neuronal básica.
Los circuitos activados en el cerebro de Mariana cuando se sintió unida al cosmos, ¿serán los mismos que se activaban en Santa Teresa cuando sentía que Dios elevaba su alma? Y estas experiencias ¿serán neurológicamente distintas de las del bailarín profesional que, en el escenario, siente por un momento que no es él sino una fuerza que lo supera la que lo mueve? Sólo más investigaciones podrán responder estos interrogantes. Algunos estudiosos parecen estar ya encaminándose en este sentido: en 1998, la Universidad de Vermont, cuarenta académicos de todo el mundo iniciaron una serie de encuentros donde comenzaron a discutir los puntos de contacto entre la neurociencia y el estudio transcultural de las religiones.
El cerebro parece proporcionar nuevas claves para explicar experiencias como la de Mariana. En un reciente reportaje de Science and Spirit Resources, Newberg afirmaba: “Incluso el hecho de cómo pensamos y sentimos en relación con la religión está íntimamente ligado al funcionamiento del cerebro. Por lo tanto, cuanto más entendamos el cerebro, más entenderemos cómo y por qué los seres humanos tenemos religión”.

Primera publicación: Revista Descubrir, Año 8 N° 86, Buenos Aires, Argentina, Setiembre de 1998. Fuente original en la web: http://www.dios.com.ar. © María Julia Carozzi (1998).

FOTO: RAÚL MOLEÓN

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TRANCE Y POSESIÓN: LA COMPLEJIDAD DE UNA EXPERIENCIA

[ANTROPOLOGÍA X]

TRANCE Y POSESIÓN: LA COMPLEJIDAD DE UNA EXPERIENCIA
Por Alejandro Frigerio
Los estudios neurofisiológicos de la actividad cerebral durante la experiencia mística (como los que llevan a cabo en la Universidad de Pennsylavania Andrew Newberg y Eugene d’Aquili, ver nota Santas Neuronas!) pueden arrojar resultados prometedores. Pero el hombre -tanto mientras las vive como cuando emerge de estas experiencias- suele ser complejo. Y hay muchas cosas que un escáner no puede detectar. Los antropólogos usan la conveniente etiqueta de estado alterado de conciencia para englobar el estudio de experiencias religiosas particularmente intensas.

En tales casos, el individuo cree entrar en contacto con una realidad diferente de la cotidiana, e interactuar con fuerzas o seres espirituales. Entre los estados alterados más comunes están la meditación (conocida a través del yoga, el budismo zen o sus símiles new age); el trance shamánico (propio de los nativos americanos) y el trance de posesión, típico de culturas africanas y sus derivados afro-americanos. La distinción entre estos ultimos estados radica en que en el primero, el espíritu del shamán (usualmente por medio del uso de técnicas de hiperventilación o la ingesta de alucinógenos) viaja hacia el mundo espiritual, mientras que en el segundo un ser espiritual se introduce en el cuerpo de los miembros del culto.
Esta clasificación permite establecer un primer orden dentro de la amplia gama de prácticas, creencias y experiencias religiosas, pero ignora las sutiles variaciones que los practicantes de todas estas religiones distinguen dentro de las mismas. En Buenos Aires, donde las religiones afrobrasileñas se han difundido rápidamente, se pueden apreciar las gradaciones que los practicantes distinguen dentro de comportamientos que para un observador externo resultan idénticos, así como la habitualmente conflictiva evaluación que realizan de éstos.
Los umbandistas porteños reconocen tres niveles: Irradiación, encostamiento e incorporación. Para ellos, Irradiación significa que la energía de la entidad está llegando al médium, pero que aún no dirige su cuerpo. El médium puede experimentar sensaciones extrañas en ciertas áreas corporales o puede tener intuiciones especiales, pero está plenamente conciente y tiene control de su cuerpo. Usan la palabra encostamiento para denotar que el espíritu está al lado del médium, tocándolo, y con un control parcial sobre su cuerpo. Esta proximidad puede afectar la conciencia del médium, borrando parte de sus recuerdos. Ambos vocablos denotan una forma de posesión parcial. Por otro lado, los umbandistas locales usan la palabra incorporación para referirse a una posesión completa, en la que -siempre según sus creencias- la entidad ha penetrado el cuerpo del médium y controla todos sus movimientos .
Los practicantes distinguen, además, tres grados diferentes de conciencia durante el trance. El médium puede estar conciente de lo que sucede durante el trance; puede estar semi-conciente o puede estar inconciente. En el primer caso, recuerda todo lo que sucedió mientras estaba en trance, en el segundo recuerda sólo ciertas cosas, y en el tercero no recuerda nada.
Además de distinguir entre niveles de trance y de conciencia durante el mismo, no todos los umbandistas evalúan un determinado trance de la misma manera. Dado que para ellos quien incorpora un ser espiritual puede ayudar a quienes lo consultan a resolver problemas personales de toda índole, resulta imperativo que el grupo religioso valide el trance de posesión de cada médium.
Se produce así una construcción social del trance, ya que además de lo que el individuo sienta o experimente -y de los mecanismos biológicos que intervienen en esta experiencia- es el grupo religioso el que debe validar que la suya es una posesión total y no parcial y que en ella interviene el espíritu correcto -y no otro de menor jerarquía espiritual-. Estudios realizados en varios países de América y de Africa muestran que estas distinciones y desvelos son comunes a quienes practican religiones mediúmnicas.
Primera publicación: En revista “Descubrir”, Año 8 N° 86, Buenos Aires, Argentina, Setiembre de 1998. Fuente original en la web: www.dios.com.ar. © Alejandro Frigerio (1998).

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RELIGIÓN Y CEREBRO: UNA CUESTIÓN DE FE

[NEUROTEOLOGÍA II]

RELIGIÓN Y CEREBRO: UNA CUESTIÓN DE FE
Por Sharon Begley
El doctor en neurología James Austin cree que para sentir que el tiempo, miedo y la autoconciencia se han disuelto, y tener realmente una experiencia mística y espiritual, ciertos circuitos cerebrales deben ser interrumpidos. ¿Cuáles? La actividad en la amígdala, que monitorea al ambiente y registra el miedo, debe ser reprimida. Los circuitos del lóbulo parietal, que nos orientan en el espacio y marcan la clara distinción entre lo propio y el mundo, deben ser silenciosos. Los circuitos frontales y temporales, que marcan el tiempo y generan autoconciencia, deben apagarse. Según Austin, cuando esto ocurre “lo que consideramos como nuestras funciones superiores de autoconciencia parecen disolverse o desligarse de la conciencia”. Sus teorías fueron publicadas en el libro “El Zen y el Cerebro” (MIT Press, 1998).
Desde entonces, cada vez más científicos se han dedicado a la “neuroteología”, el estudio de la neurobiología de la religión y la espiritualidad. En el 2000, la Asociación Norteamericana de Psicología

publicó Variedades de la Experiencia Anómala, que cubría enigmas desde experiencias al borde de la muerte hasta experiencias místicas. En mayo del mismo año se publicó “La Religión en la Mente”, que abarca el tema de cómo las experiencias religiosas actúan sobre los lóbulos frontales para inspirar optimismo y hasta creatividad. Y en el libro “Porque Dios no se va”, publicado por el doctor Andrew Newberg de la Universidad de Pennsylvania y su colaborador Eugene d’Aquili, utilizan imágenes cerebrales que obtuvieron de monjes budistas tibetanos perdidos en la meditación y de monjas franciscanas durante el rezo profundo para lograr identificar cuál es el circuito espiritual cerebral y para explicar como los rituales religiosos tienen el poder de movilizar a los creyentes y no creyentes por igual.
FUERA DEL TIEMPO Y DEL ESPACIO
Lo que todas las nuevas investigaciones comparten es una pasión por descubrir las bases neurológicas de las experiencias místicas y espirituales. En la neuroteología, neurólogos y psicólogos intentan descubrir qué regiones se activan y desactivan durante la experiencia que parece existir fuera del espacio y tiempo. ¿En qué se diferencian de las rudimentarias investigaciones realizadas en la década del ‘50 y ’60, que determinaron que las ondas cerebrales cambiaban durante la meditación? Esas investigaciones no decían nada acerca de por qué cambiaban las ondas cerebrales o qué regiones específicas del cerebro eran las responsables de ese cambio. Por otro lado, las investigaciones recientes tratan de identificar los circuitos cerebrales que tienen mayor actividad durante la experiencia.
Estudiando el flujo de sangre que se correlaciona con la actividad neuronal mediante un SPECT (tomografía computada de emisión de un único fotón), Newberg estudió al doctor Michael Baime durante sus experiencias místicas. Como se esperaba, la corteza prefrontal se iluminó. Pero les sorprendió el cese de actividad. Un grupo de neuronas en el lóbulo parietal superior se apagó. Esta región, que tiene el nombre de “área de asociación y orientación”, procesa la información acerca del tiempo y espacio. Determina donde el cuerpo termina y el resto del mundo comienza. Específicamente, el área de orientación izquierda crea la sensación del espacio físico donde existe el cuerpo.
El área de orientación requiere información sensorial para realizar sus cálculos. “Si se bloquea la información sensorial a esta región, como se hace durante la intensa concentración al meditar, uno evita que el cerebro produzca la distinción entre el yo y el resto”, dice Newberg. Sin la información de los sentidos, el área de la orientación izquierda no encuentra la frontera entre el yo y el resto del mundo. Como resultado, el cerebro parece no tener opción y “percibe al yo como interminable e íntimamente interconectado con todo”, escriben Newberg y D’Aquili en su libro. El área de orientación derecha, también privada de información sensorial parece permanecer en una sensación de espacio infinito. Los meditadores sienten que han tocado al infinito.
No es sorprendente que la experiencia religiosa se refleje en la actividad cerebral. Todo lo que experimentamos deja su marca en el cerebro. Lo difícil es que “no hay manera de determinar si los cambios neurológicos asociados con la experiencia espiritual significan que el cerebro está causando esas experiencias.... o si en vez esta percibiendo una realidad espiritual”.

VISIONES Y ESTADOS MÍSTICOS
Cuando la imagen de una cruz, por ejemplo, dispara una sensación de admiración religiosa, se debe a que el área cerebral de asociación visual, que interpreta lo que ven los ojos y conecta las imágenes con las emociones y memorias, ha aprendido a vincular esas imágenes con esos sentimientos. Las visiones que surgen durante el rezo o ritual también son generadas en el área de asociación: la estimulación eléctrica del lóbulo temporal produce visiones.
La epilepsia del lóbulo temporal lleva esto a un extremo. Aunque algunos estudios han negado una conexión entre la epilepsia del lóbulo temporal con la religiosidad, otros creen que la condición parece llevar a voces y visiones religiosas.
Aunque la epilepsia del lóbulo temporal es rara, los investigadores sospechan que los estallidos de actividad eléctrica localizados llamados pueden llevar a experiencias místicas. Para probar esta idea, Michael Persinger sostiene un casco lleno de electroimanes sobre la cabeza de un voluntario. El casco crea un campo magnético débil, no mayor al producido por un monitor de computadora. Persinger descubre que el campo dispara estallidos de actividad eléctrica en los lóbulos temporales produciendo sensaciones que los voluntarios describen como supernaturales o espirituales: una sensación de lo divino. Él sospecha que las experiencias religiosas son producidas por "mini tormentas eléctricas en los lóbulos temporales", y que tales tormentas pueden ser producidas por la ansiedad, crisis personales, falta de oxígeno, baja glucosa en sangre o simple fatiga. Pero, ¿porqué los lóbulos temporales? Persinger especula que el lóbulo temporal izquierdo mantiene nuestro sentido de lo propio. Cuando la región es estimulada pero la derecha no, la izquierda lo interpreta como la sensación de presencia, como al yo dejando el cuerpo, o como Dios.
“Existe una correlación entre la gente cuyos pensamientos inconscientes tienden a pasar a la consciencia y las experiencias espirituales”, dice Michael Thalbourne de la Universidad de Adelaide. Desafortunadamente, los científicos no saben qué permite a los pensamientos inconscientes aparecer en la consciencia de algunas personas y no en otras. El único predictor de tales experiencias, sin embargo, es algo llamado “disociación”. En este estado, diferentes regiones cerebrales se disocian de otras. “Esta teoría, que explica a la hipnosis tan bien, podría también explicar a los estados místicos,”dice Michael Shermer, director de la Skeptics Society. “Algo parece estar sucediendo en el cerebro, donde un módulo se disocia del resto de la corteza.”

LAS BASES NEURONALES DEL CREER
Esa disociación puede reflejar la actividad eléctrico inusual en algunas regiones cerebrales. En 1997, el neurólogo Vilayanur Ramachandran le dijo a los participantes de la reunión anual de la Sociedad de Neurociencias que "existe una base neuronal para la experiencia religiosa”. Sus resultados preliminares sugirieron que la profundidad del sentimiento religioso, o religiosidad, podría depender de la remarcada actividad eléctrica natural en los lóbulos temporales. Lo interesante es que esta región cerebral parece importante para la percepción del lenguaje. Una experiencia común a muchos estados espirituales es escuchar la voz de Dios: parece surgir cuando malinterpretamos el lenguaje interno con algo externo. Durante tales experiencias, el área de Broca del cerebro (responsable del habla) se enciende. La mayoría podemos reconocer que es nuestra propia voz, pero cuando la información sensorial está restringida, como ocurre durante la meditación, la gente es “más propensa a atribuir los pensamientos generados internamente a una fuente externa”, dice el psicólogo Richard Bentall de la Universidad de Manchester, Inglaterra.
Hasta la gente que se auto describe como no espiritual puede ser movida por ceremonias religiosas. De ahí el poder del ritual. La clave es la combinación entre la atención localizada, que excluye otros estímulos sensoriales, junto con la sensación emocional magnificada. Juntas, parecen aumentar la actividad del sistema de excitación del cerebro. Cuando esto sucede, explica Newberg, una de las estructuras cerebrales responsable de mantener el equilibrio, el hipocampo, pisa el freno. Esto inhibe el flujo de señales entre neuronas.

SUAVIZANDO LAS FRONTERAS DEL YO
El resultado es que ciertas regiones del cerebro son privadas de la información neuronal. Una de esas regiones parece ser el área de la orientación, la misma región que es silente durante la meditación. Como en esos estados, sin la información sensorial el área de orientación no puede cumplir su función de mantener un sentido de donde termina lo propio y empieza el mundo exterior. Por eso los rituales pueden desencadenar lo que Newberg llama “suavización de las fronteras del yo”.
Es posible que los científicos nunca resuelvan la pregunta más importante de todas: si nuestros circuitos cerebrales crearon a Dios o si Dios creó nuestros circuitos cerebrales. Cualquiera sea lo que uno crea esto será, finalmente, una cuestión de fe.

Primera publicación: Revista Newsweek, 11 de junio de 2001

Bases neurológicas de la espiritualidad

Bases neurológicas de la espiritualidad25 febrero, 2011
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Investigaciones realizadas en voluntarios de diferentes confesiones religiosas en sus momentos de meditación, han apreciado cambios en el cerebro relacionados con estos estados de conciencia que posibilitan la disolución de la individualidad y la identificación con la totalidad. Según los artífices de esta investigación, el cerebro tiene la capacidad de conectar con una realidad oculta más allá del universo físico que es la base de las tradiciones religiosas.

Las creencias religiosas han surgido en la especie porque el cerebro humano está biológicamente preparado para mantener algún tipo de relación con lo que pueda haber más allá del universo físico, según los investigadores de la Universidad de Pennsylvania, Andrew Newberg y Eugene D’Aquilli.

Ellos han observado durante años, a través de imágenes de tomografía por emisión de positrones (TEP), el cerebro de voluntarios en estado de meditación.
Los resultados de su investigación, publicados en Estados Unidos en un libro rápidamente convertido en best-seller, aparecen ahora en España de mano de la editorial Martínez Roca (Grupo Planeta).

Andrew Newberg y Eugene D’Aquilli descubrieron que el estado de meditación o de relajación mental desactiva zonas del cerebro que regulan la personalidad, permitiendo que los voluntarios pierdan durante un tiempo la capacidad de distinguirse de los demás y se sientan identificados con una totalidad trascendente.

Este descubrimiento coincide con los relatos de las experiencias místicas o de trance y para los investigadores constituye la evidencia de que el cerebro tiene la capacidad de conectar con una realidad oculta más allá del universo físico.

NEUROTEOLOGÍA, NUEVA DISCIPLINA

Ello ha dado origen a una nueva disciplina, la neuroteología, según la cual Dios ha dejado huellas de su presencia en el cerebro para que los seres humanos puedan llegar a conocerle y sientan el impulso de llegar hasta él. Para verificar esta teoría, la investigación se centró en voluntarios especializados en la búsqueda espiritual procedentes de diferentes confesiones religiosas, como monjes tibetanos y frailes franciscanos. Estos voluntarios accedieron a realizar sus prácticas de oración y meditación bajo observación neurológica, que se realizaba mediante una especie de radiografía cerebral llamada Spect, un escáner que mide el flujo sanguíneo relacionado con la actividad cerebral. El Spect se basa en las posibilidades de las nuevas Cámaras Gamma para adquirir imágenes en tridimensión y reconstruir todos los planos necesarios (axiales, coronales, sagitales y 3D) de un órgano, lo que constituye una poderosa herramienta para el diagnóstico de enfermedades. Estas Cámaras Gamma son llamadas SPECT, que quiere decir "Tomografía Computada Por Emisión de Fotón único".

MODIFICACIÓN DEL ENCÉFALO

Lo primero que arrojó esta investigación con cámaras Gamma es que la actividad del encéfalo se modifica con las actividades espirituales. La actividad se intensifica en la parte frontal del cerebro cuando se desarrolla la concentración propia de la meditación o de la oración. Al mismo tiempo, el Spect reveló un descenso de la actividad en la región de los lóbulos parietales, que es la que desempeña la función fundamental para ubicarnos en el espacio y la que permite al yo distinguirse de los demás.

Este descenso de la actividad en los lóbulos parietales origina percepciones espaciales anormales y la pérdida del sentido habitual de uno mismo que se tiene en estado de vigilia. Es en ese momento cuando se posibilita la así llamada experiencia mística, que es la que permite a un sujeto trascender su identidad individual e identificarse con la totalidad que se supone sustenta al universo físico conocido.

REPERCUSIÓN SOCIAL

La investigación de Newberg y d’Aquili ha sido objeto de todo tipo de comentarios, ya que si para sus artífices debe ser considerada como un argumento a favor de la existencia de Dios, para otros, más críticos, este circuito cerebral de la espiritualidad confirma que la experiencia espiritual o religiosa de la especie es sólo un producto más de la actividad cerebral, sin ningún soporte real fuera de nuestra percepción.

Para los defensores de este punto de vista, la creencia religiosa ha sido prevista por la evolución con una doble función: por un lado, para ayudar a los seres humanos a superar las dificultades de la vida, y por otro lado, para contribuir a la supervivencia, lo que explica por sí mismo su implantación en la neurogénesis.

De todas formas, al margen de las lecturas que puedan hacerse de la investigación, lo cierto es que dentro del ámbito científico crece el interés por el estudio del cerebro y de su implicación en los procesos relacionados con la experiencia religiosa.

Roy Mathew, de la Universidad de Duke, lleva años investigando la relación que pueda existir entre las experiencias religiosas y los estímulos cerebrales provocados por drogas alucinógenas.

The Washington Post también ha dedicado algún trabajo a explicar la búsqueda de la sinapsis de la espiritualidad, desvelando la amplitud de las investigaciones que se realizan en este campo.

RELIGIÓN Y SALUD

Entre ellas se refiere a la de Michael Persinger, de la Universidad Laurentian de Sudbury, en Ontario, quien consigue provocar experiencias místicas en voluntarios a través de irrigar sus cráneos con débiles señales electromagnéticas. Wired le ha dedicado también un interesante artículo.
Benjamín Elías Hidalgo ha elaborado por su parte un interesante dossier sobre la utilidad de la neuropsicología para la experiencia religiosa, que constituye una referencia sobre las investigaciones que se realizan en este campo y las reflexiones que suscitan.

Estos son algunos ejemplos de las investigaciones que se realizan en el marco de la así llamada neuroteología. Otro ejemplo se refiere a las investigaciones médicas sobre la relación entre la meditación o la oración y el estado de salud, de las que ya nos hicimos eco oportunamente en Tendencias.
Más de 1.200 estudios (de los cuales el noventa por cien en Estados Unidos) se han publicado en los últimos diez años que relacionan la espiritualidad con la salud.
Como conclusión de la mayoría de ellos puede establecerse que tener la convicción de estar protegido por una fuerza superior o de estar unido en una creencia con otras personas, es un elemento que potencia la eficacia del sistema inmunitario humano frente a las más diversas enfermedades, desde el cáncer a las cardiacas.

Sin embargo, el ingrediente activo, el factor determinante de esta constatación, no se ha encontrado, por lo que la investigación sobre los cambios cerebrales ocurridos en procesos de oración puede ayudar a profundizar en estas investigaciones

La Conciencia en la meditacion e hipnosis.

La Conciencia en la meditacion e hipnosis.

Dr. Jose Luis Hernani



Considerando que la conciencia es de dificil conceptualizacion, a manera de preambulo debemos interrogarnos acerca de: Que es la conciencia y donde se localiza?, Que es consciente en nosotros?, Como la consciencia se dirige a nosotros?, Como la conciencia se autopercibe?, Hay estados o niveles de conciencia?. Indudablemente es complicado localizar un fenomeno del que no se tienen medios para identificar, ni su presencia, ni su ausencia, ni cualquier parametro conocido de espacio, tiempo, transformacion de la energia, a traves del cual se puede caracterizar apenas su ocurrencia, sin mencionar su contenido. La propia idea de la localizacion de la conciencia es absurda.

Estudios modernos del cerebro han determinado las areas del cerebro relacionadas con estar despierto. Podemos observar esas areas iluminadas con glucosa marcada con radioisotopos de consumo a traves del PET (Tomografia de Emision de Positrones) y a traves de este examen computarizado podemos comprobar sus respectivas actividades metabolicas y patrones electricos, determinados con otros tests.

La conciencia humana se define como darse cuenta que uno se da cuenta de algo. Este nivel de conciencia se denomina experiencia consciente. La experiencia consciente tiene funciones como lo individual, lo colectivo y como espacio trascendental.

Sus limites pueden ser comprendidos solamente desde la perspectiva de una tercera persona y se hace visible por la coexistencia de dos modulos que recrean conceptos universales sobre impresiones preceptuales y no preceptuales.

La conciencia es la facultad que poseen algunos seres vivos para darse cuenta de algo, tal capacidad no es unidimensional sino multidimensional. La ultima y mas interesante de sus dimensiones es la que se encuentra presente en los seres humanos y esta a su vez es la que les permite darse cuenta que se dan cuenta de algo, y se denomina experiencia consciente o autoreflexiva, y es responsable de la construccion de nuestro universo simbolico, intencional y etico. Por la autorreflexion o por su analogo, experiencia consciente, es que aquellas tres dimensiones caracteristicas de lo humano, intencion, afecto e imaginacion se distancian aunque no se separan de lo estrictamente biologico y natural en los seres humanos, para desarrollar el mundo fenomenologico.

La Conciencia en Oriente:

- En el Yoga y en el Samkhya. No hay definicion de conciencia en el Samkhya-Yoga. Es en los Yoga-Sutras de Patanjali (Henriques,1990) y en el Samkhya (Martins,1982) donde puede ser hallada una psicologia profunda. Purusha seria el Yo Inmutable sin pensamientos, el nucleo del ser humano, increado, eterno. El ego o Ankara, seria un falso yo creado por la cultura, por los sentidos. La condicion natural del hombre es la confusion psicomental donde se encuentra el Purusha, permanentemente confundido con el ego. Hay incluso la Manes o Chitta, parte de la psique encargada de las recepciones de informaciones sensoriales y de su procesamiento. Buddhi seria el area de la mente dominada en parte por el inconciente individual. En el Yoga podemos encontrar claras referencias al inconciente, con las nociones de Samskaras y Varsanas. Segun el Yoga, hay una sofisticada clasificacion de los estados de conciencia segun un espectro que va de la vigilia al Samadhi. Purusha y Prakriti son diferentes.

- En el Yoga Tantrico, se encuentra una descripcion de centros de "conciencia" o "chakras" localizados en el cuerpo sutil (sukshma sharira)

- En el Vedanta: Tampoco hay una definicion de la conciencia. Los Upanishads identifican el Purusha o Atman con Brahman, conciencia universal. La Mandukya Upanishad habla claramente de cuatro estados de conciencia: vigilia (Vaishvanara), sueno (Taijasa), sueno sin sueno (Prajna), y un cuarto estado superior, llamado Turya (Nikhilanahda,1990). Atman y cuerpo son diferentes.

- En el Budismo: No acepta la existencia de un Yo permanente e inmutable. Segun la doctrina de los skandas o dos agregados, un individuo es formado por (1) materia (corporalidades),(2) sensaciones, (3) percepciones, (4) formaciones mentales, y (5) conciencia. La conciencia que puede ser visual, gustativa, olfativa, tactil y mental, es un proceso en flujo constante, no hay nucleo o Yo (Da Silva & Homenko, 1993).

- En el Budismo Tibetano: La conciencia recibe importancia primordial, existiendo amplios estudios sobre ella. Hay independencia entre mente y cuerpo, pudiendo esta sobrevivir a la muerte. La conciencia despues de la muerte, puede ser guiada por un lama con el Bardo Todol a la cabeza del muerto.



MEDITACION._

En la antiguedad se empleaban ritos magicos y encantamientos para inducir la meditacion a traves de canticos, ejercicios respiratorios y danzas. Los Hebreos usaban la fijacion visual en las cuatro letras del Tetragramaton y desarrollaron otros nombres para Dios. La Meditacion metodica, los ejercicios respiratorios y los estados de extasis son similares a las practicas de Yoga, Budismo Zen, Hinduismo, Shintoismo, Sufismo y la meditacion cristiana, incluyendo las oraciones repetitivas desarrolladas por la Iglesia Bizantina y el rezo del Rosario.

Resulta obvio inferir que la cadencia y entonacion de las oraciones, en un ambiente de relajamiento, postura, fijacion de los ojos en el altar o un simbolo religioso y los canticos ritmicos son hipnagogicos. Finalmente, la auto-contemplacion, y la auto-absorcion caracteristicos de las oraciones y la meditacion son practicamente identicas con la autohipnosis moderna practicada en nuestros dias.

La meditacion como una poderosa modalidad de modificacion de la conducta ha resistido el paso del tiempo. Existen diferentes escuelas meditativas, sin embargo; a

pesar que los rituales de cada una difiere de la otra, ellas son fundamentalmente similares y estan basadas en principios de acondicionamiento. Se han encontrado un EEG comun y las bases neurofisiologicas para los estados misticos de conciencia.

El hecho que la Hipnosis y las metodologias orientales como la meditacion se acepten cada vez mas, indican que son modalidades que deben incorporarse. Actualmente se emplea la hipnosis y la meditacion exitosamente en la reduccion de estados severos de ansiedad.




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